Alarme, n.º 12, abril-mayo-junio de 1981 (págs. 1-4). PDF del número completo · Texto original en francés
El texto del proyecto de acuerdo de gobierno PS-PC
He aquí el texto del proyecto de acuerdo de gobierno concluido anoche entre las delegaciones del PS y del PC. Es el texto que se ha sometido al comité director del PS y al comité central del PC con el título de Declaración común del Partido Socialista y del Partido Comunista Francés.1
Reunidos al día siguiente de las elecciones legislativas, como habían convenido, los representantes del Partido Socialista y del Partido Comunista Francés se felicitan de la elección que acaba de hacer el pueblo francés, que el 21 de junio confirmó su voto del 10 de mayo dando a la mayoría presidencial una amplia mayoría en la Asamblea Nacional.
Se crean así las condiciones para poner en práctica el cambio que el país espera.
Con el fin de llegar a una orientación gubernamental común, los dos partidos han dedicado lo esencial de su discusión a los puntos que habían quedado en debate en su anterior encuentro.
Conscientes de los deberes que les dicta la situación, los dos partidos se declaran decididos a promover la nueva política que han elegido las francesas y los franceses al elegir a François Mitterrand para la presidencia de la República. Lo harán en la Asamblea Nacional, en el marco de la mayoría que acaba de constituirse. Lo harán en el gobierno, con una solidaridad sin fisuras. Lo harán en las colectividades locales y regionales y en las empresas, respetando las funciones propias de las instituciones y de los partidos. Con este fin, aun reafirmando su apego a la personalidad propia y a las posiciones fundamentales de cada uno de sus partidos, tomarán como base en todos los terrenos las opciones hechas por el país y las convergencias comprobadas en sus discusiones.
La política de cambio, emprendida ya con las primeras medidas gubernamentales, continuará. Los compromisos se cumplirán. Este cambio se hará, como ha empezado, por la vía democrática, a partir de la voluntad expresada por el sufragio universal.
Este cambio comportará en particular las nuevas medidas de justicia social y de elevación de los recursos de los más desfavorecidos que habrán de tomarse desde los próximos meses. Proseguirá por etapas, según un ritmo de transformación que tendrá en cuenta la situación de crisis, el hecho de que la economía de Francia está abierta al exterior y los necesarios equilibrios económicos y financieros.
Con el mismo espíritu, los dos partidos piensan que, al término de las negociaciones en curso entre las organizaciones sindicales y la patronal, debería prepararse en el plazo más breve la legislación sobre la reducción del tiempo de trabajo. Después, fijado el marco legal, deberían entablarse, con el impulso del gobierno, nuevas negociaciones para precisar rama por rama y, llegado el caso, empresa por empresa, las modalidades y los calendarios de aplicación.
Los dos partidos consideran que la extensión del sector público será una garantía de la eficacia y de la democratización de la planificación. Se declaran de acuerdo en que la extensión y las modalidades de organización del sector público se hagan conforme a las propuestas ratificadas el 10 de mayo.
En la situación del país, los dos partidos estiman necesaria la elaboración de un plan de recuperación de dos años que cree las condiciones de un nuevo crecimiento económico y de una lucha eficaz contra el paro. Sostendrán una política de reducción de las desigualdades sociales. Actuarán por la garantía y la extensión de las libertades, por el desarrollo de los derechos de los trabajadores y por la democratización de la vida nacional.
Los dos partidos sostendrán la acción internacional de Francia —respetando sus alianzas— en favor de la paz y del desarme progresivo con vistas a la disolución simultánea de los bloques militares, asegurando el equilibrio de fuerzas en Europa y en el mundo y la seguridad de cada país.
Con ese espíritu, se pronuncian por que se entable rápidamente una negociación internacional sobre la limitación y la reducción de los armamentos en Europa.
Esta negociación debe referirse en particular a la presencia de los misiles soviéticos SS-20 y a la decisión de instalar cohetes norteamericanos Pershing II.
Los dos partidos actuarán por el respeto del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, de la solidaridad de los Estados y de la no injerencia en los asuntos internos, y por el derecho de cada país a su seguridad. Dan a estos principios un valor universal.
En virtud de estos principios, afirman el derecho del pueblo afgano a elegir su régimen y su gobierno y se pronuncian por la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán y el cese de toda injerencia extranjera.
Tomando nota de la situación creada por los acuerdos de Camp David, reafirman el derecho a la existencia y a la seguridad de Israel y de todos los Estados de la región, al mismo tiempo que el derecho del pueblo palestino a una patria.
Los dos partidos sostendrán activamente la participación de Francia en la CEE, en sus instituciones y en sus políticas comunes, respetando su libertad de acción y sus intereses legítimos. Apoyarán políticas comunes en el plano social, en defensa de la agricultura y de los sectores amenazados, y por la vitalidad de la investigación y de las industrias punteras.
Los dos partidos han examinado la evolución de la situación en Polonia, y desean que ese país y su pueblo lleven ellos mismos a buen término el proceso de renovación económica, social y democrática en que están empeñados.
Expresan, tanto en el plano económico como en el político, su solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo que, como en El Salvador y en Nicaragua, luchan por su emancipación nacional, su desarrollo y su liberación democrática y social.
Respuesta:
Los revolucionarios comunistas desaprueban la participación del proletariado, y del pueblo en general, en las elecciones del 10 de mayo y del 21 de junio, pues consideran que no puede dar la victoria más que al capitalismo.
El cambio político que democráticamente han elegido los franceses no es más que un cambio de forma con vistas a perpetuar la dictadura del capital sobre el trabajo mediante la explotación del hombre por el hombre por medio del trabajo asalariado. El único cambio posible hoy solo puede realizarse rechazando la vía democrática capitalista y, sobre todo, mediante la práctica cotidiana de la lucha de clases contra toda explotación.
Los revolucionarios comunistas no admiten ninguna transformación evolutiva hacia el socialismo en el marco del capitalismo; tanto más cuanto que combaten la economía nacional y sus avatares, y no aceptan apretarse el cinturón en nombre de una «crisis económica». Somos internacionalistas y no admitimos más fronteras que las fronteras de clase. Nuestra lucha es internacional.
Con este mismo espíritu, consideramos que las negociaciones entre las organizaciones sindicales, la patronal y el Estado son negociaciones entre fuerzas capitalistas con vistas a una mayor productividad, imposible sin una mayor explotación para extorsionar plusvalía, es decir, trabajo no pagado.
La reducción del tiempo de trabajo debe realizarla, en función de las nuevas posibilidades tecnológicas, la propia clase obrera, en una perspectiva anticapitalista, mediante su dictadura sobre todas las fuerzas de explotación. Las posibilidades materiales para lograrlo sin el menor utopismo están más que presentes.
Consideramos que la extensión del sector público la dictan las leyes intrínsecas del capital y que se utiliza para la eficacia y la planificación capitalistas. Esta extensión lleva al capitalismo de Estado. En esta perspectiva se sitúa, en posición de fuerza contra la clase obrera, el P«C», como garante del orden capitalista, y con la misma óptica, obligado por la dinámica misma del capital, el P«S».
Los revolucionarios comunistas luchan contra todo concepto de carácter nacionalista, y no conciben más derechos de los trabajadores que los que estos impongan al capitalismo, que domina hoy totalmente el mundo.
Ningún crecimiento económico demostrará, si se produce, el carácter progresivo del capitalismo, que es un sistema social e históricamente decadente. Si hoy las condiciones para la victoria de la revolución comunista mundial están maduras y archimaduras, es, por una parte, porque el proletariado se ha manifestado ya como clase revolucionaria mundial y, por otra, porque el crecimiento mismo de las fuerzas productivas ha entrado en contradicción con el desarrollo social. El único desarrollo posible hoy pasa por la destrucción de todas las relaciones sociales existentes.
Los revolucionarios comunistas no respetan ninguna alianza capitalista, se sitúen esas alianzas en el Este o en el Oeste. Nuestro enemigo está en la nación que nos domina, y lo mismo en las que son aliadas suyas que en las demás. Una vez más: nosotros, proletarios, no aceptamos más fronteras que las fronteras de clase.
El desarme solo podrá ser una realidad mediante la supresión de los intereses capitalistas, de los intereses nacionales, de los bloques imperialistas y de las fronteras, por la instauración de la comunidad humana mundial. El derecho de los pueblos a disponer de sí mismos no es más que el derecho de cada capitalismo nacional a explotar a su antojo a su proletariado, aunque en realidad, por el juego de los imperialismos dominantes, no ocurra en absoluto así desde un punto de vista estrictamente nacional, que evidentemente ya no existe.
En virtud de estos principios, los revolucionarios incitan al proletariado afgano, como a todo proletariado, a luchar contra sus explotadores, sean rusos, chinos, turcos o del país de origen. Siempre en esta misma perspectiva, los revolucionarios comunistas reafirman la necesidad, contra la existencia de los acuerdos de Camp David, de luchar contra el Estado de Israel tanto como contra la creación de una patria palestina, contra la CEE tanto como contra la Alianza Atlántica o el Pacto de Varsovia.
Llamamos, pues, también al proletariado polaco a luchar en esta perspectiva, a hacer temblar al capitalismo internacional como ha sabido hacerlo, intentando superar todos los límites nacionales, religiosos y democrático-burgueses en que todavía está encerrado. Los proletarios revolucionarios se injieren en los asuntos de los proletarios de las otras naciones porque son asuntos suyos y porque la nación no es más que una unidad de explotación.
Con esta misma óptica, proclamamos que toda lucha nacional (El Salvador, Nicaragua, etc.) desvía al proletariado de su meta, más que apremiante y posible hoy: la destrucción del capitalismo mediante la dictadura del proletariado, para la abolición del trabajo asalariado y de las fronteras nacionales.
Afirmamos que esta lucha se realizará contra todo acuerdo de gobierno capitalista como el que en Francia acaban de firmar el P«C» y el P«S».
La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.
Declaración común firmada el 23 de junio de 1981, tras las elecciones legislativas, que abrió la entrada de cuatro ministros comunistas en el segundo gobierno de Pierre Mauroy. ↩