Alarme, n.º 2, octubre-noviembre-diciembre de 1978 (pág. 5). PDF del número completo · Texto original en francés
Las pequeñas disputas en el seno del Partido (anti)comunista francés sobre la mejor manera de tomarle el pelo a la clase obrera dan lugar a veces a confesiones interesantes, ya sea de miembros muy bien situados, para minar la reputación de otros dirigentes, ya sea de antiguos miembros dirigentes apartados que todavía no consiguen tragarse la espina de su expulsión.
Este último es el caso de Roger Garaudy, que, al evocar mayo del 68, nos muestra indirectamente y de forma muy cruda la acción del P«C» y de la CGT, sus relaciones mutuas e incluso su pesar por haber cortado un poco demasiado pronto los movimientos de huelga, descubriendo su juego un poco demasiado pronto.
«El buró político, y concretamente Marchais, le dijo a Séguy: “Tienes que encontrar una salida, hay que parar las huelgas”. Séguy observó, con razón, que se podía hacer, que la C.G.T. tenía autoridad suficiente, pero que íbamos a dejarnos plumas. Su contacto con los obreros le daba una percepción más clara de la importancia de los acontecimientos (…).
»Nos reuníamos todos los días y las reuniones eran a menudo muy acaloradas. Los que estaban en contacto directo con el movimiento no paraban de explicar que no se haría volver a la gente así como así, de un papirotazo. En ese punto, los dos Georges se oponían. Recuerdo incluso que un año después Marchais soltó en una reunión: “Quizá paramos las huelgas demasiado pronto”, y Séguy se enfadó mucho. “¡Pero si fuiste tú quien me lo pidió!”, respondió. “Fue una decisión del buró político. No hay que poner en tela de juicio a la dirección de la C.G.T.”»
Le Monde del 26 de mayo de 1978