Alarme, n.º 20, abril-junio de 1983 (págs. 5-6). PDF del número completo · Texto original en francés

«¡Fuego, bomberos!»1, podría exclamar A. Bergeron, secretario general de F.O. Desde luego, el fuego de la guerra social es abiertamente iniciativa del Estado capitalista y de sus gestores de izquierda. Pero que estos intenten responsabilizar a los obreros llamando Plan de Rigor a la avalancha de medidas antiobreras, que para ello se atraigan casi incondicionalmente a la CGT y a la CFDT, parece reavivar la débil llama sindical de FO. Esta central conoce perfectamente los peligros que representa un compromiso demasiado grande, porque pagó con una escasa representación su política comprometida bajo el gobierno anterior. Como los dos mayores sindicatos desertan del terreno reivindicativo en el plano nacional, Bergeron se hace hoy el cantor de la vocación sindical tocando a rebato por miedo a movimientos sociales incontrolados. No le faltan en ese papel ni elocuencia ni realismo antiproletario:

«Si por ventura el movimiento sindical, instrumento que tiene por misión canalizar las reivindicaciones de los asalariados, se abstuviera, estos se expresarían al margen de la voluntad de los sindicatos, y ya se sabe adónde puede llevar eso. Si no dejamos de alertar al gobierno sobre las consecuencias de el languidecimiento de la negociación colectiva, es porque tememos la exacerbación de las tensiones sociales.»

Nosotros no sabríamos ser más claros sobre la misión contrarrevolucionaria del sindicalismo. Por deducción, si queremos romper la paz social que garantiza, en el mejor de los casos, la explotación de nuestra fuerza de trabajo, solo debemos hacerlo al margen y en contra de los sindicatos. Eso mismo es lo que asusta a Bergeron cuando condena «la expresión directa de los asalariados» y pide al gobierno que no juegue con fuego, aunque para este se sobrentiende que la expresión obrera significa, en período de conflicto, la expresión sindical.

«las disposiciones sobre la expresión directa de los asalariados son una máquina de guerra contra los sindicatos.» Bergeron

Desfavorecida, a causa de su debilidad, por las disposiciones gubernamentales que integran cada vez más a los sindicatos en los engranajes económico-sociales del capitalismo, FO se presenta como «defensora» unilateral de los asalariados frente a las otras centrales, que optan por dividir para reinar y que de hecho tienen mejor lugar que su central (sin duda por eso lanzó una frase que no corresponde a la realidad, puesto que la expresión directa la aniquilan todos los sindicatos). Así, siempre Bergeron: «lo cualitativo no podría sustituir a lo cuantitativo».

En efecto, la CFDT y la CGT, manchadas por compromisos gubernamentales, apuestan por la división por categorías para contener la eventual oleada de descontentos. Los recientes movimientos de los peones especializados (OS) del automóvil inspiran sin duda esta declaración contradictoria de la CFDT:

«Plan de rigor o no, este año habrá que dar un serio empujón al SMIC2.»

A propósito de ella, la CGT se apresura a añadir:

«los aumentos repetidos únicamente del SMIC pueden “aplastar” la jerarquía de los salarios. Si seguimos así, vamos a asquear a los obreros cualificados.»

Cínicas declaraciones que, en nombre de un derecho desigual a la supervivencia según la cualificación profesional, intentan quebrar el interés común a todos los obreros, a saber, la supresión radical del salariado. No buscan sino mantener la división del trabajo necesaria para el incremento de la productividad en el interés capitalista de la economía nacional y mundial. En una palabra, no buscan sino aturdir nuestra contestación con el incremento de la explotación. En este período de festivales, si la palma de oro de la interpretación sindical le corresponde a FO por su juego despojado, los otros sindicatos tampoco son avaros de strip-tease devastador y fielmente capitalista. Como el mejor modo de consagrar el papel contrarrevolucionario de las estrellas de la concertación social es anticipar su destrucción, realicemos la unidad obrera antisindical y anticapitalista. Para emprender este combate vital de la clase obrera basta, en un primer momento, con no respetar el plazo del enfrentamiento social que temen los tres sindicatos. En efecto, FO, CGT y CFDT declaraban últimamente a Jospin, presidente-director general del PS: «Después de la vuelta de septiembre, ya no respondemos de la base...».

  1. Au feu les pompiers, comienzo de una canción infantil francesa («Au feu les pompiers, / v'là la maison qui brûle...»). ↩

  2. Salario mínimo interprofesional de crecimiento, el salario mínimo legal en Francia. ↩