Alarme, n.º 3, enero-febrero-marzo de 1979 (pág. 9). PDF del número completo · Texto original en francés
Basta de una vida de gilipollas, en la que el hombre no es más que una vaca lechera. Tenemos que ser algo más que máquinas de producir cuyo valor es la paga cobrada durante toda la vida. Hagamos temblar a nuestros chulos (los sindicatos) y a aquellos a quienes vendemos nuestra fuerza de trabajo. Detengamos este ciclo infernal en el que cada día nos arrancan un pedazo de nuestra dignidad. Hagamos la huelga indefinida, quememos los bonitos esquemas de los sindicatos, que entonces demostrarán que tal o cual empresa no podrá sobrevivir a una huelga prolongada: eso es asunto suyo, no nuestro; nuestro combate no está ahí, queremos romper el capitalismo, acabar con los beneficios que sacan de nosotros patronos, Estado y sindicatos. Demostremos que, a pesar de todo, tenemos agallas, lo que nos distingue de los borregos; tengamos el valor de gritar nuestro odio a quienes día tras día nos roban la vida, nuestro derecho a existir en un mundo en el que todos los capaces de ello producirían y en el que, por tanto, podríamos trabajar mucho menos, dejar de vendernos, gozar por fin, en lugar de no ser más que los instrumentos de goce, los prostituidos de una capa burocrática compuesta de sindicalistas, patronos, etc.
Si seguimos así, no existimos como hombres. «Salario digno», expresión falsa y culpable de los sindicatos, ¡como si cobrar un salario, ser un esclavo obediente, pudiera ser digno! Denunciemos esas expresiones, vayamos más lejos, despertemos: ¡a nosotros los placeres!