Alarma, n.º 24, 1er trimestre 1973 (págs. 16-17). PDF del número completo

Hemos dicho en números anteriores de Alarma que el conflicto entre la derecha tradicional y la coalición gobernante no es un conflicto entre explotados y explotadores. Disputan entre sí tan sólo por lo que cada bando cree ser la mejor organización y representatividad del capitalismo nacional. Desde que se encuentra en el poder, la coalición populista ha ido confirmando nuestra afirmación, de manera trágica para las masas trabajadoras chilenas. La transición legal hacia lo que Allende con sus stalinistas y sus cristianos llama socialismo, es una derivación del capitalismo privado hacia el capitalismo estatal. En las industrias nacionalizadas, los obreros representan tan poco ahora como antes; ahora como antes se les pide, se les impone siempre que resisten, producir más y reivindicar lo menos posible. La dirección de las industrias estatizadas es confiada en numerosos casos a jefes superiores del ejército, y eso desde antes de que Allende le confiase el mantenimiento del orden y abriese a varios generales las puertas de su gobierno. Según noticias de fines de enero, el mismo ejército se ocupará en lo sucesivo de la lucha contra el mercado negro y aconsejará al gobierno en asuntos económicos (Le Monde 23-1).

El ejército por todas partes, como en plena reacción. El y la policía han disparado en múltiple casos contra huelguistas industriales y agrícolas, así como contra invasores de latifundios. Y mientras los gobernantes hacen a los trabajadores el chantage de la lucha anti-imperialista, en nombre de la cual les piden continuamente sacrificios, el imperialismo americano remite armas al ejército chileno. Será éste, en última instancia, el que decida si se llega hasta un capitalismo de Estado más o menos completo o mixto de capitalismo privado. La garantía que él representa, tanto para el gobierno como para Washington, es, de todo en todo una garantía contra la acción revolucionaria de los trabajadores.

Toda comparación entre la situación de Chile y la de España de febrero a julio de 1936 es errada y conduce a una interpretación oportunista de lo que está aconteciendo. En Chile el ejército se presenta como el respaldo de una supuesta cuanto mirífica acción socialista gubernamental que él sabe ser de concentración capitalista, porque abundan las experiencias mundiales. Y ninguna organización ha denunciado el hecho como una estafa hecha a los trabajadores. En España los trabajadores veían en el ejército un enemigo a aniquilar, la idea de revolución social estaba muy extendida, siquiera vagamente, y muy concretamente en minorías. Esa oposición causó la insurrección obrera del 19 de julio que aniquiló al ejército en casi todo el territorio peninsular. Ojalá hiciesen otro tanto con su ejército nacional los trabajadores chilenos. Mientras las masas no vean en el gobierno Allende un enemigo de clase y en el ejército una institución a disolver, estarán a merced de ambos y la situación no tendrá punto de comparación con la de España en 1936. A falta de ello, los trabajadores serán presa de la apatía y la indiferencia, cuando no del asco. Soportarán entonces pasivamente cualquier forma de capitalismo.