Alarma, n.º 16, enero 1971 (págs. 16). PDF del número completo

Entre el PROCESO DE LENINGRADO contra los judíos y el proceso de Burgos ha habido una coincidencia en el tiempo y una semejanza de procedimientos que dieron por resultado, gracias al peso de la opinión mundial por excepción bien informada, un influjo recíproco que ha contribuido poderosamente a modificar el desenlace de ambos. En otro momento cualquiera, es evidente, los judíos hubiesen sido ejecutados a poco de condenados y la misma suerte hubiesen corrido los sentenciados en Burgos a la última pena. Pero Brejnef y los suyos temieron mostrarse más bestiales que Franco, cuya reputación en ese dominio no conoce las mitigaciones que a los gobernantes rusos les vale su condición de segunda potencia imperialista... y la claudicación del "izquierdismo" frente a ellos. Por su parte, Franco, que anhela ser admitido entre los gobiernos "decentes" europeos, tomó a Brejnef la delantera amnistiando a su propios condenados.

Aparte el paralelismo y la interacción señalados, entre la justicia rusa y la española existe algo de común importantísimo, no debido al azar de coincidencias temporales ni de nacionalistas procesados. Es precisamente aquello que los izquierdistas silencian, a imitación de los gobiernos occidentales. Se trata de la nuturaleza capitalista de ambas a dos, y, dentro de ella, de su exacerbación reaccionaria. Ni el régimen ruso ni el español están en condiciones de tolerar la libertad de sus súbditos (que no ciudadanos) siquiera en la proporción pequeña y ya tinta de totalitarismo que tiene hoy la democracia capitalista occidental. Se trata de capitalismos en los cuales las condiciones sociales heredadas del pasado reciente y antiguo, más el rescoldo de la revolución entre los explotados, se suman a las nuevas, creadas por el sistema mundial postbélico, dando por resultado tensiones internas de gobernados contra gobernantes tan cargadas de explosividad, que sólo el terrorismo policíaco y judicial pueden mantener en relativo reposo, aunque no por siempre. La ruptura de ese reposo forzado representará en los dos casos la caída del régimen.

No pueden ser tenidos por revolucionarios quienes no digan al proletariado: TANTO MONTA, MONTA TANTO, BREJNEF COMO FRANCO.