Alarma, n.º 12, mayo-junio 1969 (págs. 25-26). PDF del número completo

Al sobrevenir el primer choque militar con China, la inverecunda diplomacia rusa perigrinó de gobierno en gobierno informándoles y advirtiéndoles que también ellos podían pagar las consecuencias de la "agresividad china". Pedía solidaridad y denunciaba de hecho "el peligro amarillo" como los reaccionarios de tomo y lomo. La propaganda china ha sacado mucho partido de semejante gestión, pero silencia que Chiang Kai-chek respalda patrióticamente las demandas territoriales de su ex-compadre Mao, y se guarda mucho de revelar que las industrias de guerra --"anti-imperialista", "revolucionaria" etc.-- dependen en gran parte de los suministros de aquellos gobiernos que Moscú fué a alertar. Caso de guerra entre ellas, las dos naciones "socialistas" mayores se disputarían la neutralidad benevolente, y comercial, incluso del imperialismo americano. Se la empiezan a disputar ya.

Eso, si no bastara y sobrara el conflicto mismo, certifica la naturaleza capitalista de Rusia y de China, que tantos "izquierdistas" niegan con obtuso formalismo. Por nuestra parte, decimos a los trabajadores de ambos países: contra la guerra imperialista, guerra civil; sublevaos contra vuestro enemigo de clase, vuestros gobernantes respectivos, haced la revolución social, suprimid las fronteras.


Lo que acontece en Rusia y lo que acontece en China, son episodios de una sóla crisis de la contrarrevolución stalinista, y ésta, a su vez, parte de la crisis del capitalismo mundial. La división de la alta canalla dirigente no es sino un reflejo, adaptado a sus intereses, de los tremendos problemas que les crea la oposición generalizada de las masas, siquiera sea pasiva. Un parte de los dirigentes cree conveniente atemperar la bestialidad del régimen y hacer concesiones (derechos humanos se llama eso en lenguaje de demócrata capitalista); otra se inclina a redoblar el terror gubernamental. En China, la contienda interburocrática parece saldada, provisionalmente al menos, en favor de la segunda tendencia. En Rusia no ha tenido lugar ningún encuentro público desde el intermedio de la destitución de Khrutchef, pero no dejará de producirse. En Pekín cuentan con él para declarar que el socialismo vuelve a existir allí. Más el resultado para Pekín será siempre negativo, aun suponiendo que domina la tendencia más policíaca. La serie impresionante de generales rusos muertos recientemente "de resultas de larga enfermedad" o "en acto de servicio", no es seguramente ajena a la lucha interburocrática. Por nuestra parte, nos inclinamos a creer que los tremendos problemas interiores y exteriores que Rusia tiene, más el odio de la población al gobierno, forzará a aflojar riendas. Algún Dubcek de por allá debe estarse maquillando de humano.

Para el proletariado nungún bando es digno de apoyo, ni siquiera aquel otro cuya concepción de tísico le hace pensar en una revolución meramente política. Se trata de aniquilar de arriba abajo el partido y todos las instituciones gobernantes, de tender la mano a los proletarios chinos, americanos, etc., para hacer otro tanto en todos los continentes.