Alarme, n.º 2, octubre-noviembre-diciembre de 1978 (pág. 13). PDF del número completo · Texto original en francés
Artículo redactado a partir de informaciones proporcionadas por un camarada norteamericano.
La huelga nacional de los mineros terminó en marzo. Los mineros fueron derrotados en la medida en que se vieron obligados a aceptar cláusulas destinadas a aumentar la productividad. Sin embargo, la huelga de los mineros, aun siendo una derrota, fue un acontecimiento positivo para la clase obrera norteamericana. Mostró que los obreros industriales son más jóvenes, más combativos y tienen más voluntad de actuar frente a los sindicatos. Por encima de todo, esa huelga demostró que los trabajadores pueden resistir al Estado capitalista, que las medidas reaccionarias de los patronos no tienen por qué aceptarse humildemente, como los sindicatos han recomendado desde hace tanto tiempo, y que la resistencia obrera puede contar con el apoyo de una amplia mayoría de la población. La huelga de los mineros desveló la mentira de décadas de propaganda sindical y marcó la pauta para todos los conflictos industriales del periodo inmediato.
En Correos, 600.000 trabajadores, tradicionalmente mal pagados, reclamaron un aumento efectivo del 14 % de su salario a partir del 1 de julio. El gobierno de Carter había declarado inflacionista la demanda de los trabajadores de Correos y, en caso de huelga, había amenazado con recurrir al ejército. Los burócratas sindicales de Correos prometieron, naturalmente, mantenerse fieles a la ley y suprimir el movimiento de huelgas salvajes y el sabotaje, cuya probable extensión admitían, con el gobierno.
En agosto, dos centros de clasificación postal estaban ya en huelga.
En los ferrocarriles, aunque están sometidos a las cláusulas de la corporativista Railway Labor Act de 1934 (que prohíbe las huelgas), el respeto de los trabajadores del ferrocarril por ese o por cualquier otro contrato no existe, lo que hace muy real la posibilidad de una explosión dura; y una breve huelga nacional de los ferrocarriles tendría consecuencias catastróficas para los negocios, en todo caso mucho mayores que una huelga prolongada del carbón.
Los sindicatos hicieron circular muy pronto rumores sobre supuestos acuerdos para retrasar la huelga que se anunciaba. El 10 de julio, el Wall Street Journal anunció un proyecto de contrato aprobado por los sindicatos ferroviarios más importantes que estipulaba un aumento del 3 %, con efecto retroactivo al 1 de abril, y que, de manera inquietante, introducía una nueva discriminación salarial en perjuicio de los obreros más jóvenes que hacían el mismo trabajo que los de más edad. Ese contrato desenmascaró claramente a los burócratas sindicales del ferrocarril, igual que Arnold Miller y los burócratas de la U.M.W. (central sindical de los mineros) quedaron desenmascarados al aceptar las propuestas de contrato antihuelga de los patronos de las minas el invierno pasado.
El 10 de julio, entre 4.000 y 5.500 empleados se pusieron en huelga en la compañía ferroviaria Norfolk & Western, una de las mayores y más rentables líneas de transporte del carbón del Este, que opera en pleno corazón de la región afectada por la huelga del carbón de los Apalaches (la Norfolk & Western Railway estuvo esporádicamente en huelga para detener movimientos de esquiroles durante la reciente huelga del carbón). Los demás obreros de la Norfolk & Western Railway respetaron unánimemente los piquetes de huelga de los empleados, lo que obligó a una suspensión casi total de las operaciones de la Norfolk & Western. Ya a mediados de julio, un grupo de empleados del ferrocarril hacía un llamamiento a celebrar asambleas de todos los trabajadores del ferrocarril, y en agosto la huelga había seguido progresando. Sin embargo, la tarea inmediata y urgente de los trabajadores del ferrocarril de todo Estados Unidos era, en julio (desde entonces carecemos de noticias precisas sobre el desarrollo de los acontecimientos), ampliar y profundizar las posibilidades que ofrecía la huelga de los empleados de la Norfolk & Western Railway.
Por último, a mediados de agosto ya se habían declarado huelgas en las industrias del papel, de la alimentación y del transporte por carretera.