Alarme, n.º 40-42, abril-diciembre de 1988 (pág. 4). PDF del número completo · Texto original en francés
Ojeadas
La segunda elección de Mitterrand a la presidencia de la República y la formación del gobierno Rocard tuvieron repercusiones favorables inmediatas en los medios capitalistas franceses e internacionales. Los valores subieron en bolsa, las inversiones van viento en popa y las ofertas públicas de adquisición de acciones a precios redoblados se han vuelto cotidianas. Ya antes de las elecciones, Rocard se felicitaba: «Sea cual sea el resultado de las urnas, el nuevo gobierno tendrá que aplicar mis ideas».
La confesión es innegable: sus ideas y las de su partido son ideas capitalistas, sin la menor parcela de socialismo. La palabra solo sigue colgada de ellas por atavismo y porque sirve todavía para dar el pego a los obreros, que son instintivamente enemigos del capital. Dicho de otro modo, ese partido engaña a sabiendas al proletariado entero, mientras que para los explotadores no solo es sincero, presente como presente «sus» ideas, sino que se esfuerza por ser su capataz más dotado y más rentable. Por lo demás, el razonador Rocard no lo ignora, él que escribía antaño en el órgano del PSU1 sobre la plusvalía, es decir, sobre la explotación del trabajo asalariado que había que suprimir. Ahora se propone aumentarla.
Partido Socialista Unificado, del que Michel Rocard fue secretario nacional de 1967 a 1973. ↩