Alarma, tercera serie, n.º 3, [octubre de 1977] (págs. 1-2). PDF del número completo

Cualquiera puede darse cuenta de que las maniobras urdidas entre los ex-franquistas y los partidos recien legalizados (y con el silencio aprobatorio de otros todavía clandestinos) tienen como finalidad central el relanzar y sacar de apuros al sistema capitalista. Unos y otros encauzan las luchas de los trabajadores por el camino del sindicalismo, es decir: negando y combatiendo el contenido revolucionario de ese continuo enfrentamiento de clases. Las reivindicaciones de esos sindicatos, de esos partidos, no son las de la clase trabajadora. Son, tan solo, las que convienen a un orden social basado en la explotación; son las reivindicaciones de una clase trabajadora "domesticada" y con la que perpetuarían la supervivencia del trabajo asalariado y en definitiva del capital. Dejarnos llevar por ellos es caminar hacia un submundo ya repetido y generalizado.

El desmoronamiento del régimen franquista desembocaría, así, en una consolidación del sistema capitalista. El gobierno del monarca designado por Franco, junto a sus asesores políticos de las diversas Centrales Sindicales, se dispone a implantar en todos los lugares de trabajo la autoridad de los sindicatos, otorgándole a éstos la representatividad de los trabajadores, en detrimento de la libre representación de ellos mismos. Ese orden laboral, no será más que una nueva camisa de fuerza. Para ellos, para el gobierno y sus satélites, es la forma más "democrática" de seguir reteniéndonos en el trabajo asalariado de ayer, de hoy y de "su" mañana.

Corresponde a la clase obrera hacer imposible la aplicación de esas leyes. Una vez más, la misma clase que ha ejercido el derecho de huelga, hasta convertirlo de hecho en legal, enfrentándose al brutal aparato represivo del franquismo... ¿va a dejarse poner la argolla sindical de los Camacho, Redondo, Carrillo, González, García-Castro y otros?. Aunque la lucha de los trabajadores pasará repetidas veces por encima de las leyes en preparación, tiene que ir más allá; negar a los sindicatos el derecho de representación y de intervención en su seno, boicotearlos, romper carnets... tenemos ante todo que tomar la iniciativa de las reclamaciones revolucionarias, y unificarnos en torno a ellas y en base a las luchas. Esa tarea sólo la acometerá la clase trabajadora. Pues sólo ella está autenticamente interesada en derribar el orden capitalista.

La batalla ya está iniciada, pero de forma muy inconexa y vaga, errónea en algunas ocasiones, inútil cuando los trabajadores cuentan con los sindicatos y no los denuncian como enemigos suyos. Por ello resulta imprescindible enumerar las reclamaciones que nos puedan servir como base para articular una mínima conexión revolucionaria a nuestras luchas. No quiere decir esto que se haya de pasar por todas y cada una de las aquí expuestas, ni tampoco que incluyan todas las existentes, pues si algo es imposible saber con exactitud (en contra de lo que opinan algunos "futurólogos" de la revolución) es por donde pasará y como se iniciará una lucha incuestionablemente anticapitalista. Consideramos elemental, aun en las consignas de carácter mínimo, el emplazarnos siempre frente al capital y frente a su Estado, no como una alternativa más de poder, sino como antítesis que somos. Al tiempo que exigimos, negamos. La clase trabajadora —entendamos— no sabe de ensamblajes, de Pactos, trabajo y capital no pueden coexistir. Es así que la mínima de nuestras necesidades nos lleva a la máxima de las condenas, al enfrentamiento directo e irremediable con quienes pretenden oprimirnos eternamente.1.

Laborales y económicas

"Menos trabajo, mejor nivel de vida".

  1. Supresión de cualquier forma de trabajo a destajo y de horas extras, incorporando pluses, primas, y cuanto sea de marginal al salario real; supresión asimismo de todo control o cronometraje que intensifique la explotación y rebaje la dignidad humana de los trabajadores.

  2. Trabajo para todos; entendiéndolo como un reparto de todas las horas de trabajo entre la totalidad de la población activa. Ello implicaría la reducción de la jornada de trabajo y la desaparición del desempleo, alcanzándose una mayor proporcionalidad entre horas de trabajo por individuo y población disponible.

  3. Todo aumento de producción ha de revertir íntegramente en los trabajadores, ya sea ese aumento por mayor rendimiento de los trabajadores o por perfeccionamientos técnicos. Revertirá bien directamente en su salario real o bien a través de obras de utilidad pública (hospitales, escuelas, transportes colectivos, investigación, etc).

  4. Aumento de la capacidad adquisitiva de los trabajadores en proporción al crecimiento de la producción global, paralelamente a ello una acción de redistribución de bienes necesarios ya existentes realizada por la clase.

  5. La única finalidad perseguida con todo lo anterior no es otra que la SUPRESION DEL TRABAJO ASALARIADO; único medio de resolver el antagonismo entre trabajo y capital, pues sólo una sociedad sin clases permitirá afrontar con garantías de éxito los problemas del hombre como individuo y como colectividad.

Laborales y sociales

"Derecho de todo hombre a disponer de su propia existencia"

  1. En los centros de trabajo:

a/ Supresión de todo reglamento interno de empresa, lo dicte el patrón o lo dicte el sindicato.

b/ Derogación de todo convenio o pacto no discutido por los "delegados directos" de los trabajadores.

c/ Soberanía absoluta de los trabajadores para elaborar sus plataformas reivindicativas, sus delegados y sus comités de huelga a través de la Asamblea, sin necesidad de filiación o aval alguno ni para votar ni para ser votado.

d/ Libertad total (real) de Asamblea, discusión y propaganda en los lugares de trabajo.

  1. A nivel general:

a/ Perfeccionamiento del actual sistema sanitario. Control científico de los servicios hospitalarios, aumento de la plantilla de médicos y construcción de más centros adscritos al seguro de enfermedad.

b/ Enseñanza gratuita para todos. Implantación de una educación laica y científica que posibilite el desarrollo integral del individuo y desembarazarnos así de la contraposición entre trabajo manual y trabajo intelectual.

c/ Aplicación de medidas en el campo de la vivienda y el urbanismo; ordenamiento territorial en base a las necesidades de la comunidad y no a los intereses de la propiedad privada;

d/ Gestión soberana de los trabajadores sobre los instrumentos de producción y de cultura social, así como de los medios de comunicación, sobre los centros de arte y sobre su mercado.

Políticas

  1. Libertad de asociación, expresión, reunión, imprenta, manifestación y huelga.

  2. Disolución de todos los cuerpos represivos; Ejército comprendido (y reconversión de las industrias de guerra en industrias productoras de bienes sociales) y control de los trabajadores sobre el armamento y toda actividad militar.

  3. Expropiación del capital industrial, agrícola, bancario y comercial. Colectivización de los centros de enseñanza, de información y publicidad, ya sean privados o estatales.

  4. Desarticulación del Estado y derogación de todas sus leyes.

  5. Apertura de un proceso político en la base que articule los mecanismos de gestión de la sociedad, partiendo del ámbito local y territorial hasta posibilitar una coordinación global de todas las funciones sociales y económicas.

  6. Extensión internacional activa de la revolución. Sólo así se asegurarán e internacionalizarán las conquistas nacionales, con el fin último de abolir fronteras y toda forma de poder político.

  1. La división hecha entre unas y otras reclamaciones está más en función de conseguir un orden expositivo que un orden político de linealidad. ↩