Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (págs. 1-2). PDF del número completo
El plan gubernamental de desarrollo industrial y agrícola puesto en vigor este año, se extiende hasta 1967 y su pretensión es crear las bases de un crecimiento posterior del capitalismo español en escala comparable al de Europa occidental y apto para encuadrarse en éste. Se propone echar los cimientos de otros planes de mayor envergadura, a plazo largo. Resumimos a continuación sus objetivos, según estudio económico consagrado a España, en julio, por los consejeros de gobierno y burguesía nacionales, los expertos en explotación del trabajo obrero y en acumulación ampliada del capital de la Organización de Cooperación y de Desarrollo económicos, cuya sigla es OCDE.
La mira principal del plan es hacer subir el producto nacional bruto, de 82[ilegible] mil millones de pesetas en 1963, a cerca de 1 billón y 46.000 millones (exactamente: 1.045.800.000.000), y los recursos disponibles por el capital, de 958.300 millones a 1 billón 230.000 cien millones de pesetas en 1967 (1.230.100.000.000).
Lo anterior exige aumentar anualmente la capitalización en 9 %. Por lo claro, retirar del producto nacional bruto —o sea de la producción total de los trabajadores— del 22 al 24,4 % cada año, entre el principio y el término del plan. En cambio, el consumo privado, que era en 1963 de 600.000 millones de pesetas, no subirá en 1967 sino a 743.000 millones. Ese cálculo se refiere al consumo general, el de los multimillonarios a barrisco con el los obreros a jornal mínimo y el de los ciegos de los cupones, estando destinado, por añadidura, a una población que entretanto habrá aumentado por lo menos en millón y medio de personas.
Si bién el plan da ventaja a las industrias estatales mal llamadas sector público, las del I.N.I. que el Opus Dei regenta, las empresas privadas que mejor se acomoden a las recomendaciones de aquel se verán conceder disminución, exención o devolución de impuestos, créditos baratos y subvenciones directas. En suma, grandes negocios en perspectiva, tanto para la parte estatal del capitalismo español como para la parte privada.
Es de notar que para cubrir todas las necesidades de capitalización e inversiones, el gobierno cuenta no sólo con el aporte de nuevos capitales extranjeros, sino también con la entrada de divisas del turismo y de los envíos mensuales de los trabajadores españoles emigrados, que a veces superan, en dólares, a la ayuda americana. Así contribuyen esos obreros doblemente a la formación de capital acrecentado, de la fuerza explotadora de su clase, en los países donde se encuentran y en España mismo. La condición del asalariado es tal, que haga lo que haga dentro del sistema económico actual no puede dejar de crear una riqueza que recogida en forma de plusvalía por los capitalistas particulares o por el Estado, sirve para atarlo aun más corto a la explotación.
En realidad, el plan español, como el cualquier otro país sin excepción, está todo él basado en este principio inseparable de la acumulación ampliada del capital: agrandar año tras año la diferencia entre lo que el obrero consume (lo que cobra por cualquier concepto que fuere) y el valor de la producción de ese mismo obrero. Lo demás, cifras de inversiones nacionales y extranjeras, orientación de las mismas a tal o cual sector, racionalización de finanzas, comercio, estadísticas, o de la organización del trabajo, nada son, ninguna riqueza nueva pueden crear, pues toda ella proviene de aquella diferencia. Se limitan a aprovecharla mejor, como se aprovecha mejor la corriente de un rio canalizándolo. De ahí que, para aumentar el caudal de riqueza arrancado a las masas trabajadoras en general, se haya suprimido de hecho el salario fijo, introduciendo primas, destajos, controles y toda clase de artimañas que no dejan al obrero otra opción que aumentar su rendimiento, afanarse tras las primas, alargar horas de labor, privarse de asueto cotidiano. Por eso es condición imperativa de realización del plan contener el consumo de los trabajadores dentro de un límite estrecho, rebasado el cual fracasaría aquel. Siempre englobando a ricos y miserables el tope de aumento del consumo anual está fijado en 5 ½ %, inferior la mayoría de los años a la carestía de la vida. En agosto, cifras semi-oficiales admitían ya un encarecimiento general de 13 %.
En resumidas cuentas, se trata de forzar por todos los medios los trabajadores a entregar cada año mayor monto de riqueza al capital, sin que aumente apenas su propio consumo. Estamos por consecuencia ante un plan de esquilmación sistemática de las masas, de cuantos realizan trabajos socialmente útiles. Reaccionaria por su forma, igual que todo desarrollo capitalista actual, la operación lo es aun más por el momento en que se produce, cuando la perspectiva de la caída del franquismo permite entrever la reanudación de la revolución, y con ella una economía sin explotación basada en las necesidadds de las masas.
Derecha u oblicuamente, todas las huelgas, desde las de los mineros y metalúrgicos del norte hasta las de los jornaleros agrícolas de Andalucía y Murcia, representan una resistencia intuitiva a las coacciones económicas y disciplinarias que el plan comporta. Pero hay que enderezar la lucha abiertamente contra los destajos, primas, horas extra, por su incorporación al salario fijo, y sobre tal base reivindicar aumentos de paga y disminución de horas de trabajo por bajo de cuarenta semanales.
¡Menos trabajo, más paga! ¡Todo aumento de la producción (su valor), a los trabajadores que colectivamente lo realizan! Las máquinas representan trabajo y conocimientos sociales anteriores acumulados, que el capital se apropia. En la medida en que sean origen de mayor rendimiento, éste corresponde también a la clase trabajadora, única que sólo podrá hacer uso de él en favor del consumo general, no de la acumulación de capital.
En último análisis, el problema está planteado así: o desarrollo capitalista y esclavización generalizada, o lucha contra él, en todos los niveles económicos y políticos, en pro de la organización comunista de la sociedad, suprimiendo capital y salariato. Y quede dicho para quienes lo ignoran, esto último es tan opuesto al proyecto franquista como a cualquiera de los que funcionan en los países de Europa oriental.