Alarma, n.º 13, mayo 1970 (págs. 8-10). PDF del número completo

La reorganización ministrial ha dado pábulo en los medios políticos españoles y extranjeros a comentarios y esperanzas muy descarriados. Prensa burguesa, prensa stalinista y prensa "socialista" coinciden en lo esencial: un nuevo golpe a Falange, el franquismo se reniega a sí mismo, etapa importante hacia la liberalización etc. Sobre eso, los secuaces del Kremlin se regocijan de la visita de López Bravo a Moscú, viendo sin duda en ella, y en el envío a España de carbón mientras los mineros asturianos hacían huelga, signo anunciador de un futuro acercamiento suyo al poder. ¿No han dicho a media voz, y en términos claros a quienes corresponde, o sea a segundones de Franco en activo o en paro, estar dispuestos a entrar en un gabinete de transición? En todo caso, no andaba desacertado el A B C --información directa-- al escribir: "Los Estados del Este han preferido relacionarse directamente con el único gobierno legal de nuestro país; es de esperar que el P.C. español sacará una lección de esta actividad realista". Se la sacarán, téngase por cierto; estrategia y negocios obligan. Ahí está ya, primer signo, su "Pacto para libertad", ofrecimiento aún mas claro que los anteriores de servir los intereses del capital hispano.

En cuanto al cambio ministerial mismo, no es sino una medida preparatoria de la tan anunciada --y legislada-- "sucesión del movimiento por el movimiento mismo". El tal movimiento no ha superado nunca lo que fué en 1936, o sea, la Iglesia, el Ejército como representantes del capital, más la falange de mercenarios en asesino despliegue contra el proletariado. Las dos primeras instituciones han tenido siempre la voz de mando, aunque largasen a los falangistas tareas ejecutantes junto con puestos de relumbrón y de buen agosto. Muchos de ellos son hoy parte integrante de la oligarquía capitalista. No obstante, la reacción hispana no ha tenido nunca ni tendrá jamás otro partido político serio que la Iglesia, ni otra salavaguarda que el Ejército aún más que la policía. Hagamos, sinembargo, una salvedad: la reacción hispana puede tener otro partido político serio, precisamente el partido stalinista, pero habría de adoptar entonces la forma capitalista estatal. Por ahora, la Iglesia, ocupando casi toda la escena política y la dirección de los negocios por medio de su nuevo jesuitismo, el Opus Dei, se apresta a sucederse a sí misma tras el deceso de Franco, o antes si los acontecimiento apremian.

El intermedio de la reorganización ministerial hay que verlo como un primer movimiento de sucesión; el segundo, que lo completaría, es ya de realización más problemática. No depende de la voluntad del dictador, ni de lo que le sople o decida la Iglesia misma, sino del curso de la lucha de clases en el período inmediato. La clase trabajadora española muestra una formidable reserva de energía. Sus huelgas son de una combatividad muy rara hoy en el mundo y a menudo contienen reclamaciones orientadas en sentido revolucionario. Que así sea a despecho del aplacamiento político recomendado por los grandes partidos de la clandestinidad, y del aguachirle que secretan los pequeños de "izquierda", constituye una promesa de grandes luchas por venir, además de que el recuerdo de 1936 resurgirá pujantísimo a la primera oportunidad. Una sóla huelga simultánea en todo el territorio y rodarán por tierra los proyecto de sucesión, abriendo realmente una etapa nueva de grandiosas posibilidades revolucionarias. La última palabra no pertenece al régimen ni a sus instituciones, ni a los antiguos partido del Frente Popular; pertenece al proletariado, y la actividad decisiva de éste depende por entero de una profunda reconsideración ideológica.

Por el momento el régimen se hace aun más hipócrita, pero no se liberaliza. Pregúntesela a los millares de detenidos, a los miles de condenados, a los presos sometidos a sistemas disciplinarios de rigor desconocido antes. Las condenas también son ahora, por lo general, más duras que hace 10 o 15 años. El régimen siente el hervor de las muchedumbres a que oprime y lo único que lamenta es no poder recurrir al exterminio físico de la mayoría de sus enemigos según hizo durante e inmediatamente después de la guerra civil. Pero, para subsanar esa "debilidad", medita una ley que los aisle en la carcel cuando así le convenga si no en permanencia, aun sin dilito cometido con arreglo a su propio código, que ya es la sevicia elevada a Derecho. Los enemigos del "Movimiento" serían declarados anormales, chiflados a meter en los centros psiquiátricos penitenciarios, a tratar con camisola de fuerza e inyecciones de aguarrás, según el ejemplo dado en la Rusia actual.

La lucha contra las leyes franquistas debe ser una reivindicación a incluir en todas las huelgas y manifiestaciones obreras.


Una vez más, los mineros astures han echado por tierra, en su sector, el plan de expansión capitalista. Sólo durante las huelgas declaradas a principios de año y terminadas en febrero, las disminución de la producción asciende a 175 millones de pesetas. Aunque no hayan obtenido satisfacción en la readmisión de los despedidos, el capital recibe de todos modos un castigo, porque tampoco obtendrá la producción prevista por sus planes. La lucha del proletariado contra su alquilador, el capital, tiene que trabar de necesidad el crecimiento de éste y que plantear todos sus problemas, desde el nivel de vida, las libertades obreras y el régimen interior de las empresas, hasta los problemas de la jubilación y de la reconversión de personal, en el único terreno en que pueden encontrar solución, no paliativos: el terreno de la expropiación del capital y de la gestión obrera de producción y consumo (a no confundir con el camelo yugoslavo, argelino, etc., denominado autogestión). De ahí la importancia tan prometedora de las huelgas declaradas por solidaridad con los despedidos o represaliados, fuere por causa lítica o porque lo requiere el funcionamiento de la expansión.

Los mineros encontraron eco en los metalúrgicos asturianos, hasta ahora en zaga, y en otras provincias (Bilbao, Zaragoza, Barcelona, Madrid) e industrias. Sinembargo, faltó otra vez unidad en las principales demandas y simultaneidad en el paro. Es indispensable alcanzar una y otra, no sólo para obtener pronta satisfacción, sino también para cuartear el régimen y derrocarlo. A todos los huelguistas, o los revolucionarios en particular, recomendémosles la lectura de COMO DAR CONSCIENCIA REVOLUCIONARIA A LAS LUCHAS ECONOMICAS Y POLITICAS, texto publicado en el número 12 de Alarma.


El asunto MATESA ha causado en España y en toda Europa un escándalo sospechoso por su amplitud. No lo decimos por parecernos que el gigantesco robo de centenares y centenares de millones de pesetas sea siquiera exagerado, sino porque el robo y la estafa son el espíritu, la quintaesencia del régimen a todos los niveles, desde el atorrante, el chulo, el incapaz, el haragán que sienta plaza de policía, falangista o cura, hasta general, el obispo, el dirigista de los "polos de desarrollo" y la mismísima bestia providencial que los acaudilla. Asuntos de parecida envergadura han ido jalonando la existencia de la dictadura, sin que entre uno y otro escándalo la corriente de millones estafados o robados cesase de engrosar.

Hace años, un grupo de oficiales del ejército, honradísimos según su propio decir y por coincidencia monárquicos juanistas, revelaba en un escrito que circuló en España y en la emigración, la gloriosa manera de estafar millones practicada por la pareja caudillil: regalos de oro macizo, de joyas, de piedras preciosas "para la señora", de obras de arte, de lujosos automóviles, de casas, todos ellos sugeridos por emisarios que preceden la llegada de él, de ella o de ambos, a cualquier pueblo, ciudad o institución. Un salvador de su jaez considera simple acto de buena crianza que se le cubra de metales y de piedras precisosas, ya que en España no existe la costumbre oriental de dar al hombre de la providencia divina el equivalente de su peso en oro o en diamantes. El juicio moral y la justicia de un sujeto que acepta esa clase de presentes son por afinidad, cuando por salpicadura, benevolentes para todos los estafadores y ladrones de gran vuelo. Las costumbres de cada régimen las inspiran sus mandatarios.

Por tal motivo, la mayoría de los robos escandalosos cayeron en el dominio público gracias a rencillas personales o de grupos de intereses, y cuando no fueron en fin de cuentas silenciados, los responsables no se pudrieron en la cárcel cual tantos condenados políticos. En consecuencia, es de presumir que la rivalidad de intereses no sea ajena a la gran publicidad dada al "asunto Matesa".

En curso los trabajos para este boletín, un nuevo asunto viene a confirmar lo dicho en los párrafos anteriores. Entre los complicados en él aparece un pariente de Franco, José María Sanchiz Sancho, y un abogado de su familia, Luis Gómez Sanz. Podría muy bien tratarse de un quite en favor de los complicados en el primer asunto: "¿Ladrones nosotros"--dirán Matesa y compinches; "más lo sois vosotros, Sanchiz y familia". Los bajos fondos de la sociedad trepan muy arriba en regímenes como el español y en general en el capitalismo decadente actual.

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