Alarma, nueva serie, n.º 7, mayo 1965 (págs. 17-18). PDF del número completo

Las manifestaciones y motines de finales de marzo en Casa Blanca, donde los salarios son bajísimos, decenas de miles de obreros carecen de trabajo y el paro se extiende, fueron reprimidas con rara bestialidad. Ametralladoras emplazadas, fusiles-ametralladoras y pistolas del mismo género, tanques blindados por añadidura, ametrallaron en varias ocasiones a la multitud que reclamaba trabajo y libertad. La carnicería fué horrenda. Según un periodista que recorrió los depósitos de cadáveres, hubo 200 muertos y 600 heridos (Le Monde, 31-3). En los barrios pobres se hablaba de 400 muertos y miles de heridos. A continuación, la represión se abatió sobre los manifestantes y heridos supervivientes, particularmente contra los que habían tenido la osadía de defenderse. Siete días después, el número de personas condenadas ascendía a 700, mientras el fatuo rey Hasan II, respirando aun el hedor de los cadáveres, decía: "Querido pueblo, yo te he dado todos los medios de expresión, la libertad de reunión".

No menos repulsiva que la represión es la actitud de la prensa occidental dicha "objetiva", y sobretodo la de la prensa stalinista. Una y otra minimizaron la sangrienta represión, y dos semanas después se hacían lenguas de la "generosidad" de Hassan con motivo de una amnistía semejante a los indultos de Franco. La complicidad de los valedores de los dos Bloques con el gobierno real, la explica a satisfacción este hecho: las armas que escupían fuego sobre la multitud procedían unas de Estados Unidos, España y Francia, otras de Rusia y Checoslovaquia.

En ARGELIA, el proceso y condena a muerte de Ait Ahmed y Si Mussa, colegas en rebeldía de Ben Bella, transcurrió en medio de una indiferencia general. Según uno de los abogados defensores, Demba Diallo, se ha tratado de una "parodia judicial señalada por el empleo generalizado de la tortura". Otro defensor, el abogado suizo Serge Bolland, denuncia, a más de las torturas, toda clase de violaciones al derecho establecido, entre otras la prohibición a los abogados de interrogar a los acusados y la sustracción de piezas de descargo en el expediente. En fin, han sido empleados a profusión los consuetudinarios procedimientos de todos los gobiernos reaccionarios.

Revelador entre todo es que los propios acusados se prestasen en cierto modo al juego de la acusación, como si hubiese existido un convenio expreso o tácito. En audiencia secreta Ait Ahmed habló de reconciliación nacional, señal cierta de que han existido tratos anteriores. El pronto indulto concedido por Ben Bella, esperado en todas las capitales, confirma esa sospecha. Tras de todo eso hay que el Frente de Fuerzas Socialistas (el "partido" disidente del acusado) es una organización tan artificial y carente de perspectivas revolucionarias como su matriz, el FLN. Lo que semejantes organizaciones pueden hacer aprovechando rivalidades inter-imperialistas y engañando a los de abajo es administrar ellas mismas la explotación de las masas, como intermediarias del capitalismo mundial, y eso ya lo ha hecho en Argelia el F.L.N. La total indiferencia de toda la población pobre argelina respecto del gobierno Ben Bella, recae naturalmente sobre los acusados, mero rivales de aquel, sin nada esencialmente diferente que proponer. Proletariado y población pobre en general sólo podrán ser atraidos en adelante por una organización verdaderamente revolucionaria que empiece denunciando a los actuales gobernantes como lo que son: reaccionarios y oscurantistas. De esa organización, aún no ha sido puesta en Argelia la primera piedra.

Mucho antes de acordada la independencia, nuestra tendencia ha dicho: "Instalados en el poder, los dirigentes nacionalistas se comportarán como societarios en comandita del capital occidental u oriental. Ocuparán el lugar de los colonos y gobernantes franceses". La provisión se ha convertido en evidencia. La bancarrota de cuantos han apoyado a semejantes nacionalistas e impostores, es deshonrosa.

Ahora, mientras la nueva policía ataca a los huelguistas o les prohibe el paro, el gobierno trata de dividendos con los agentes del imperialismo y Ben Bella rocía agua bendita: "Nuestras perspectivas proceden de las tradiciones de una civilización musulmana eterna, basada en el establecimiento de una justicia social, de amor y de mansedumbre."

¡Guardaos de los mansos de Mahoma como de los de Cristo!

PAKISTAN. En la capital de ese país también narcotizado por la religión musulmana, las elecciones presidenciales, amañadas como en casi todos los países en que se guarda la formalidad democrática, la protesta de la oposición desencadenó sobre ella las fuerzas armadas gubernamentales y el salvagismo de la Liga Musulmana. Sólo en la ciudad de Karachi, 35 muertos y un número elevado de heridos. "Comandos" de la Liga santa atacaron, saquearon e incendiaron las casas de los oposicionistas. Algunos de ellos murieron quemados vivos. El mariscal Ayub Khan, amigo y en parte aliado de Mao Tse-tung, quedó elegido presidente de la república.

En ese mismo país, no hace todavía mucho, el fanatismo musulmán hizo una degollina de miles de indús, a quienes se acusaba de haber sustraído del relicario en que estaba guardado... un pelo de Mahoma. Desde Pakistán al norte de Africa, en ningún país musulmán hay ciudadanos libres de creer lo que les dé la gana o de ser ateos, sino fieles obligados por ley a cumplir los preceptos religiosos. En Marruecos, Argelia, Egipto, etc. van a la cárcel quines no ayunan durante el Ramadan y son apaleados por tropillas especiales los hombres sorprendidos bebiendo una cerveza. El socialismo islámico de que hablan Nasser, Ben Bella, etc., es repugnante oscurantismo teocrático "modernizado" con métodos económicos y policíacos de la contrarrevolución stalinista, y del fascismo.