Alarma, n.º 12, mayo-junio 1969 (págs. 24). PDF del número completo
Antes de la sublevación que derrocó al dictador Ayubkan, disputábanse sus favores de mílite y creyente islámico, a más del privilegio de darle armas, Pekín y Moscú, sin que faltase la concurrencia de Estados Unidos. Durante la huelga general que tomó caracteres insurreccionales, las armas de unos y otros sirvieron para disparar contra obreros y campesinos, mientras que los amigos políticos de los respectivos dadores se esforzaban en aplacar la ira de las multitudes. En cuanto se les dió ocasión, se volcaron en apoyo de Ayakan, otro militarote colega reaccionario del primero y no menos "gran amigo" de Moscú y de Pekín. El orden fué restablecido; o sea, la represión hizo y hace estragos. China, Rusia, continuan mandando armas, prodigando zalemas al nuevo dictador y haciendo inversiones de capitales. Mal pueden ser revolucionarios quienes no saquen las consecuencias que se imponen de hechos como ese, nada aislado.