Alarme, n.º 34, octubre-noviembre-diciembre de 1986 (pág. 12). PDF del número completo · Texto original en francés
En septiembre, 200 obreros de la construcción naval que estaban en huelga en el puerto de Barcelona atacaron violentamente a 20 obreros contratados a través del INEM (empresa Contenemar) porque los consideraban esquiroles.
Este acto clasista fue condenado por los demócratas de todo pelaje como una agresión incalificable, atentatoria contra las libertades democráticas. No solo la agresión fue considerada un acto ilegal, sino que además la Organización de Trabajos Portuarios, dependiente del Ministerio de Trabajo, calificó la propia huelga de los obreros de «ilegal y discriminatoria», entre otras cosas porque los trabajadores dejaban de currar las horas pares y volvían al tajo a un ritmo lentísimo las horas impares, lo que causaba graves daños a «su» empresa.
El derecho de huelga tiene límites, dicen nuestros honrados y cívicos explotadores; razón de más, según ellos, para criticar la indolencia del gobierno a la hora de remitir al parlamento un proyecto de ley regulador del derecho de huelga.
- Primer punto: Una huelga, señores, a pesar de las leyes limitadoras que puedan aprobarse en el parlamento y contra ellas, es un acto que utiliza una clase para imponer sus propios intereses. Si no es así, no merece ese nombre, pues ya no es más que un simple paro que permite, a través de los sindicatos, negociar con la patronal o el Estado las condiciones de venta de nuestra fuerza de trabajo. Con ley o sin ley en el parlamento, señores, los proletarios no pueden ni deben aceptar las antihuelgas sindicales. Cuando hacemos huelga es para fastidiarles a ustedes y aumentar nuestra fuerza y nuestra unión imponiendo nuestros intereses.
- Segundo punto: Sepan estos señores que, cuando nuestra clase se moviliza, no acepta traba alguna, sobre todo cuando esta es producto de la manipulación, por nuestros explotadores, de miembros «sociológicos» de nuestra clase. Sepan, pues, también estos últimos lo que arriesgan actuando como «esquiroles».
- Tercer punto: Nuestra clase, la explotada, tiene intereses radicalmente opuestos a los de todas las fracciones del mundo capitalista. Por consiguiente, no puede someterse a las leyes hechas por y para quienes se aprovechan de ella mediante el trabajo asalariado.
- Cuarto punto: Que estos señores no se escandalicen por tan poco. Porque lo que ocurrió esta vez en el puerto de Barcelona sucedía todos los días cuando el proletariado, harto de no ser nada, se manifestaba como clase revolucionaria.
- Quinto y último punto por el momento: ¡A BUEN ENTENDEDOR, POCAS PALABRAS BASTAN!