Alarme, n.º 1, mayo-junio-julio de 1978 (pág. 11). PDF del número completo · Texto original en francés

Los contendientes: de un lado, Camboya, apoyada por China y, a través de ella, por Estados Unidos; del otro, Vietnam, apoyado por Rusia. De un lado como del otro, un mismo sistema, una misma barbarie.

Tras una pretendida «guerra de liberación nacional», apoyada por todos los falsificadores, defensores del imperialismo ruso, la sangría continúa. No bastaba una matanza que había durado treinta años, la aniquilación por mucho tiempo de toda combatividad proletaria: hacía falta que el genocidio prosiguiera. ¡Y cómo no iba a continuar! Desde hace más de medio siglo la guerra imperialista mata y destruye un poco por todas partes a la vez en el mundo. No son las exhortaciones de los trotskistas a la paz o a un acuerdo amistoso entre los dos países «hermanos» las que harán cesar la guerra. «Hermanos» lo son en la forma que el sistema capitalista ha tomado en el marco de sus fronteras; «hermanos» lo son en la barbarie, en la atrocidad que se deriva inevitablemente del capitalismo de Estado; pero unos intereses imperialistas divergentes hacen que se peleen y que sigan peleándose en detrimento de las poblaciones vietnamita y camboyana. La paz, entre esos países como en el resto del mundo, solo la conquistará la acción revolucionaria del proletariado internacional, contra toda mistificación de «liberación nacional», hoy simple paso reaccionario de un bloque a otro. La paz solo se conquistará mediante la destrucción radical del sistema capitalista con todas sus contradicciones. Mientras la revolución mundial no haya estallado y no haya vencido, aboliendo las fronteras entre los hombres, será vano y mentiroso hablar de paz en un mundo que no acaba nunca de asolar la superficie de la tierra.

¡GUERRA A LA GUERRA! ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!