Alarma, tercera serie, n.º 7, verano-otoño de 1979 (pág. 5). PDF del número completo
1— Los convenios colectivos que últimamente se firmaron entre la patronal y los sindicatos (es curioso el ver que los obreros ya no contamos para nada) se basaron en unos acuerdos que, quiérase o no, estaban ya implícitos en las conversaciones televisivas de Abril Martorell, Camacho y Redondo. El aumento se hizo en base a los teóricos aumentos de precio que aseguraba el gobierno. El aumento de la gasolina, de la leche, de la electricidad, del teléfono, etc. etc. etc. va a provocar en cadena un aumento terrorífico de todos los precios.
Según los sindicatos se prevé un «otoño caliente». Es cierto: con su consentimiento nos van a seguir dando de hostias por todas partes.
Como solución se planifican ya «huelgas escalonadas» y otra intervención televisada de los dos líderes... ¡No. Por favor: que suban lo que quieran pero que no hablen!
2— ETA se dedica ahora, al igual que en los tiempos cavernícolas del franquismo a boicotear el turismo extranjero. Bombas en Marbella y terrorismo en la costa. Como contrapartida los trabajadores del gremio de hostelería de Marbella han montado un servicio extraordinario (en horas de descanso, por supuesto) de vigilancia de la playa; con prismáticos y todo. Movimiento extraño que ven, zas, aviso a la guardia civil.
No sabemos qué es más deprimente, si la ETA con su ancestral juego a los poderes represivos y su incomprensión nacionalista de la lucha de clases o los trabajadores de Marbella haciendo de guardia civil.
3— Santiago Carrillo, alias el demócrata de toda la vida, se nos ha descolgado ahora con una afirmación en la que enmienda la plana a Carlos Marx. La religión ya no es «el opio del pueblo». Para el líder «comunista» los tiempos han cambiado; quizás está en lo cierto y el «opio del pueblo» sea su jesuítico eurocomunismo por lo que tiene de pacifista lameculos y comecocos. Lo que no puede negar es que es más grave casi el creer en él que en el dios tonante del Sinaí. De todas maneras el decálogo y su programa tienen bastante en común: obedecer a quien sea sobre todas las cosas.
4— Federica Montseny, la momia del anarcosindicalismo español hace días en una intervención ante jubilados dijo una frasecita encantadora: «Es preciso ir a una nueva revolución, a las huelgas salvajes y a las explosiones populares».
Solo nos queda el pedir que si esta revolución se produce, ella haya acabado ya de desintegrarse,si sigue viva corremos el peligro de que vuelva a vender la clase obrera a los intereses del capital como hizo al aceptar un cargo de ministro y traicionar a los obreros que en las barricadas de Barcelona luchaban en aquel glorioso Mayo contra los estalinistas.
Por la boca muere el pez y la historia no olvida; Federica chata, desaparece !!