Alarma, n.º 12, mayo-junio 1969 (págs. 1-2). PDF del número completo

Las luchas del proletariado español anteriores a la instalación de la dictadura, en particular su obra socialista entre el 19 de Julio de 1936 y principios de mayo del año siguiente, constituyen experiencia sobrada para saltar, de un sólo embate, del aniquilamiento del régimen al del sistema capitalista de punta a cabo. No se requeriría para ello sino una condición: que por lo menos una organización revolucionaria hubiese actuado sin cesar en la clandestinidad formando hombres jóvenes, atizando la flama de la rebeldía, enderezando así sus nuevas luchas por los derroteros conducentes al socialismo.

Si el rico fogueo de nuestros combates consiente eso, los acontecimientos mundiales en que se halla inscrito aquel indican lo mismo en forma no menos incontrovertible. En efecto, a menos de ser juguete despreciable o venal de la criminal contienda entre los grandes imperialismos (Estados Unidos, Rusia) o aspirantes a tales (China, Japón, Alemania Federal), sin hablar de los imperialismos que van de capa caída, el único proyecto revolucionario factible es el que persigue la instauración de una sociedad sin clases. Y no se trata de proyectarla como objetivo en lontananza, que adquiriría entonces caracteres de señuelo, sino como realización inmediata.

La dictadura de Franco, concreción clérigo-militar-fascista de la derrota de la revolución, ha de morir por la revolución victoriosa. De no ser así, continuarán en pié cuantos intereses fundamentales e instituciones salvó aquella. República democrático-burguesa, "popular", monarquía constitucional, serían, para los trabajadores, matices apenas distintos entre sí de la dominación del capital. La sujeción económica y política de los asalariado se mantendría, y se reforzaría por los canales del dirigismo, cual estamos presenciando en los países dichos democráticos.

Es ergotismo o tergiversación pretender que sea indispensable atravesar una etapa de constitucionalismo burgués, por breve que fuere, antes de abordar las medidas de la revolución proletaria. En cuanto a proyectar una futura democracia popular, versión moscovita, pekinesa o habanera por igual, es mera premeditación reaccionaria. Mientras los instrumentos de trabajo no reviertan a la sociedad por intermedio de aquellos mismos que los ponen en movimiento sin poseerlos, industrialización y producción se harán a su costa y contra ellos se enderezará la represión. Por añadidura --sea dicho refiriéndonos a los fulleros de la modernización-- en España como en cualquier otra parte, el máximo crecimiento industrial adquisible mediante el trabajo asalariado es ruín, por multiples causas, comparado con el que se alcanzará suprimiendo esa forma de trabajo y de distribución de los productos, que es también la única manera de suprimir el capital y el capitalismo como sistema de organización social.

Con características mucho peores que durante la época ascendente de la civilización actual, "está claro que cuanto más se desarrolla el capital, tanto más aparece él mismo como un estorbo para la producción y por ende para el consumo también, sin tener en cuenta todas las contradicciones que lo presentan como una traba engorrosa para la distribución y la circulación" (1).

Los modernos industrializadores dirigistas que han brotado en España a imitación de otros países, no son sino los continuadores de esa viejísima mecánica funcional que subordina y restringe la industrialización a los intereses minoritarios, mezquinos y hoy anti-históricos del capital. Ahora bien, entran en dicha categoría todos los partidos y tendencias más conocidos, clandestinos o legales, y emplean sus artes en proteger la continuidad del sistema una vez terminada la dictadura actual. Nos quieren llevar del capitalismo al capitalismo, Franco difunto.

Se trata de darles chasco. ¿Cómo? Proyectando y poniendo por obra una economía cuyo basamento y fuerza motriz sea el consumo material y cultural de cada individuo. Ninguna industria, ninguna función económica o cultural existiría entonces, a menos de contribuir a esa nueva forma de asociación humana, dintel de una civilización superior. Del mismo golpe aparecería campo ilimitado al crecimiento industrial, y con él a sus innumerables consecuentes.

La tarea urgente consiste pues en organizarnos los revolucionarios y los explotados en general, a fin de suprimir la causa de la explotación: el trabajo asalariado, la condición previa del mismo, el capital, y con ambos el consumo racionado que mantiene en la pobreza o la miseria, siempre en el engaño y la ignorancia, a la inmensa mayoría de los habitantes. En resumen, lo imprescendible es dar cima a la revolución social en el período venidero, abierto con la crisis del régimen.

No puede darse ninguna otra solución positiva al paroxismo decadente del sistema capitalista, ni en España ni mundialmente, incluyendo en aquellos países que falsifican su realidad capitalista de Estado llamándola socialista.

El obstáculo para alcanzar la revolución como fruto de la lucha contra el régimen es la inexistencia de organización apta, el requisito indicado en el primer párrafo, de ningún modo las condiciones materiales legadas por la historia anterior. Tanto más apremiante es consagrarse a su creación. El lapso no muy largo de que disponemos hasta la desaparición de la actual dictadura, debe ser aprovechado para constituir el mayor número posible de núcleos de hombres decididos a orientar en el sentido señalado, aunándolas e infundiéndoles consciencia revolucionaria, las diversas luchas obreras y estudiantiles. Del éxito en tal empeño depende por entero el porvenir de las clases hoy doblegadas. En su defecto, continuarán padeciendo, despues de Franco, la misma policía, el mismo ejército, el mismo aplastante capitalismo, quienquiera lo rija; y como porvenir no muy distante, se perfilaría otra dictadura.

Que cada uno tome sus responsabilidades y actue. Minoría muy reducida hoy y conocida de pocos, los revolucionarios encontraremos posibilidades de intervención cada dia más amplias, camaradas de ideas por centenares, por millares, compañeros de combate por millones.


(1) Karl Marx: "Fondements de la critique de l'économie politique". Tomo I, página 374. Editorial Anthropos. París 1967.