Alarme, n.º 20, abril-junio de 1983 (págs. 15-16). PDF del número completo · Texto original en francés
Agricultores, estudiantes, pequeños patronos y comerciantes están en la calle manifestándose, a veces violentamente, contra tal ley o tal proyecto del gobierno de la izquierda. El espectro de Mayo del 68, blandido por la derecha, reaviva el mito de la explosión social de 1968 en Francia y del desorden social, económico y político de aquella famosa primavera caliente...
Por supuesto, cada cual echa al otro la responsabilidad de los acontecimientos de hoy: para la derecha, se debe a la mala gestión de la economía por los truhanes socialo-comunistas, y para la izquierda la culpa es de los agitadores de la derecha y de su extremo reaccionario; en suma, estamos ante el esquema tradicional del juego de la Democracia.
En realidad, ¿qué está pasando?
Las reivindicaciones estudiantiles no son más que puras impugnaciones de una ley (la ley Savary) que tiende a instaurar una mayor selección para la atribución de las medallas de la promoción social, sin poner en tela de juicio ni el orden-desorden de la civilización ni siquiera la soberanía del poder político actual. En cuanto a los pequeños patronos y pequeños comerciantes, quieren mordisquear el pastel del beneficio del sistema. Los agricultores, por su parte, reclaman la preservación del mercado y el mantenimiento de su poder adquisitivo.
Esta visión, quizá simplista, de la agitación social aparente en Francia no nos parece entreabrir «Mayo del 68» alguno, ni siquiera una desestabilización de la economía francesa, y tanto menos cuanto que las categorías sociales «agitadas» apenas tienen interés en otro modelo social y económico. Para nosotros la cuestión fundamental es: ¿dónde está la perspectiva de una explosión social que permita desembocar esta vez, no en la alternativa izquierda/derecha, sino en un cuestionamiento total del modo de funcionamiento de la sociedad capitalista, por encima de todas las divisiones sectoriales y mediante la vuelta a una unidad de clase de todos aquellos para quienes el orden social existente rima con muerte, estupidez, embrutecimiento del ser humano, y que quieren acabar con él? En el estado actual de la lucha de clases, del antagonismo proletariado/capital, y dado el cambio político respecto de 1968, la probabilidad de una confrontación de clases parece mínima.
La brusca revuelta de la primavera del 68 (impulsada por un movimiento estudiantil menos timorato) se desarrollaba en el marco de una dominación política de la derecha, cuando los partidos de izquierda y los sindicatos estaban en la «oposición», alimentando la ilusión de una oposición real al capitalismo y de una seudovoluntad de servir a la clase obrera hacia su emancipación. Ahora bien, hoy, en mayo del 83, la situación ha cambiado mucho, puesto que el poder político está en manos de esa misma izquierda que tan bien supo devolver al trabajo a los miles de individuos que habían dicho «¡basta!» a cierto aspecto de su explotación: salarios, condiciones de trabajo, ocio, la necesidad primaria de romper la miserable rutina del presidio cotidiano. Es más, la extrema izquierda ha cobrado una amplitud que no tenía antes de Mayo del 68, lo que le ha permitido desde entonces manifestarse como totalmente sometida a la izquierda tradicional. Desde Mayo del 68, el movimiento izquierdista ha desempeñado el papel de esponja que absorbía la hemorragia de militantes provocada por la actitud del PC y de la CGT (ferozmente antiobrera). El papel de la extrema izquierda sigue siendo, no ya teórica, sino prácticamente, totalmente reaccionario, pues no es capaz más que de extraviar la lucha del proletariado en la defensa de la economía nacional, en el legalismo castrador y en la participación en todas las farsas electorales.
La izquierda en el poder no es ni un bien ni un mal para la clase obrera francesa, porque esta sigue siendo clase explotada, productora de plusvalía, de beneficio que el Estado de izquierda gestiona cuando tiene su parte (nacionalizaciones) o favorece cuando se trata de la clase capitalista en general.
¡Mayo del 68 ya no es más que un símbolo! Una revuelta comparable pasa, no por un eslogan vaciado de sentido, sino más bien por la combatividad real del proletariado, en el terreno de la ilegalidad, del rechazo a sacrificarse por una economía nacional cualquiera, para superar «Mayo del 68»; y eso, desde luego, solo se hará contra el gobierno de esta maldita izquierda y de quienes la apoyan, pero también contra los sindicatos, y ante todo contra ellos.
La perspectiva de una insurrección social habría estado sin duda más abierta si la izquierda no hubiera sido elegida, pero de todos modos la cuestión la resolverá la clase obrera organizándose por sus propios intereses contra los del capital, y no en la prensa ni con manifestaciones de la pequeña burguesía.
La abolición del salariado para la construcción del Comunismo es la condición sine qua non de la supervivencia de la humanidad, y solo la clase obrera es capaz de ella, por encima de las fronteras y de las divisiones sociales.