Alarma, n.º 13, mayo 1970 (págs. 11-13). PDF del número completo
Una publicación de Hong Kong, "Survey of China Mainland Press" publicó el año último un documento político procedente de la provincia de Hunan, que fué reproducido en lo esencial por "International Socialism" de Londres, de donde nosotros extraemos lo indispensable para su comprensión:
"Los hechos han revelado a las masas que la clase de capitalitas rojos se ha transformado por completo en una clase decadente que obstaculiza la marcha de la historia y que las relaciones entre ella y el pueblo en general se han transformado, de relaciones entre diriggentes y dirigidos en relaciones entre dominadores y dominados, entre explotadores y explotados; de relaciones entre revolucionarios en igualdad de situación, en relaciones entre opresores y oprimidos. Los privilegios especiales y los altos sueldos de la clase de capitalistas "rojos" están basados en la opresión y en la explotación de la gran masa del pueblo. A fin de realizar la Comuna del pueblo de China, era necesario derrocar esa clase...
En la lucha por la toma del poder hay que observar el principio marxista de la destrucción de la vieja máquina del Estado. En eso no hay cabida para el reformismo o para la combinación de dos en uno, la transición pacífica. La vieja máquina del Estado debe ser completamente destruida. El programa de la primera gran revolución política del proletariado fué destacado en editoriales y de manera embrionaria, no muy concreta, durante la etapa final de la tempestuosa revolución de Enero". (...)
"Por qué el camarada Mao Tse-tung, que propugnó la comuna enérgicamente, se opuso de súbito, en enero, al establecimiento de la comuna del pueblo en Shanghai?" (1).
"Cualquier revolución debe abarcar al ejército necesariamente. Puesto que una clase de capitalistas rojos está ya constituida en China, se sigue que el ejército no puede ser separado de esa realidad. Ahora bién, la tormenta de enero no tocó lo más mínimo el problema vital de toda revolución: el problema del ejército. Por ende, la revolución carecía de profundidad y se quedó en un bajo nivel de desarrollo". (...)
"Intoxicado por su victoria de febrero-marzo (sobre los trabajadores en huelga y manifestación), Chu En-lai, ahora el representante general de la clase capitalista roja en China, se apresuró a establecer en todo el país los comités revolucionarios..." (pero) "...sin esperar la constitución de los comités, el Grupo Central de la Revolución Cultural dió órdenes de marcha atrás". (...)
"Los sanguinarios acontecimientos de febrero indicaron al pueblo que por sí sóla la orden de unidad, de unidad de arriba abajo no podía llevar a cumplimiento las intenciones del Presidente Mao en las fuerzas armadas, debido a la unidad de intereses entre los rondadores capitalistas del ejército y los de cada localidad, que impediría al ejército llevar a ejecución la línea revolucionaria del Presidente Mao". (...)
"La verdadera revolución, la revolución que ha de negar los 17 años últimos, todavía no ha empezado". (...)
"Los marxistas-leninistas debemos denunciar enérgicamente la represión del pueblo revolucionario por los comités revolucionarios". (...)
"Creemos que el 90 por ciento de los cuadros antiguos deben ser puestos al margen y que podrían ser, a lo sumo, objeto de reeducación". (...)
"La comuna de la fracción ultra-izquierda no oculta su punto de vista ni sus intenciones. Declaramos públicamente que nuestro objetivo, establecer la 'Comuna del Pueblo de China', no puede ser alcanzado sino derrocando por la fuerza bruta la dictadura burguesa y el sistema revisionista de los Comités Revolucionarios".
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Comentario de Alarma: La fracción ultraizquierda" lleva por nombre Cheng-wu-lien, que significa al parecer, abreviado Gran Comité de Alianza Proletaria revolucionaria de Hunan. Es probable que se trate de una facción principalmente militar, pues su documento-manifiesto habla dos veces del bombardeo de Chu En-lai durante la visita hecha por éste a la provincia de Hunan, donde se encuentran las instalaciones atómicas. Además, su concepción de la situación y de las tareas es sobretodo militar, cual ha sido siempre en el partido stalinista chino desde 1925. En todo caso, la importancia del Cheng-wu-lien es bstante grande para que Chu En-lai, Chen Po-ta y la propia mujer de Mao Tse-tung, Chiang Ching, despotricasen contra él en un mitin de 100.000 personas, tachándolo de organización contrarrevolucionaria trotzkista, y para que se consagrara a combatirlo un editorial reproducido en varios periódicos, bajo el título: "Aplástese de arriba abajo al Chen-wu-lien, guisote contrarrevolucionario". Todavía un año después no debía estar aplastado el Cheng-wu-lien, puesto que conseguía transmitir al extranjero su declaración. Incluso es de presumir que conserve el dominio militar en alguna zona de la provincia de Hunan, según se desprende de su manera de calificarse a sí misma "la Comuna de la Facción Ultra-izquierda".
El Cheng-wu-lien es a todas luces un movimiento de dislocación originado por las luchas inter-burocráticas de los últimos años (lo que la eterna antífrasis stalinista llamó revolución cultural). La demagogia de los dos bandos principales produjo en la clase obrera un sobresalto tan amenazador para ambos, que retrocedieron asustados y desencadenaron la represión al mismo tiempo que negociaban un compromiso concretizado en los nuevos comités. El Cheng-wu-lien no parece tener consciencia de ese hecho, como tampoco de la naturaleza del régimen chino, ni de lo que estaba en disputa entre las facciones de la alta burocracia.
Esta última no se ha trasnformado en nueva burguesía, cual dice el documento, sino que continúa siendo lo que era desde antes de su victoria militar en 1948, a saber, una burocracia capitalista hijuela de la contrarrevolución rusa. Su carácter explotador data del primer día en que gobernó un pedazo del territorio chino. Si los hombres del Cheng-wu-lien no lo han visto así, débese, con entera seguridad, a que ellos mismos secundaron, de una manera u otra, las depredaciones y la represión anti-obrera de esa burocracia efectuadas en nombre del proletariado y del marxismo. Confirma lo dicho su respetuosa manera de hablar del explotador y el torsionario en jefe, Mao Tse-tung (la vieja historieta: el rey es bueno, los ministros malos). Bien podría ocultar eso la reserva de un compromiso con él. Mao Tse-tung y Liu Chao-chi no se atacaron nunca directamente en público. No menos perplejidad que los halagos al primero causa el silencio del documento respecto al segundo, cual si su facción no hubiese sido factor importante, indirectamente, en el desencadenamiento de la "tormenta de enero", y luego, en compañía de la facción Mao Tse-tung, factor directo en la represión. Por otra parte, hay contradicción muy neta entre la destrucción completa del aparato estatal y la proposición de reeducar al 90 por ciento de los cuadros stalinistas, conservando el diez por ciento. Pero el documento todo es una madeja de contradicciones.
No obstante, su enérgica denuncia del régimen es positiva y contribuirá a la aparición de una consciencia revolucionaria. Lo más exacto de él está en la frase: "La verdadera revolución, la que ha de negar los 17 años últimos, todavía no ha empezado...". Pero, precisemos que según nuestra cuenta son 20 los años de stalinismo que hay que negar, y con ellos el pasado entero de China.
La pretensa revolución cultural habrá contribuido al menos a la descomposición del capitalismo en su aspecto estatal o stalinsta en China. (Véase: "¿Qué pasa en China?", Alarma nº 10).
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(1) Lo que el documento llama revolución o tormenta de enero es el movimiento de huelga general y de manifestaciones proletarias habido sobretodo en Shanghai durante dicho mes de 1968, liquidado por tremenda represión. Importa recordar que la simpatía de los trabajadores, sin que fuese realmente apoyo, iba hacia la facción de Liu Chau-chi, que consintió aumentos de salario, no a la de Mao Tse-tung, que los combatió tachándolos de economismo y los anuló luego. (Nota del traductor español).