Alarme, n.º 11, enero-febrero-marzo de 1981 (págs. 18-19). PDF del número completo · Texto original en francés

Miles de campesinos hambrientos han saqueado últimamente almacenes y tiendas de comestibles en varias localidades del país. El cardenal arzobispo de Fortaleza, una de las cabezas del episcopado «progresista», ha juzgado que la apropiación de alimentos por hombres amenazados de morir de hambre es un «derecho legítimo» y que el respeto de la propiedad privada tiene límites. Así pues, llamamiento a los capitalistas brasileños para que cedan comida a los campesinos hambrientos con el fin de restablecer la calma en la región. En efecto, la situación puede muy bien calmarse con envíos de comida. Pero, recordémoslo, impostores religiosos y capitalistas de toda laya: cuando estalle la revolución social, no calmaréis la situación enviando comida. Al final solo podréis calmarla enviando las armas pesadas. Y entonces, burócratas religiosos, no aprobaréis la apropiación que realice el proletariado, porque será radical. La clase revolucionaria irá hacia la reapropiación total de todo el producto social de su trabajo, de todas las riquezas producidas, de las que vosotras, las principales religiones, poseéis una gran parte. Vuestro interés es la perpetuación de este sistema de explotación. Tendréis, pues, que ser atacadas y destruidas muy rápidamente, en interés vital de la revolución. Y entonces, en lugar de ejercer un derecho legitimado por el capitalismo (como propone el arzobispo), nuestro derecho quedará sancionado por la fuerza que ejerzamos sobre el capitalismo y por la consciencia de las tareas que habremos de cumplir.