Alarme, n.º 4, abril-mayo-junio de 1979 (pág. 15). PDF del número completo · Texto original en francés
Hace poco, China, bajo el imperialismo norteamericano, y Vietnam, bajo el imperialismo ruso, se enfrentaron militarmente.1 Con este motivo se han podido oír las estupideces más monstruosas que es posible oír, de la derecha a la extrema izquierda. Unos denunciaban como falsas las teorías de Marx, puesto que «dos Estados socialistas» se hacían la guerra; otros explicaban el estallido de la guerra negando a uno u otro de los dos Estados en liza la condición de socialista; otros, en fin, se lamentaban explicando que todo aquello se debía a la «degeneración» de los «Estados obreros» que serían, según ellos, China y Vietnam, y proponían como solución al conflicto la «Unión frente al imperialismo» (entiéndase: el imperialismo norteamericano). Lo habremos oído todo.
Pero ¿son esos Estados «socialistas» u «obreros», como pretenden todos esos analistas? ¡NO! Ni el Estado chino ni el Estado vietnamita tienen carácter «socialista» u «obrero», como se quiere hacer creer desde todas partes. Esos calificativos se deben, bien a la imbecilidad crónica de quienes los adelantan, bien, más seguramente, a mentiras destinadas a desorientar a la clase obrera y a quienes honradamente quisieran suprimir la explotación y la opresión del hombre por el hombre.
Lo primero que salta a la vista es que nada se parece más al régimen chino que el régimen vietnamita, y viceversa. Además, hay que llamar al pan pan y al vino vino. Pues bien, en China como en Vietnam subsisten la compra y la venta de la fuerza de trabajo. Lo que distingue en este plano a esos dos países de países como Francia o Estados Unidos es simplemente que en estos los obreros pueden elegir entre diferentes patronos para vender su fuerza de trabajo, mientras que en aquellos ni siquiera tienen esa elección, pues no tienen más que un patrón: el Estado. Y que no se nos venga a decir que China y/o Vietnam atraviesan una fase de transición hacia el comunismo. La fase de transición hacia el comunismo no tiene nada que ver con el capitalismo de Estado que reina en esos dos países, con regímenes copiados del de Stalin, en los que el Partido-Estado todopoderoso y venerado tiene un derecho arbitrario de vida o muerte sobre cada uno de los ciudadanos a los que gobierna. El capitalismo de Estado no es más que una marca de la barbarie creciente del capitalismo mundial decadente, y su carácter progresista es tan grande como negra la nieve. Y que todos los que lo duden nos dejen libre el campo yéndose a vivir allí y a morir de privaciones y agotamiento.
La respuesta que deben dar los proletarios de todos los países a una guerra como la que ha tenido lugar entre China y Vietnam (que tendrá sin duda prolongaciones bélicas), como a cualquier otra guerra, es actuar por la revolución social, internacional. Proletarios de todos los países, ¡no nos dejemos llevar a matanzas fratricidas! ¡Apuntemos las armas que nos dan para matarnos entre nosotros contra quienes nos empujan al matadero! Nuestro enemigo es el Estado capitalista con todos sus dirigentes y servidores.
CONTRA LA GUERRA, CONTRA LA OPRESIÓN Y LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA: ¡LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
El ejército chino invadió el norte de Vietnam el 17 de febrero de 1979 y se retiró a mediados de marzo. ↩