Alarme, n.º 12, abril-mayo-junio de 1981 (pág. 19). PDF del número completo · Texto original en francés
Gran Bretaña, hoy ampliamente distanciada en la carrera internacional por los beneficios, se encuentra con una tasa de paro importante, que afecta sobre todo a los inmigrantes y a los obreros jóvenes.
La reacción de los obreros jóvenes es violenta, pero en terrenos distintos. Unos se dejan enrolar en fracciones capitalistas que buscan dividir a la clase obrera por el nacionalismo, la religión o el racismo. Sin embargo, en Liverpool, Londres y Mánchester, ese paro, el aburrimiento y la pasma omnipresente han provocado una reacción brutal de los proletarios en un terreno muy diferente: el de la clase obrera, por encima de las barreras nacionales, religiosas y raciales, en el sentido de la reapropiación del producto social por el proletariado. Con todo, por alentadores que sean, esos enfrentamientos no han hecho retroceder más que a policías mal armados y han mostrado el cruel vacío organizativo y político (los objetivos de los combatientes han seguido siendo muy limitados) de la clase obrera en Inglaterra y, con mayor razón, en el mundo.
La combatividad de los jóvenes proletarios ingleses impone a los proletarios de todos los países la solidaridad, para ahondar el conflicto de clase.