Alarme, n.º 4, abril-mayo-junio de 1979 (pág. 4). PDF del número completo · Texto original en francés

La «extrema izquierda» clama por la abstención, la «izquierda» duda entre el sí y el no, la «derecha» liberal está por el sí.

Nosotros, por encima de todos esos chacales que aúllan a la muerte, afirmamos que, para los revolucionarios, la cuestión no está ahí.

¿Qué nos presenta hoy la realidad? Una sociedad capitalista que reina sobre todo el planeta y que, desde comienzos de siglo, está en plena decadencia, es decir, que el crecimiento económico del capitalismo ya no está ligado a un desarrollo social, sino que, al contrario, va en contra de este.

En el capitalismo, el hombre solo cuenta por su aptitud para producir. Vivimos en una sociedad bárbara en la que los adoradores del trabajo asalariado, patronos-sindicatos-Estado, empujan al matadero al mayor número posible de personas.

Sobre la «cuestión de Europa», las diferentes tendencias del capital quieren, de hecho, que nos pronunciemos:

  • o bien por una Europa del capitalismo de Estado o de la autogestión del capital, en el caso de la izquierda y la extrema izquierda;
  • o bien por una Europa del capitalismo «liberal», en el caso de la derecha.

Estas tendencias tienen opiniones diferentes sobre el capitalismo en Europa, pero todas están de acuerdo en un punto: mantener este mundo podrido.

Nosotros queremos acabar con este mundo podrido, caracterizado por su barbarie nunca igualada, su subcultura y su subconsumo generalizados y por unas relaciones estúpidas de competencia para venderse lo más caro posible, para ser lo más rentable posible en el mercado de trabajo. No tenemos que buscar cómo hacer funcionar «lo mejor» posible este sistema: tenemos que DESTRUIRLO.