Alarme, n.º 11, enero-febrero-marzo de 1981 (pág. 14). PDF del número completo · Texto original en francés
En este comienzo de los años ochenta, y más particularmente en este primer semestre, el proletariado sigue sin irrumpir en la escena de la historia para barrer este sistema decadente y bárbaro y todas las fuerzas que lo sostienen.
En Polonia apareció y luchó solidariamente, pero se quedó limitado por el nacionalismo, por la religión y por la falta de apoyo real del proletariado internacional, y en particular del proletariado ruso. En general, en el mundo, ha sido casi en todas partes enrolado en luchas reaccionarias —luchas de liberación nacional...—; ha servido de carne de cañón, de tropa de combate entre distintos campos capitalistas, o, encuadrado por los sindicatos, ha producido aumentando por lo general su productividad y su tasa de explotación, con lo que su parte de consumo ha vuelto a disminuir en relación con la producción.
El crecimiento de las fuerzas productivas y el desarrollo de la ciencia y de la técnica tienen efectos totalmente nocivos para el proletariado: embrutecimiento, explotación y productividad acrecentadas, encuadramiento del proletariado en el terreno capitalista, subconsumo, contaminación, etc.
El enorme desfase entre las condiciones objetivas, presentes desde comienzos de siglo, y las condiciones subjetivas salta a la vista. De un lado, un proletariado internacional potencialmente muy poderoso y unas fuerzas productivas más que desarrolladas internacionalmente; es decir, que las condiciones objetivas están más que maduras para destruir definitivamente el capitalismo y construir sobre sus cenizas el comunismo. Del otro, un proletariado que no es prácticamente más que un inmenso rebaño de borregos, explotado y llevado al matadero.
Así pues, este sistema, que ha forjado las armas propias para su destrucción revolucionaria, no tiene ya ninguna razón de ser: es decadente. Su propio crecimiento económico es, por tanto, totalmente reaccionario y contrarrevolucionario, puesto que se opone al desarrollo social que solo el comunismo puede realizar. Este sistema es anacrónico y está en plena crisis social. No hay que desarrollarlo en ninguna parte, sino abatirlo en todas.
La ausencia del proletariado revolucionario en la escena de la historia deja el campo libre a las fuerzas capitalistas, y en particular a los dos principales imperialismos que se reparten el mundo, Estados Unidos y Rusia, cuya meta es acaparar una parte cada vez mayor de la plusvalía, en detrimento del otro imperialismo, explotando y aplastando al proletariado. Examinemos la situación con más detalle.