Alarme, n.º 3, enero-febrero-marzo de 1979 (pág. 5). PDF del número completo · Texto original en francés
«El mayor suicidio colectivo de la historia de los hombres», nos han machacado cuando varios centenares de discípulos del muy iluminado Jim Jones se dieron voluntariamente la muerte en Guyana.1 Incomprensión, horror colectivo ante el hecho de que unas personas hayan podido suicidarse a simple petición del maestro-gurú al que veneran. Horror ante un hechizo que se creía imposible. Atenuado el terror, reaparece la razón, que dice: «Yo nunca caeré en semejante encuadramiento y estupidez».
Y SIN EMBARGO...
- ¿Qué fue la guerra del 14 sino un gigantesco suicidio colectivo en nombre de la sacrosanta madre patria?
- ¿Qué fue la guerra del 39 sino otro gigantesco suicidio colectivo en nombre del antifascismo y de la grandeza nacional? ¿No eran los llamados a filas suicidas en potencia, encuadrados por sus propios explotadores nacionales, suicidas en potencia programados para matar a los explotados del campo contrario, encuadrados también para el mismo fin?
- ¿Qué es aceptar un mundo que ha creado los medios más que necesarios para su propia destrucción, sino un mundo de suicidas en suspenso?
Pero detengamos aquí una lista que no acabaría nunca.
¿Qué más nos han dicho para escandalizarnos con esa maldita secta de Jones? «Los miembros de esta secta trabajan once horas al día en nombre del nuevo mesías».
- Pero ¿qué son los campos de reeducación chinos sino enormes campos de trabajo que alimentan al gran gurú «capitalismo de Estado», falsamente bautizado socialismo?
- Pero ¿qué es el gulag sino enormes campos de trabajo que nutren al gran gurú «capitalismo de Estado»?
- Pero ¿qué son, en fin, esos millones de individuos que se levantan cada mañana para vender o intentar vender su fuerza de trabajo, sino gente sometida al más grande de los grandes gurús, llamado «capitalismo mundial»?
En realidad, ese hecho mínimo que todo el mundo, horrorizado, señala con el dedo, «la secta de Jones», NO ES MÁS QUE EL REFLEJO DE NUESTRA PROPIA VIDA DE ESCLAVOS SOMETIDOS Y DE LA TOTALIDAD DEL MUNDO EXISTENTE.
El 18 de noviembre de 1978, en Jonestown (Guyana), más de novecientos miembros del Templo del Pueblo, la secta del pastor Jim Jones, murieron por envenenamiento colectivo. ↩