Alarma, tercera serie, n.º 7, verano-otoño de 1979 (pág. 2). PDF del número completo
Con la perspectiva que confiere el tiempo transcurrido y la experiencia que los hechos posteriores nos proporcionan para evitar un juicio prematuro o apasionado de una huelga recién vivida, un grupo de compañeros de Sanidad hemos hecho unas reuniones donde hemos intentado analizar la huelga «a posteriori». Las conclusiones a que hemos llegado (mezcladas con datos cronológicos para facilitar su comprensión) están aquí reunidas.
Su publicación nos parece interesante; ninguna experiencia de lucha es desaprovechable y menos una experiencia como la nuestra en la que —como se verá— la lucha no sólo se plantea contra un patrón (el Estado) o sus representantes (los Directores de los diferentes centros de la Seguridad Social) sino también contra quienes eran teóricamente nuestros representantes (los Sindicatos y la Comisión Gestora Nacional, su instrumento).
El día 28 de Enero, el Comité de Empresa, salido de las últimas «elecciones-negociaciones», teórico representante de unos trabajadores que en su mayoría se abstuvieron de votar, convoca una asamblea en la que informa por vez primera a los compañeros del turno de 12 horas de que:
Existe una Comisión Negociadora Nacional (el Comité Nacional Mixto) que está discutiendo con el I.N.P. (Instituto Nacional de Previsión) una plataforma reivindicativa. Esta Comisión «nacional» creada al margen de los trabajadores, sin su voto y consentimiento, ha elaborado una plataforma reivindicativa en la que paradójicamente el primer punto es que se reconozca su «derecho a negociar como representantes de los trabajadores». El resto de puntos son: Derogación del decrteto ley contra la huelga, aumento salarial de un 16%, aumento de plantillas y derechos sindicales.
El Comité de empresa solicitaba en nombre de la comisión nacional que los trabajadores apoyásemos con un día de huelga la tabla reivindicativa y sancionásemos así su gestión. La asamblea fue tensa; en primer lugar se puso sobre el tapete la cuestión de la creación del comité nacional, se negó su representatividad y se criticó su plataforma y el modo de elaborarla (sin contar con los trabajadores para nada). Sin embargo, dado que algunos de los puntos, en concreto el aumento salarial y el aumento de plantillas eran efectivamente reivindicaciones reales se optó por seguir la huelga pero sin darle un carácter de «presión» como pretendía el comité nacional mixto y defendían en la asamblea los miembros de CC.OO. pertenecientes al comité de empresa sino como lucha efectiva en defensa de los puntos de la plataforma que hacemos nuestros.
Esta postura de los trabajadores provoca discusiones en las asambleas siguientes; los miembros del comité de empresa intentan imponer los criterios de la Comisión nacional a los de los trabajadores y las críticas de éstos van dirigidas contra los sindicatos y su protagonismo por encima de las decisiones obreras.
La situación se prolonga; el comité de empresa que se había visto obligado a comprometerse a informar de lo que sucediera a nivel estatal, se guarda la información intentanto así poseer la totalidad de los datos para maniobrar las asambleas.
Para el comité en Madrid y en el resto de España no pasa nada; la lucha de los compañeros de sanidad es conocida en las asambleas por otras fuentes informativas.
El 4 de Febrero se comenta el decreto ley de militarización de los hospitales com consecuencia de la lucha de Madrid (el punto más agresivo del país en aquellos momentos); la postura del comité de empresa, siempre en la línea de manipular la información es la de negar que exista lucha; según ellos, una vez conseguido que el INP acepte discutir con el Comité nacional, la normalidad es absoluta.
A partir de este momento se añaden a los puntos reivindicativos dos nuevos: derogación del decreto ley de militarización y libertad de los compañeros de Madrid cogidos por la policía.
La ruptura y denuncia de los miembros del comité de empresa se produce el día 14 de Febrero. Las manipulaciones de CC.OO. y sus «compinches» provocan el rechazo de la asamblea que, a pesar de ellos, decide la huelga general.
A partir de este momento hasta el final de la huelga, CC.OO. se mantendrá en su postura de ser contraria a la huelga y sus elementos aisladamente participarán en las asambleas para boicotearlas.
La asamblea decidió, pues, la huelga total salvo los servicios de urgencia. La lucha, nacida a remolque de las negociaciones de Madrid, se estanca y adquiere prioridad en ella la libertad de los compañeros detenidos.
Lo importante es que desde este momento es la asamblea la que decide en cada día, por medio de piquetes espontáneos, la solución a los problemas que plantea una situación tan difícil como es una huelga en la Seguridad Social.
Precisamente para demostrar su talante auténticamente obrero, la asamblea de trabajadores fomenta la participación de enfermos y de familiares, rompiendo con la imagen de una sanidad al margen del poder de decisión de quienes la costeamos, los trabajadores.
El resto, el que la huelga terminase prácticamente el día 22 es lo menos importante; tampoco lo es el que las reivindicaciones se lograsen por medio de la comisión nacional (una auténtica fantasmada de los sindicatos) gracias a nuestra lucha.
Lo realmente importante de esta experiencia es:
— señalar la manipulación de los sindicatos al crear organismos sin representación real (ellos mismos no la tienen)
— denunciar la demagogia utilizada para inventarse plataformas reivindicativas donde al lado de reivindicaciones reales añaden las que sólo a ellos interesan (representatividad, libertades sindicales, etc.)
— aprender por propia experiencia que los delegados sindicales defenderán siempre las diretrices de sus líderes por encima y en contra de las decisiones de las asambleas de los trabajadores.
— aprender de una vez por todas que la asamblea de trabajadores es capaz de solucionar todo tipo de problemas prácticos que se planteen sin necesidad de que existan organismos burocráticos que dirijan todo: la lucha o la normalidad.
— ver la eficacia de hacer colaborar a los trabajadores (enfermos y familiares) en las decisiones que les afectan: la sanidad.