Alarme, n.º 24, abril-mayo-junio de 1984 (págs. 1-3). PDF del número completo · Texto original en francés

¡La unidad del proletariado se hará contra los sindicatos o no se hará!

Lorena: la explotación no tiene patria

Despidos, reestructuraciones industriales, recortes de plantilla, paro, reconversiones... Los términos varían según las regiones y los países, pero encubren una misma realidad: una reestructuración capitalista que el proletariado sufre de lleno. Invocando la realidad económica, el capitalismo francés echa a la calle la mano de obra inútil. El proletariado de Lorena ha sido últimamente el más golpeado, y no se ha quedado pasivo ante ello.

En Longwy, Neuves-Maisons, Pompey y Lachiers, los sindicatos o bien se vieron desbordados localmente, o bien tuvieron dificultades para mantener el orden capitalista. Se quemaron locales del P«S» (*) y se abucheó a ese partido y a sus dirigentes. Los sindicatos hicieron todo lo posible para impedir que el movimiento adquiriera verdadera amplitud y, finalmente, para destruirlo. Para ello emplearon tácticas bien conocidas:

  • División y enfrentamiento de los proletarios entre regiones: «El Este paga por el Norte»; entre países: «Abajo el diktat alemán» o «comunitario».
  • Agotamiento de los proletarios en acciones de pega que desmoralizan: marchas-paseo por esto o contra aquello, la más espectacular de las cuales fue la marcha sobre París.
  • Aprovechar la ausencia de muchos huelguistas para hacer votar la vuelta al trabajo.
  • Encuadramiento sindical omnipresente del proletariado. La marcha sobre París fue una prueba de ello. Fue una demostración de fuerza sindical, y más concretamente de la C.G.T. Para el proletariado no fue más que una demostración de debilidad.

El P«C» también hizo cuanto pudo por domar el movimiento, por supuesto por medio de la CGT, pero también en un plano más político, tomando distancias respecto del P«S». Solidarizarse con el gobierno habría sido suicida para los dos partidos, pero también para el capitalismo francés en su conjunto, pues, al perder el P«C» un poco más de su base, una parte nada desdeñable del proletariado se habría encontrado sin encuadramiento «responsable»; de la izquierda a la derecha, eso es lo que todos temen. Es exactamente lo que expresaba el ministro del Interior, el señor Defferre, cuando declaraba que preferiría que Marchais estuviera presente en la marcha sobre París.

¿Cuál es, en definitiva, el balance de la situación en este hermoso país donde, a creer al telediario de las ocho, no solo la libertad y la igualdad, sino también la fraternidad florecen a cual mejor? Ese balance variará, por supuesto, según los intereses de clase y de camarilla de quienes lo formulen.

Una versión que se oye comúnmente es la estadística, que funde todas las clases en un pueblo que elige a sus representantes. Las últimas elecciones y sondeos indican que la oposición está en alza. Para ellos, el balance es una recuperación de la derecha.

Para los sindicatos, que tantean el terreno, el balance no puede ser más que: atención, peligro, la situación puede degenerar, como dice Bergeron desde hace algún tiempo, y algunos otros ahora.

Para nosotros, revolucionarios, los balances estadísticos solo traducen parcialmente la realidad. Desde siempre se nos inculca que cuando la «izquierda» baja, la «derecha» sube y viceversa, de tal manera que parece un fenómeno natural.

Pero ese fenómeno puede saltar en pedazos, e incluso debe hacerlo. Tiene que llegar un periodo en que las estadísticas ya no respondan, en que la «bajada de la izquierda» no corresponda a una «recuperación de la derecha», lo cual —aunque de manera muy limitada— es el caso hoy; en que los tests adaptados a ciudadanos no signifiquen nada, porque los proletarios se comporten como tales y no como ciudadanos. Será un periodo revolucionario.

Nosotros también decimos que hay peligro, porque el movimiento puede degenerar, y ya lo hace bajo la presión sindical. El problema es actuar de modo que este movimiento y los venideros no degeneren. Para ello, en Lorena como en cualquier otro lugar, los sindicatos deben ser percibidos desde el comienzo, e incluso como condición previa de todo movimiento, como organismos antiobreros.

¿Qué hace que actualmente en Lorena la moral de los obreros esté baja? ¿Que la resignación parezca imponerse? ¿Se debe esta situación a una patronal arrogante respaldada por una policía omnipresente? No, evidentemente no; patronal y policía se muestran más bien discretas. Lo atestigua, por ejemplo, la actitud de la policía durante la marcha sobre París. Entonces, ¿dónde están hoy las fuerzas principales del capitalismo? En nuestras propias filas hay una policía interior: el sindicato. Es hoy, de hecho, un pilar fundamental del orden social, más importante en ciertas ocasiones que la policía clásica. Sin los sindicatos, Lorena probablemente habría ardido en un vasto movimiento social que la policía, o incluso el ejército, habrían tenido grandes dificultades para contener. Es más, las acciones sindicales, a diferencia de las policiales, no son percibidas como acciones antiobreras por la mayoría del proletariado. Ahí reside el problema.

Para resolverlo, hemos de ser lo más claros posible:

  • Los sindicatos, en cuanto fuerzas capitalistas, no solo no deben decidir ya por nosotros, sino que tampoco deben tener acceso a las decisiones que ha de tomar un movimiento obrero.
  • Deben ser excluidos de los lugares de lucha.

Gracias a ello, todo movimiento obrero tendría mucha más facilidad para orientarse hacia los objetivos que le son propios:

  • Ningún respeto por la economía nacional, por la nación, por «su» empresa, etc.
  • Tener en cuenta únicamente sus propios intereses (que «nuestra» empresa no pueda soportar un movimiento proletario no es sorprendente, sino normal, en la medida en que nuestros intereses son antagónicos con los del capitalismo).
  • Intentar extender, sobre estas bases, el movimiento a otras regiones o países. En el caso de Lorena, Alemania y el corazón de Europa están muy cerca.
  • No se trata de bloquear las fronteras, sino de abrirlas y, al hacerlo, tender a hacerlas desaparecer.

(*) Hechos más importantes todavía: los proletarios prendieron fuego a la sede del P«C» de Gandrange en la noche del 11/04/84 (lo señaló L'Est Républicain del día siguiente). Le Monde del 06/04/84 relató que «la calma no se restableció hasta las tres de la madrugada de este jueves 6 de abril, sobre todo gracias al importantísimo servicio de orden de los siderúrgicos de la C.G.T., que había logrado impedir, a lo largo de todos estos acontecimientos, el asalto al ayuntamiento de Longwy-Bas y a la sede de la federación del P.C.F. en Longwy-Haut».