Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (pág. 18). PDF del número completo
Oficialmente, la justicia militar ha dejado de regir en España para los casos de oposición política. Al cabo de 27 años de estricta ley de guerra, Franco ha creado el llamado Tribunal de Orden público, con jurisdicción nacional, para entender los casos de oposición al régimen y propaganda clandestina. Aunque compuesto por civiles, no es un tribunal ordinario, sino especial, o sea, cuyos magistrados han sido escogidos por el gobierno, quizás por el dictador en persona, de manera que la justicia siga siendo de hecho administrativa, es decir, de antemano decidida por los órganos de represión mismos. La designación de abogados civiles, única mejoría, la nulifica el hecho de que el presidente del tribunal pueda hacer callar a la defensa cuando sus argumentos no le convienen, como se ha visto particularmente en el caso de los mineros asturianos que habían sido vesánicamente torturados por la policía.
Aun estaba en proyecto el mentado tribunal, cuando previmos en las páginas de este boletín que se trataría más de una concesión de forma a los organismos europeos, fáciles de contentar en materia de legalidad y libertad, que de una modificación de la represión judicial. Para ésto, repitámoslo, el primer paso a dar es la supresión de las moficaciones introducidas por Franco al Código de justicia, que permiten a cualquier tribunal aplicar penas propias del Código militar. El Tribunal de Orden público desempeña las funciones antes confiadas al siniestro Eymar y sus consejos de guerra. Las penas que inflije no son menos duras, ni inferior su actividad represiva. Sólo en los meses de octubre y noviembre juzgó y mandó a la cárcel 200 personas, lo que hace al año 1.200 juzgados y casi todos condenados por dicho triubanl. El número de las víctimas de otros tribunales, de mandados a la cárcel por la policía, los gobernadores civiles, el ministro de la gobernación, no es accesible para nosotros, pero debe doblar o triplicar aquel otro. Bajo Franco, el orden no puede ser otro que el de represión. El y sus allegados lo saben perfectamente.