Alarme, n.º 9, julio-agosto-septiembre de 1980 (pág. 19). PDF del número completo · Texto original en francés
Una vez más el capitalismo mundial, no contento con sojuzgar a decenas de millones de individuos más o menos alimentados para que lo hagan vivir, causa la muerte por hambre de miles de individuos poco importantes (¡obliga el valor mercantil!) en ciertas partes del mundo, como en Uganda, principalmente en el norte de la provincia de Karamoja, situada al nordeste del país. Para dar una idea: mueren cada día entre cien y quinientas personas desde hace cuatro meses. Algunos calculan que ha habido más de quince mil muertos desde abril. Este pequeño país, a decir de los expertos, es todavía hoy capaz de alimentar a tres veces su población. Al problema del hambre se añade el de las epidemias y enfermedades: tuberculosis, malaria, cólera y sarampión.
El mundo «humanitario» se apiada de la suerte de los desdichados ugandeses, pero, como cada vez, las causas se buscan donde no están, y para salvar las apariencias se pone en un pedestal a organizaciones como la Cruz Roja, Médicos sin Fronteras..., que nunca podrán remediar nada, porque el problema es un problema exclusivamente social, mundial, y no tiene nada que ver con la buena o mala política del buen o mal dirigente, ni con las condiciones climáticas particulares de un país cualquiera. Los muertos actuales de Uganda son víctimas del mundo capitalista (Este y Oeste juntos). Por usar los términos médicos, «más vale prevenir que curar». La única manera de prevenir es acabar para siempre con este mundo basado en el beneficio.