Alarme, n.º 47, enero-mayo de 1991 (pág. 13). PDF del número completo · Texto original en francés
Los regímenes stalinistas de los países del Este han sido sustituidos ya por partidarios proamericanos, ya por nuevos stalinistas disminuidos. Esa caída, cuyas consecuencias principales ya habíamos abordado, ha permitido también disipar algunas mentiras secundarias, pero no por ello menos significativas.
Entre ellas, la obediencia de buen número de organizaciones terroristas a las emanaciones locales del KGB. Hace ya mucho tiempo que denunciábamos las connivencias entre esas organizaciones. Por eso nadie puede asombrarse, sin bobería o mala fe, al enterarse de que las tropas de choque del ejército del Estado palestino (figurado por la OLP) se entrenaban con las de la Securitate rumana, así como algunas bandas pertenecientes a los servicios secretos (o «especiales») de dicho Estado o de su rival sirio.
Puede verse igualmente que la logística del grupo de «Carlos»,1 de la misma obediencia, estaba organizada por la ÁVH en Hungría. El título de gloria de esa policía política se conquistó organizando la resistencia stalinista al movimiento revolucionario de 1956, del que fue blanco privilegiado. Organizó y coordinó la masacre de los obreros de Budapest por la soldadesca del stalinismo. En cuanto a la Securitate, su papel de terror stalinista y antiobrero, en tiempos de Ceaușescu y después, no necesita ser subrayado.
Por último, last but not least, se ha «descubierto» que los miembros de la valerosa Fracción del Ejército Rojo no eran más que los matoncillos de la policía política de Alemania... del Este, la Stasi, formada a su vez por una amalgama de Gestapo hitleriana y de NKVD stalinista. Tras el hundimiento de su soporte logístico y comanditario, la Fracción del Ejército Rojo reanuda su actividad (con los restos del período anterior o con un nuevo proveedor de fondos, libio o de otro tipo), entonando el estribillo stalinista más manido, el del antifascismo: ¡todos unidos (es decir, frente común con los demócratas) contra el fascismo! Agitar esa consigna con una pancarta o con una bomba cambia el medio de la propaganda, no su fin. Esa consigna les sirve tanto más a los stalinistas cuanto que su supervivencia depende de cómo sepan hacerse añorar, una vez que los proletarios hayan agotado todos los encantos del marco alemán.
Los mercenarios alemanes, que tan bien inspiraron a Action Directe en Francia, son oficialmente reconocidos como lo que son y siempre hemos denunciado: agentes stalinistas, cuyos métodos, ideas y objetivos son los del stalinismo, y que se oponen por la fuerza de las armas a todo lo que pueda parecerse de cerca o de lejos a iniciativas proletarias orientadas hacia el comunismo.
Ilich Ramírez Sánchez, llamado «Carlos», terrorista venezolano al servicio de diversos Estados y de grupos palestinos. ↩