Alarme, n.º 39, enero-febrero-marzo de 1988 (págs. 8-9). PDF del número completo · Texto original en francés
Un día en fraternal comensalía con Fidel Castro, otro con el rey de Suecia, después con el dictador de todas las Rusias. Así deambula por el mundo el autor de Cien años de soledad. No de cabaña en choza ni por montes y valles, sino de palacio en banquete. ¡Y con quién! Lacayo de Castro, contribuyó, en toda América Latina, a lanzar a miles de hombres a la aventura «terrorista-guerrillera», sin otra salida posible que favorecer al imperialismo ruso en detrimento del americano. Ese señuelo que se quiere popular, en realidad estafa política, permitió a García Márquez vender millones de ejemplares de su libro y editarlo en otras lenguas. Le abrió también las puertas del premio Nobel, con sus cascadas de dólares y de ediciones para su mercancía literaria. Dicho sea de paso, la aceptación de ese premio o de cualquier otro siempre se ha considerado en las filas revolucionarias una sucia concusión. En la ceremonia de entrega del premio, el lacayo tuvo la desfachatez de presentarse vestido de humilde indio sudamericano,1 cuando forma parte de las brigadas intelectuales que empujan a los indios —y no solo a los indios— al matadero interimperialista.
De allí se fue a Moscú, a casa de los oligarcas, con los que es uña y carne. Semejante reverencia encamina hacia su tesorería un sólido caudal monetario, pues las ediciones rusas pueden ser, por decisión oficial, de compra obligatoria para los organismos culturales, así como para una multitud de comités, bibliotecas, etc. García Márquez, que rezuma un pesimismo y un exhibicionismo naturales, pero intencionadamente acentuados, se encuentra al final de un largo linaje archicorrompido, ávido y servil, que va de Ehrenburg, Aragon, Neruda, Alberti y algunos Siqueiros asesinos2 hasta Voznesenski y sus decenas de copias en Rusia; la Rusia de la contrarrevolución. Ahí ha encontrado G. Márquez su Macondo, más repleto de riquezas que la cueva de los cuarenta ladrones. Y ladrones lo son ideológicamente, él como súbdito y el Kremlin-Macondo donde tiene su cobijo de lacayo-literato.