Alarme, n.º 6, octubre-noviembre-diciembre de 1979 (págs. 13-14). PDF del número completo · Texto original en francés

La fase 1 ha concluido: Bokassa I está políticamente eliminado.

La fase 2 está desarrollándose: se trata de que Francia no pierda su influencia sobre el ex «Imperio» —hoy república— centroafricano.

¡Ah, de verdad que nos toman el pelo con todo el alboroto que todavía se arma en torno a la famosa matanza de niños de Bangui! Ya habíamos tratado de esta mistificación en ALARME n.º 5,1 pero desde entonces los acontecimientos han confirmado lo que decíamos y, a la vez, han llevado la triste farsa a su conclusión lógica. Se sigue queriendo hacernos tragar que fue el horror de esa matanza lo que empujó a un ex presidente de Centroáfrica y a sus compinches, entre ellos el ex primer ministro (!) de Bokassa, a eliminar a este último.2 ¡Pobres sentimentales! Y pensar que era ese malvado Bokassa quien empujaba al actual vicepresidente a participar en sus juegos de manos (¡juegos de villanos!). En cuanto a Francia, no fue ella quien organizó bajo mano el golpe de Estado. No, claro que no; si no, ¿dónde quedarían los sacrosantos principios de la no injerencia en los asuntos de un país extranjero? Y, desde luego, fue pura casualidad que el nuevo gobierno centroafricano llamara a Francia para que le ayudase a mantener el orden. Y si el gobierno francés respondió con tanta diligencia (llegando incluso a desembarcar al nuevo presidente de la república centroafricana), lo que podría hacernos creer —¡qué mal pensados!— que se esperaba todo aquello, fue únicamente la compasión por un «pueblo» martirizado y el espíritu caballeresco lo que guio su decisión de enviar algunos soldados, por si el entusiasmo del «pueblo» por respirar un poco (¡todo es relativo!) le hacía olvidar cuánto debe a sus actuales salvadores, aunque en otro tiempo hayan formado parte del entorno de Bokassa. Esto, en cuanto a la óptica del gobierno francés.

Para la «izquierda» es un poco diferente: habría sido mejor contar con hombres nuevos, que solo se mancharan por primera vez en una mistificación a escala de Estado; o incluso —más en particular para el P«C» y la «extrema izquierda»— habría sido mejor organizar una de esas «revoluciones» que son tan prácticas: se mistifica al «pueblo», se le hace creer eventualmente en una «lucha de independencia nacional» que sacará al país de la órbita francesa para llevarlo a otra del Este o incluso del Oeste, se expulsa al tirano-títere-del-imperialismo-causa-de-todos-nuestros-males, se hace tomar el poder al «pueblo» —por intermedio de un partido que lo ejercerá en su nombre declarando una república democrática, o socialista, o una dictadura del proletariado; en fin, algo que sirva bien de cebo, ¡vamos!—, y luego se pasa a las cosas serias: se pone a trabajar al «pueblo» —la edificación del socialismo obliga—, a los jóvenes de 7 a 77 años, se elimina a los que han comprendido, o están a punto de comprender, la vasta mistificación... Eso, a grandes rasgos; en los detalles, la cosa cambia según las diferentes «vías nacionales al socialismo».

  1. «En torno a la matanza de Bangui», Alarme, n.º 5, julio-agosto-septiembre de 1979. ↩

  2. El golpe de Estado del 20-21 de septiembre de 1979 («operación Barracuda»), en el que tropas francesas repusieron en el poder a David Dacko, presidente de 1960 a 1966, a quien Bokassa había derrocado; Henri Maïdou, primer ministro de Bokassa, pasó a ser vicepresidente. ↩