Alarme, n.º 1, mayo-junio-julio de 1978 (pág. 11). PDF del número completo · Texto original en francés
Hoy, tanto quienes habitualmente defienden el capital pretendiendo combatirlo como quienes declaran francamente que lo apoyan se encuentran, todos unidos, en torno al gobierno. Sindicatos y partidos de izquierda vuelven a mostrar a plena luz lo que nunca han dejado de ser desde el final de la guerra en Italia (en Francia fue mucho antes), después de que el fascismo cumpliera su papel y fuera arrojado al desván por la «democracia» que lo había engendrado. Para colmo, el terrorismo, inofensivo para el orden capitalista y consecuencia de la inexistencia de un movimiento revolucionario poderoso que presente perspectivas claras, con el secuestro del jefe de la muy burguesa Democracia Cristiana, ha proporcionado al Estado italiano la mejor de todas las coartadas para su reforzamiento. ¡Y fueron los sindicatos los que llamaron a la clase obrera a llorar la suerte de los infortunados gorilas de nuestro querido Aldo Moro!1 ¡Y fue el P«C»I el que llamó a los ciudadanos italianos a la delación, al espionaje de unos por otros —en Rusia y en China a esa infamia se la llama de manera muy elegante vigilancia mutua—!… ¡Y es la clase obrera, en su mayoría, la que siguió esas consignas! Por lo demás, ¿cómo extrañarse? El terrorismo, al cristalizar la violencia en los estrechos límites de pequeñas sectas, aísla esa violencia, a la que pega el epíteto de proletaria, y la coloca fuera del proletariado, que, como consecuencia natural, la rechaza y la condena en lugar de asumirla, como ocurre en un periodo revolucionario, en el que la violencia de los terroristas parece bien pálida comparada con la de una masa de individuos que se dan cuenta de la realidad de la vida miserable que se han visto obligados a padecer y de cuánto los han engañado, burlado y escarnecido.
Aldo Moro, presidente de la Democracia Cristiana, fue secuestrado por las Brigadas Rojas el 16 de marzo de 1978 en Roma, tras matar a los cinco hombres de su escolta; fue asesinado el 9 de mayo. ↩