Alarma, tercera serie, n.º 13, mayo de 1982 (págs. 1-3). PDF del número completo
(Traducción del n.º 7 de ALARME.)
En el número anterior (Alarme 6) habíamos tratado el problema del ataque del trabajo asalariado y de su abolición. Nos parece necesario mostrar ahora que el ataque al trabajo asalariado y su abolición no representa, contrariamente a lo que muchos creen, la toma del poder por el proletariado a escala casi mundial. Eso no significa ni mucho menos que el socialismo sea posible en un solo país. Tratemos de explicarlo.
El sistema de explotación capitalista se distingue, entre otras cosas, de los sistemas de explotación anteriores en el hecho de que su dominación es ya hoy en día mundial. Su modo de producción y su propia dinámica le predestinaban a imponerse y dominar la totalidad del globo.
Por esto mismo su destrucción por el proletariado -fuerza igualmente mundial e históricamente antítesis del capitalismo por su función en el proceso productivo- no puede ser más que a nivel mundial.
De ahí la insistencia de todos los revolucionarios, del pasado y del presente, en la necesidad vital de la internacionalización de las luchas proletarias y de la revolución.
Sin esta internacionalización el comunismo no podrá ser realidad.
Aunque importante, lo dicho hasta ahora no es suficiente si se tienen en cuenta experiencias pasadas. Es imperativo definir la base sobre la cual el poder obrero puede y debe extenderse a nivel mundial. Debemos definir el contenido de la revolución proletaria donde quiera que surja, si surje.
¿Debe ser POLÍTICA en espera de la internacionalización del poder obrero, o bien debe ser SOCIAL y sobre esta base generalizarse?.
A esto debe contestarse con máxima claridad, sin equívoco posible.
La oleada revolucionaria de 1917-1937 fue aplastada no por la burguesía sino principalmente por el poder contrarrevolucionario staliniano. En esta medida, lo que más o menos representaba el arranque del movimiento revolucionario ruso fue escamoteado, deformado a saciedad en beneficio de un sistema que ya no tenía razón de ser: el capitalismo mundial.
Si es cierto que los jalones de derrota son promesas de victoria, también es cierto que los que aspiran a la victoria deben interrogarse sobre los motivos de las derrotas pasadas a fin de no reproducir errores anteriores o aplicar métodos que podrían serlo en el presente, dada la nueva situación.
La confusión, introducida por la contrarrevolución rusa o por la no comprensión de lo que en realidad estaba sucediendo por parte de los revolucionarios, persiste aún en grupos y tendencias.
La revolución rusa fue una revolución permanente que nunca pudo llegar a socialista. En nombre de unas condiciones objetivas insuficientes, el proletariado se vió obligado a realizar las tareas que la burguesía había sido incapaz de llevar a cabo, esperando en tanto la revolución mundial para realizar las tareas socialistas de la revolución proletaria; esto era, a groso modo, lo que pretendían realizar los bolcheviques. Pero la economía rusa nunca dejó de ser capitalista. La propiedad sólo cambió de manos.
Cuando Stalin proclama que el socialismo es posible en un solo país lo que en realidad pretende es consolidar en sus propias fronteras el sistema que "le legaba" la no realización de la revolución socialista mundial.
En una palabra, ni los bolcheviques ni después el contrarrevolucionario poder stalinista han realizado socialismo en un solo país. Stalin, hablando de ello mentía descaradamente machacando todo lo que representaba aún el estallido del octubre rojo.
Esto demuestra que atacar el trabajo asalariado y por ende las relaciones capitalistas de producción antes de la toma del poder por el proletariado a escala mundial no significa en modo alguno la realización del socialismo en un solo país. Lo contrario sería no haber comprendido el papel del estalinismo concediéndole un objetivo que no corresponde a su actuación: la de ser el verdugo más feroz del socialismo y sus defensores.
Nuestro propósito aquí no es determinar si en la época se podía o no defender la idea de revolución permanente, pues si la revolución hubiese triunfado, la cuestión ni se plantearía. Pero hoy, ante el fracaso de la revolución la cuestión que se plantea es otra y más tajante.
Son muchos los que coinciden -incluso en corrientes que ya nada tienen que ver con el comunismo como los troskistas- en que las condiciones están ya "maduras". La pregunta es lógica: ¿Maduras para qué?.
Entremos en el meollo de la cuestión: ¿Revolución política o social?
"Quienes hacen revoluciones a medias cavan sus propias tumbas" decía St Just. Los defensores de la primera opción cavan inconscientes su tumba y cavan la de la revolución si son conscientes de su error. Consciente o inconsciente, esta posición debe ser combatida ya que en ambos casos si persisten en su idea se colocarán contra el movimiento social si hay movimiento revolucionario.
Decir que las condiciones objetivas están maduras significa que el capitalismo ha forjado ya las armas necesarias para que el proletariado lo destruya totalmente dando vida por su propia negación como clase a la única sociedad humana posible: el comunismo.
Así pues, la toma del poder por el proletariado no es un fin en sí mismo; es el único medio de que dispone la clase para la realización de sus tareas; esta afirmación era válida antes y lo es ahora también.
Criticar la revolución permanente es válido si no se mantiene una posición que por ser estática es aún peor que ella que por lo menos tenía en cuenta el movimiento y era profundamente dialéctica tanto en su origen teórico como en su intento de puesta en práctica.
Los partidarios de la revolución política internacional considerada como objetivo primordial para poder realizar tareas socialistas se guardan muy mucho de pronunciarse, aunque sea sumariamente, sobre el período de transición. Este período se resume para ellos en frases como: "poder de los consejos obreros, dictadura del proletariado, estado obrero... etc."
En cuanto a realizaciones sociales se conforman con decir que es imposible destruir las relaciones de producción capitalistas ya que lo contrario sería defender el socialismo en un solo país.
Volvamos al punto central. Contrariamente al siglo pasado las condiciones están ya dadas a nivel mundial. Si están ya dadas, el proletariado no tiene por qué crearlas. En consecuencia debe, ya que no puede hacer otra cosa, atacar las relaciones capitalistas de producción a fin de destruirlas y esto en cualquier sitio donde llegue a ser la clase dominante. Esto no es utópico. Sí lo sería su contrario desde una correcta óptica socialista a menos que se crea en la infalibilidad e incorruptabilidad del ser humano.
Es preciso recordar una vez más el ABC del comunismo: Son las relaciones de producción las que determinan las relaciones sociales y no a la inversa. Negar esto en la práctica es caer de bruces en el más vulgar de los idealismos.
Es por esto por lo que afirmamos que toda revolución que se limite al terreno meramente político (toma del poder por el proletariado) degeneraría rápidamente y daría como resultado inevitable un capitalismo de estado.
Ningún poder obrero por muy puro que sea puede mantenerse sin realizaciones comunistas a nivel social; mejor dicho un poder es realmente obrero cuando el proletariado actúa como fuerza independiente contra todo lo que representa la explotación del hombre por el hombre y por ende contra el capitalismo en tanto que sistema social contemporáneo.
Además si las condiciones están más que maduras mal puede uno imaginarse que el proletariado hiciese otra cosa al erigirse en clase dominante. No hay que olvidar que el proletariado es históricamente la clase revolucionaria por excelencia gracias a su lugar en las relaciones sociales de producción y no es comprensible qué tipo de poder detentaría si no lo utilizase para modificar su papel y su posición social.
Es sobre esta base y sólo sobre ella como llega a ser capaz de provocar el entusiasmo de su propia clase en el mundo entero.
Hasta ahora hemos rechazado la idea de una simple revolución política en la medida que agudiza los numerosos peligros que todo movimiento conlleva y que además los aumenta incluso antes de que el movimiento se produzca.
Efectivamente un estado obrero no puede mantenerse si la revolución no se extiende internacionalmente lo que implica que el socialismo no puede establecerse en un solo país. Y esto sea cual sea el contenido de la revolución (política o social).
Añadamos a esto que la supresión de las relaciones capitalistas de producción no equivale a socialismo (o comunismo, poco importa la palabra) sino suponiendo una destrucción efectuada por la clase obrera un paso hacia el socialismo. Pero este paso, afirmamos, debe ser reafirmado lo más rápidamente posible. Es decir que, incluso aislada, la clase obrera que haya hecho triunfar la revolución a nivel de un solo país deberá, incluso en el proceso de la lucha, eliminar las bases económicas de las clases y lo tendrá que hacer si no quiere seguir siendo una clase explotada.
Es a esto a lo que los revolucionarios deben prepararse: prepararse para empujar la clase en su tarea; en caso contrario se condenan a ser frenos u obstáculos en la marcha del proletariado hacia la revolución.
Sin este ataque de las relaciones de producción capitalistas buscando su abolición por la vía más rápida posible el estado obrero se deteriorará en el acto. Esta corrupción producirá el triunfo de una contrarrevolución escondida en los organismos mismos de este estado y la experiencia del fracaso de la revolución rusa a causa de la ruptura no evidente entre revolución y contrarrevolución se producirá de nuevo y esta vez con consecuencias incalculables para el porvenir de la humanidad.
"Sólo la desaparición de la ley mercantil del valor basada toda ella en el trabajo asalariado acarreará la extinción del estado. Si desde los primeros días de la revolución no se busca esta desaparición el estado se convierte rápidamente en el organizador de la contrarrevolución."
(Pro Segundo Manifiesto. F.O.R.)