Alarma, tercera serie, n.º 10, 1980 (págs. 8-9). PDF del número completo

Una vez más, los medios de comunicación del Estado, la patronal y su prensa y la gran mayoría de partidos y sindicatos nos convocan a las urnas.

Otra vez más, todos aquellos interesados en afianzar el orden capitalista reclaman solícitos, casi implorando, nuestro voto para perpetuar la integración de la lucha proletaria en las tramas de la delegación, de la pasividad y de la sumisión de los proletarios a las instituciones burguesas en la clase obrera y a sus agentes.

Las elecciones sindicales suponen, en el seno de la empresa, la implantación del neocorporativismo burgués y los métodos parlamentarios que son la negación de las formas de organización y de los métodos de lucha de clases, de los que se dota nuestra clase cuando quiere liberarse de falsos tutores, de partidos y líderes que nos venden por unas migajas a cambio del orden y la productividad sacrosanta.

Boicot a las elecciones sindicales

¿Por qué el F.O.R. está por el Boicot?.

  • Llamamos al boicot porque las funciones de los delegados, los comités de empresa, y las secciones sindicales están orquestadas para anular a la asamblea de fábrica y los comités elegidos y revocables que son los únicos instrumentos de discusión-organización-acción libres e independientes de las presiones del capital, de su Estado y de sus partidos políticos.

  • Propiciamos el boicot porque las elecciones sindicales conducen irremisiblemente a la creación de una burocracia permanente que, junto a los aparatos sindicales, impide la acción directa de los trabajadores, reduciendo su actividad al voto trianual desarmándolos de nuestro patrimonio histórico: la asamblea, la acción directa, la huelga salvaje, el sabotaje y la solidaridad de clase.

  • Impulsamos el boicot porque la patronal y los sindicatos persiguen, a través de los comités de empresa la implantación de un sindicalismo a la europea -el único posible hoy- que impida la extensión, centralización y radicalización de los conflictos.

Los comités de empresa y con ellos los sindicatos, constituyen la garantía de la aplicación de los pactos sociales, del estatuto de los trabajadores, de las leyes anti-huelga todo ello firmado en nombre de la clase obrera y a sus espaldas. Comités de empresa y sindicatos son los instrumentos más adecuados para frenar el descontento de los trabajadores obteniendo lo accesorio y alejándonos de nuestro objetivo fundamental: la lucha anticapitalista.

  • Boicotear las elecciones sindicales es un paso obligado en la perspectiva de destruir los sindicatos como expresión del enemigo más cercano que tenemos los trabajadores en las fábricas y en los centros de trabajo.

Los sindicatos son hoy en España, como en todo el planeta desde hace decenas de años, aparatos burocráticos que controlan y encuadran a la clase obrera. Se trata de instituciones defensoras del capital, con intereses propios en las mismas relaciones de producción capitalistas. Apoyan a sus partidos hermanos -USO/UCD, UGT/PSOE, CCOO/PCE, CNT/FAI- y buscan insertarse en el aparato burocrático y estatal de donde extraen sus prebendas. Para ello deben aumentar y perpetuar la división de los trabajadores, torpedear su acción directa y su organización independiente, contener la lucha en la fábrica, evitando incluso la extensión al ramo. Hacen valer su autoridad entre sectores obreros para conseguir sus propósitos a cambio de maniatar a la clase que dicen representar. Para ser claros: los trabajadores debemos reconocer en los sindicatos a elementos de la contrarevolución.

Hay que avanzar, pero hay que tener claro cómo. Frente a los comités de empresa y a las secciones sindicales debemos oponer nuestras asambleas y nuestros comités elegidos y revocables. Frente a la burocracia capitalista de estado, asambleas como libre expresión de los trabajadores, como órganos de discusión, planificación y acción y comités elegidos y revocables en los momentos de lucha, comités de delegados que no pueden actuar al margen del control directo de la asamblea. Así se expresa la clase obrera en lucha y sólo así puede librarse de una vez por todas de los mercaderes de la política.

¿Cómo avanzar hoy?. Celebremos asambleas, aprobemos el boicot y extendamos a otras asambleas y a otros grupos de trabajadores nuestra propuesta. Cada trabajador enemigo de los sindicatos es un luchador contra el capital y por el comunismo.

Cada paso hoy es un salto mañana.

Ni una sola concesión, ni un solo respiro a los boicoteadores vergonzantes, la mayoría de los cuales nos ofrecen su recambio incorrupto: la CNT. Frente a las burocracias corrompidas, las burocracias honestas; frente a las secciones sindicales amarillas, las secciones sindicales rojinegras; frente al capitalismo de estado, el anarquismo de estado. Anarquistas y marxistas críticos tratan de desenterrar el fantasma del sindicalismo revolucionario. ¡Vana y descabellada pretensión de restauradores de dogmas inservibles, muy propia de los que ofician como diáconos auxiliadores de la conciencia proletaria!.

Las cosas son muy de otro modo. Los sindicatos fueron una de las formas organizativas de las que se dotó la clase obrera en la etapa del capitalismo ascendente -etapa caducada ya hace decenios.

Con esa organización los trabajadores pugnaban por mejorar sus brutales condiciones de vida y trabajo, sin ir más allá en sus objetivos en el terreno práctico a pesar de algunas proclamaciones aisladas.

El sindicalismo revolucionario cubrió su papel dignamente pero desde principios de nuestro siglo la situación es muy distinta. Luchar contra la barbarie capitalista exige una respuesta en el camino del comunismo en la que el sindicalismo aparece como una mera reliquia del viejo movimiento obrero hoy caduco y se opone ferozmente a ese objetivo.

Desde hace años cuando la disyuntiva se plantea entre revolución social y la barbarie en que estamos inmersos, las alternativas sindicales de cualquier signo y condición se alinean con la reacción y son esencialmente contrarevolucionarias. No hay viejo mito capaz de alterar esa conclusión cimentada por múltiples derrotas de los trabajadores.

Abatir el capitalismo exige un nuevo movimiento obrero que rescatará de su pasado las armas que le sirvan para la lucha y enterrará todo aquello que la obstaculiza.

Compañeros, contra la patronal, los partidos y los sindicatos boicoteemos las elecciones sindicales.