Alarme, n.º 11, enero-febrero-marzo de 1981 (págs. 19-20). PDF del número completo · Texto original en francés
Trabajadores: los lacayos de los capitalistas, los mercaderes de ilusiones, os llaman a votar para elegir hoy un presidente y mañana senadores, diputados, alcaldes, concejales, sindicalistas.
Todos estos hombres y mujeres representan las distintas fachadas con que se adorna el capitalismo para ocultar su triste realidad, es decir, su dictadura. Se sirve tan pronto de unos como de otros, según la coyuntura y las necesidades del momento. En efecto, representan TODOS LOS INTERESES DE LOS CAPITALISTAS: unos, a los grandes capitalistas; otros, a los medianos y pequeños capitalistas; otros más, al capitalismo de Estado.
Los capitalistas ejercen en este mundo una DICTADURA que adopta formas políticas diferentes según el desarrollo del capitalismo en cada país.
Todos estos elegidos, estos aspirantes y estos prestidigitadores intentan ocultar, disfrazar y enmascarar la realidad social. Engañan sin vergüenza a millones de trabajadores, y para eso todo vale. Gana quien mejor sepa mentir, quien tenga más imaginación en el arte de engañar y de crear espejismos, para que, pase lo que pase, la explotación de los trabajadores se amplíe y la extorsión de la plusvalía se realice. ¿Por qué hacen todo esto? Para llevarse ellos también una parte de esa plusvalía arrancada a la sangre, al sudor, a la salud y a la vida de los trabajadores.
Ninguno de ellos pone en cuestión la propiedad privativa de los medios de producción, ni, por tanto, la posibilidad de tomar todas las decisiones sobre esos mismos medios de producción en una perspectiva de transformación completa de la sociedad dividida en clases. A lo sumo, algunos querrían ponerlos en manos del Estado (nacionalizaciones), es decir, en sus propias manos, transformando así su papel de simples lacayos del capitalismo en el de propietarios totales del capital. Ninguno quiere abolir el sistema del salariado, clave de bóveda del sistema capitalista. La abolición del salariado implica, en efecto, la unidad de los trabajadores en su lugar de trabajo, en su municipio, en su departamento, en su país y, por tanto, en el mundo. Esa unidad de los trabajadores no la quieren, porque significa el fin de un sistema esclavista: el capitalismo.
Trabajadores, boicoteemos todas las elecciones capitalistas. Proletarios, tomemos el control de los medios de producción apropiándonoslos por completo y destruyendo el Estado capitalista. Así cambiaremos nuestra vida, porque pondremos en cuestión la división del trabajo y sus consecuencias. Por fin decidiremos colectivamente.
Así la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. Queremos vivir, y en vuestra sociedad esclavista no podemos. Trabajadores, es la hora: UNÁMONOS, ORGANICÉMONOS.