Alarma, n.º 21, 2.º trimestre 1972 (pág. 13). PDF del número completo

El recrudecimiento de la guerra en toda la península, particularmente en Vietnam es consecuencia directa de las entrevistas de Nixon con Mao Tse-tun y Chu En-lai. Desde que empezó a hablarse de esas entrevistas, Moscú, no ignorando que se trataría en ellas de la solución del conflicto más allá de lo que confesasen los comunicados oficiales, empezó a enviar el armamento pesado indispensable para desencadenar la ofensiva de las tropas del Norte que está en pleno desarrollo al escribirse estas líneas. En el lenguaje de las rivalidades inter-imperialistas, el Kremlin dice a la Casa Blanca: "Los asuntos de Indochina hay que tratarlos con Moscú, no con Pekín".

Mientras más se habla de paz próxima, más claro aparece que ésta depende de un consentimiento tripartita: Rusia, Estados Unidos, China, en el cual lo más difícil de conciliar son las ambiciones rusas y chinas. El golpe indo-ruso de Bengala ha venido a agravar esa dificultad. China necesita debilitar la penetración rusa en Asia y no reparará en medios para conseguirlo. A la inversa, a Rusia le aterroriza una entente chino-americana, cuyos resultados para ella irían de lo malo a lo catastrófico.

La nueva ofensiva de Vietnam del Norte es pues, descaradamente, una ofensiva militar rusa. Sólo los muertos y los heridos son vietnamitas. La propia prensa capitalista que tanto favorece a los norteños, anuncia sin recato que éstos saben hasta dónde les está permitido ir y de dónde no deben pasar. La matanza no tiene otro objeto que dar a Brejnef posición ventajosa en sus negociaciones con Nixon. Porque esa clase de guerra no es liberación, sino de carácter imperialista local. Abandonan el internacionalismo quienes son incapaces de verlo y comportarse en consecuencia.