Alarme, n.º 11, enero-febrero-marzo de 1981 (págs. 14-15). PDF del número completo · Texto original en francés

Hace algo más de un año que el movimiento del proletariado polaco, pese a sus límites económicos y políticos, inquieta al poder stalinista y al capitalismo internacional en general.

Pese a la tregua de 90 días concluida el pasado febrero entre el gobierno y la dirección de Solidaridad, los obreros polacos no parecen desmovilizados todavía. Eso es al menos lo que confirman los últimos acontecimientos, así como la actitud de Walesa, que hace sucesivamente de cabra y de lobo, y viceversa. En efecto, el 19 de marzo bastó que la policía stalinista reprimiera violentamente una reunión sindical en los locales de la prefectura de Bydgoszcz para que renaciera la cólera obrera. Poco faltó para que estallara en el acto la huelga general. Pero la alta burocracia sindical, sirviéndose de las taras actuales del movimiento (nacionalismo, prejuicio religioso, pacifismo), que ella misma refuerza, consiguió aplazar la huelga. Entretanto, en una reunión del Comité Central, el POUP1 fijó ante los acontecimientos una línea conciliadora con la dirección de Solidaridad, lo que, por una parte, permitió a Walesa y compañía desconvocar la huelga prevista para el 31 de marzo (sirviéndose de las ilusiones del proletariado en «una solución entre polacos») y, por otra, permitió al Partido reforzar su prestigio y su influencia sobre su base y sobre una parte de la clase obrera. Con todo, la desconvocatoria de la huelga suscitó protestas en ciertas capas del proletariado. Además, la manera en que se tomó la decisión provocó revuelo entre algunos dirigentes (que lamentaban verse excluidos de las resoluciones más importantes). Uno de esos dirigentes «contestatarios» declaró: «El sindicato empieza a parecerse a una organización feudal...». ¡Interesante para quienes todavía se hacen ilusiones sobre el sindicalismo! Pero la prensa capitalista no nos dice nada de las protestas que pueden y deben existir en la base.

Por desgracia, en el plano internacional, la inexistencia de una solidaridad obrera deja el campo libre a una solidaridad capitalista frente al movimiento polaco. Rusia, sin desencadenar por ello ofensivas militares, deja planear continuamente la amenaza de una intervención. Es una presión tanto más fuerte cuanto que se ejerce también sobre la burocracia polaca actual. El chantaje de la intervención sirve también de medio de presión a los capitalismos occidentales. Hay que creer que no basta, puesto que ejercen otros (ayuda alimentaria, etc.). En cuanto a los sindicatos, utilizan su influencia en el medio obrero para quebrar toda eventual solidaridad real. Así, los contactos que tienen o intentan tener con Walesa buscan reforzar la imagen de marca de este y del sindicalismo en general. Pero toda solidaridad proletaria solo puede hacerse fuera de los sindicatos y contra ellos, incluida Solidaridad.

Todos los medios de comunicación se regodean con la palabra compromiso, se extasían ante las virtudes conciliadoras del proletariado polaco y ante la diplomacia de los burócratas. Pretenden que los obreros polacos dan así pruebas de su madurez. En realidad, la clase obrera polaca en particular, y la internacional en general, descubren actualmente su falta de consciencia revolucionaria. En efecto, compromisos y discusiones entre capital y salariado no los habrá nunca, porque el proletariado, por el lugar que ocupa en las relaciones de producción, tiene intereses opuestos al capital. Si el proletariado polaco estuviera realmente maduro, no aceptaría ni sindicatos ni a Walesa, y quemaría sus declaraciones del tipo de esta: «No atacamos ni a la milicia ni al aparato del poder, sino el hecho de que hayamos recibido tantos golpes en nuestra vida de parte de ciertas personas de ese aparato. No amenazaremos ni al gobierno, ni al Partido, ni al socialismo, ni las alianzas firmadas. Nunca nos pronunciaremos por esa vía. Nunca querremos convertirnos en un partido político ni eliminar al Partido... Nuestra posición no es antisocialista, pero consideramos que eso no es la legalidad y tememos que se repitan incidentes similares». No se trataría para él de reivindicar legalidad alguna, sino el poder político y la apropiación, la gestión y la distribución de la riqueza social. Además, llamaría a una solidaridad internacional activa, condición misma de la victoria final.

Pero hoy, cuando el movimiento está amenazado por un enorme aparato represivo interior, por el acuerdo capitalista internacional y por los límites mismos en que se hunde, el proletariado internacional, y en particular el ruso, debería actuar solidariamente para que la lucha que se libra en Polonia se desembarace de su corsé nacional y nacionalista.

El internacionalismo proletario debe alzarse independientemente de todos los sindicatos y en contra de ellos, fuerzas capitalistas en el medio obrero, y contra quienes disfrazan la realidad polaca hablando de «Estado socialista» o de «Estado obrero degenerado». Nuestra solidaridad no debe parecerse a la que se expresa en las manifestaciones de arrastrar los pies, en las peticiones u otras mascaradas habituales tan queridas por las fuerzas capitalistas de izquierda y de extrema izquierda. Tampoco debe consistir en alabanzas desconsideradas y continuas al movimiento polaco. La única solidaridad concebible es el ataque al sistema mundial de explotación.

FRENTE A LA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CAPITALISTA, OPONGAMOS LA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL PROLETARIA.

  1. Partido Obrero Unificado Polaco, el partido-Estado stalinista. ↩