Alarma, nueva serie, n.º 7, mayo 1965 (págs. 16-17). PDF del número completo
¿Quién ha asesinado al general Delgado? ¿Franco, Salazar, o ambos en colaboración? Cualquiera de las tres posibilidades es perfectamente creible, dados los innumerables antecedentes criminales de ambos dictadores, los servicios policíacos que recíprocamente se han prestado desde 1936, y la amenaza que pesa sobre sus respectivos regímenes. Una serie de denegaciones y mentiras, oficiosas u oficiales, salidas de Madrid y Lisboa desde el momento en que los amigos de Delgado anunciaron a la prensa la desaparición de éste en Badajoz, establecen claro que ha habido complicidad de los dos capitales, por lo menos en ocultar lo que sabían y oponer dificultades a los intentos de investigación de comisiones extranjeras. Miembros de éstas tenían la convicción de que el gobierno español poseía la documentación personal con que viajaba el desaparecido, bien antes del descubrimiento de su cadáver. Sabía pues donde estaba el general portugués o su despojo mortal.
Las últimas encuestas hechas por los abogados de la Liga de Derechos del Hombre inducen a pensar que Delgado cayó en un cepo tendido por Salazar so pretexto de conspiración "popular" con otros generales portugueses que siguen en activo. En tal caso, es probable que el dictador de Lisboa hay puesto al de Madrid ante el hecho consumado, viéndose ahora Franco en la necesidad de encubrir el crimen por cristianísima solidaridad. Otras pistas e indicios llevan directamente a la policía española. En todo caso, ésta no ha permitido siquiera que la mujer del asesinado identificase el cadáver, ni ha dicho tampoco de qué manera recibió la muerte. Se buscaba un cadáver y se encontraron tres: el de Delgado, el de su secretaria y un tercero, no lejos de los otros, cuya identificación ilustraría tal vez sobre los culpables. Las autoridades españolas han querido hacer creer que el tercer asesinado no tiene relación alguna con los otros dos.
Para colmo de embrollo, tampoco faltan indicios que autorizan a sospechar también del Frente Patriótico de Liberación Nacional (F.P.L.N.), que calificó de operación de propaganda la desaparición de Delgado inmediatamente después de romper con el Frente, acusándolo de pasividad. Por añadidura, amigos íntimos del muerto fueron detenidos en Argel, bajo la protección de cuyo gobierno actua el F.P.L.N.; habían sido maltratados físicamente, según informes periodísticos. Por nuestra parte, inclinamos a creer que la responsabilidad recae sobre Salazar con la complicidad de Franco; pero no excluimos participación del F.P.L.N. Organismos pseudo-revolucionarios de tal género se inspiran en prácticas stalinistas, aun en los casos en que no están orgánicamente dominados por el stalinismo, y esas prácticas comprenden la denuncia a la policía de los adversarios políticos o el asesinato de los mismos.
A ojos de revolucionario, el general Delgado no era sino un opositor burgués muy tardío a la dictadura de Salazar. Sus actividades no tenían nada en común con las necesidades de las masas portuguesas, que son de revolución social como en todas partes. Ello no obsta para que nos alcemos contra ese nuevo crimen de las dos dictaduras y denunciemos sus complicidades reales o posibles.