Alarma, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 4). PDF del número completo
En poco tiempo en nuestro país se han producido acontecimientos de inusitada violencia que han sido abordados y comentados por los periodistas de derecha o izquierda en un mismo sentido: la desestabilización del país.
Para unos, los más ligados al pasado, la “democracia” implantada en España es la causa del caos social que existe en el país. La legalización de partidos y sindicatos, los tímidos intentos de reforma social (más aparentes que reales), la desmembración del concepto nacionalista de patria gracias a las (inocuas) autonomías, la pésima gestión económica, etc. etc. son las causas de la violencia social. Todo lo que estaba “atado y bien atado por Franco” ha sido destrozado por “la ineptitud de un gobierno de traidores”.
Para la izquierda democrática la causa de esta situación no es mas que la lentitud en la adopción de una vía social nueva -la representada por ellos- y los culpables de este retraso son precisamente los miembros de la derecha oficial. Esta lentitud en el proceso democrático permite la actuación incontrolada de los elementos de la izquierda extra-parlamentaria más virulenta o la intervención de la extrema derecha, violenta también; para los demócratas de nuevo cuño los dos extremismos coinciden en un intento común: la desestabilización de la democracia española.
En definitiva se trataría -según ambas versiones- de una maniobra de DESESTABILIZACION. Es decir: un ataque frontal al sistema social capitalista. Ahí coinciden ineludiblemente todos los politicastros del país, en lo esencial: en la salvaguarda del sistema por encima de todo. Poco importa que unos -Blas Pinas, Fraga, “El Alcazar”, “ABC”, etc.- digan que la base de la violencia extremista está en la ineptitud del gobierno y en la vía democrática; poco significa también el que unidos los demócratas y la izquierda oficial se defiendan de estos ataques y acusen a la derecha de boicotear la democracia y favorecer así al extremismo.
Lo realmente importante es -como ya queda señalado- que unos y otros coinciden en querer la seguridad del capitalismo por encima de diferencias formales. Se trataría, en definitiva, de tener todo “atado y bien atado” sea con los viejos métodos de la “democracia orgánica” sea con los más modernos (partidos y sindicatos como elementos de riguroso control) de la democracia a la europea de que hacen gala desde Suárez a Carrillo.
Pero, ¿qué existe realmente tras esa cortina de humo de la desestabilización?. ¿Es desestabilización la violencia implícita en la multitud de muertos que se han producido en el país en poco tiempo por el simple hecho de huir de la policía o por saltarse un control de carreteras?.
Hemos citado sólo los incidentes más notables protagonizados por la policía, ese cuerpo creado teóricamente en defensa del orden burgués. Su actuación en todas las circunstancias citadas ha sido exactamente la misma que antes: represión del pueblo y defensa del orden capitalista. ¿Dónde está la desestabilización?.
No se trata, en realidad, de maniobras anti-democráticas o anti-capitalistas. Como decíamos en otro artículo (“Violencia y democracia”, de Alarma núm. 4), lo que existe realmente es un momento de especial virulencia del sistema capitalista fruto de su situación de decadencia total.
El sistema está en crisis: crisis económica esencialmente. La política de bloques imperialistas opuestos y enfrentados indirectamente en múltiples guerras de conquista (por mucho que se intente camuflar la conquista de mercados bajo el eufemismo de “guerras de liberación nacional”) son una muestra del momento crítico del capitalismo en lo económico. (Otro índice sería el paro creciente). Esta crisis económica se refleja en todos los restantes aspectos de la vida: violencia social, ideológica, sexual, etc. etc.
Esta violencia es lo que realmente provoca la situación caótica del país y (internacionalmente) del sistema capitalista. No se trata de desestabilizaciones; hablar de esta forma es utilizar en defensa del mismo sistema sus propias contradicciones. No hizo otra cosa, por ejemplo S. Carrillo cuando (“más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” fueron sus palabras) defendió la actuación de las fuerzas anti-disturbios en Pamplona y Rentería y, consecuentemente, la posición del ministro del interior Martín Villa.
Porque, marginal pero desdichadamente, la catástrofe del camping Los Alfaques no tiene nada de desestabilizador y, sin embargo, sí es una muestra clarísima de la violencia del capital; un sistema que se basa en la extracción del máximo de beneficios sin importarle nada la vida humana no puede manifestar su forma de ser mas que violentamente o por medio de catástrofes.
No. No se trata de desestabilizar lo que no es de por sí estable.
El asesinato de dos altos militares ha provocado las notas de repulsa más airadas de todos los partidos y grupos políticos que se han apuntado el tanto a su favor: otra vez las maniobras desestabilizadoras han sido utilizadas por los padres de la patria. ¿Cuántos minutos de silencio se guardaron en el Parlamento por los muertos de Los alfaques o por los muertos en enfrentamiento con las fuerzas del orden público?. NINGUNO.
Como afirmábamos en el número anterior, en el sistema capitalista (por muy democrático que sea su aspecto), su esencia es la violencia y la protesta contra esta violencia es discriminada; sólo la realizan los capitostes políticos... y cuando -como ahora- pueden utilizarla en provecho propio. Nunca, en ningún momento pueden plantearse acabar con la violencia capitalista porque forman parte de ella, forman parte del sistema. La violencia, todo tipo de violencia sólo acabará -violentamente- con la Revolución Social.