Alarma, n.º 24, 1er trimestre 1973 (págs. 18-19). PDF del número completo

El acercamiento chino-americano es mucho más estrecho de lo que admiten las declaraciones oficiales por ambos lados —dijimos en un número anterior. Día tras día, declaraciones y actitudes van siendo más explícitas. Uno de los altos funcionarios del Departamento de Estado, Sullyvan, declaraba a finales de enero que la presión china sobre sus amigos vietnamitas había sido decisiva para la conclusión del acuerdo de París. El mismo mes, un periodista del Japón recogía de boca de Chu En-lai las siguientes palabras: "Por el momento el Japón tiene necesidad de la protección nuclear americana. Le es indispensable conservar el Tratado (con Estados Unidos). Puede tener necesidad de él en el marco de sus relaciones con la Unión Soviética, pero no en el de sus relaciones con China. No le serviría para nada al Japón pasar de la protección nuclear americana a la china, porque nuestras armas nucleares no son de caracter ofensivo". ¡Y viva el tigre imperialista con todas sus zarpas atómicas!

Complementariamente, China apoya hoy en Europa occidental cuanto sea o pueda ser hostil a Rusia, comprendida la presencia militar americana y apoya esa misma presencia incluso en Asia. Y como al mismo tiempo Chu En-lai denunciaba (Le Monde 20-1) el despliegue de importantes fuerzas militares rusas en la frontera con Mongolia, el todo es tanto como dar a entender que China también tiene necesidad de ampararse tras la adarga nuclear yankee. El último viaje de Kiessinger a Pekín no deja lugar a duda sobre la existencia de un acuerdo que no se limita a lo económico, por muy amplio que tal aspecto pueda ser, sino que alcanza por lo menos a una neutralidad de Estados Unidos benevolente para China, caso de ataque ruso. Así se preparan las alianzas militares.

De rebote, el Vietnam norteño acoge con los brazos abiertos al "enemigo" Kiessinger, que ofrece un chorro de millones de dólares "para la reconstrucción", mientras China, no ajena a ese viaje, induce Hanoi a tender la mano. ¿Cuanto ofrece Rusia por su lado? Lo ignoramos. La cosa cae por el momento dentro de las negociaciones secretas que determinarán el reparto final de Indochina. Está claro, sinembargo, que a los jerarcas del Norte los ojos se les van tras los dólares, como lo demuestra, para quien sepa interpretar, su declaración oficial sobre la necesidad de tomar medidas enérgicas para que todos los partícipes de la guerra respeten el Alto el fuego.

Nada de lo anterior es para asombrar a un revolucionario, puesto que todas las partes son capitalistas y por ende reaccionarias. Pero hay que denunciar muy alto el vergonzoso papel de cuantos han presentado esa guerra como algo revolucionario, particularmente, en España, los imitadores de la Liga Comunista francesa.