Alarme, n.º 48, primer semestre de 1993 (págs. 9-10). PDF del número completo · Texto original en francés
Las minorías rusas en el ex imperio ruso (1) ocupan un lugar muy particular que las convierte en bazas políticas, demográficas y sociales de primer orden.
Su presencia numérica en los Estados bálticos, y sobre todo en Lituania (40 % de la población),1 hipoteca pesadamente y por más de un concepto su reciente independencia. Para la nación báltica, los rusos acumulan tres peligros. El más visible hoy es el peligro nacionalista, que unifica todavía a todos los rusohablantes de la zona. Es decir, que una gran masa de la población de un país pequeño puede pedir beneficiarse de ventajas conjuntas de dos nacionalidades, una de las cuales es la de un nuevo hermano mayor ruso, apenas menos grande y «fraternal» que antaño.
Amenazando a Rusia con un retorno migratorio de los rusos bálticos, Lituania tiene mucho que perder, sobre todo dada la naturaleza de su población rusa, constituida en gran parte por obreros cualificados. Rusia, por su parte, no lo quiere en absoluto, pues irían simplemente a amontonarse en los futuros suburbios de chabolas de PeterLinsGrad (2) o de Moscú. Está, pues, dispuesta a ejercer fraternales presiones para que los rusos bálticos se conviertan en bálticos rusos, con, por ejemplo, el reconocimiento del bilingüismo por Vilna.
Eso inquietaría a los «autóctonos», pues la demografía de la colonia (o más bien del poblamiento) rusa es muy superior a la suya y los amenazaría lingüísticamente a medio plazo.
Queda, sí, la expulsión o la incitación a la emigración hacia Escandinavia, pero los demócratas protestantes nórdicos parecen dispuestos a actuar como vulgares catomafiosos italianos respecto de los albaneses.
La población rusa corre, pues, el riesgo de permanecer en los países bálticos, amenazada —y por tanto agresiva— en su lengua y sus privilegios. En Lituania, lo esencial de esa población es obrera, y los privilegios son sencillamente relativos al estado de su supervivencia si estuviera en la propia Rusia. Allí, el conflicto nacionalista larvado puede desembocar en cualquier momento en guerra social declarada, en la que la confusión entre los objetivos proletarios y las reivindicaciones nacionalistas corre el riesgo de ser total.
Rusia, sin mover un dedo por los proletarios, hace y hará grandes declaraciones sobre las minorías nacionales oprimidas (¡qué bien le sienta!). La posición de los proletarios rusos en los Estados bálticos es, pues, determinante e insostenible. Su única posibilidad de no ser aplastados, suavemente hoy, por la fuerza mañana si se sublevan, es por lo menos unirse entre ellos, con los proletarios bálticos, así como con los obreros de Rusia, y principalmente con los de «Leningrado», combativos y ya amenazadores para Yeltsin.
AGOSTO DEL 91
(1) Como nunca hemos reconocido la URSS más que como 4 mentiras en 4 letras, ¡no vamos a hablar ahora de «ex URSS»!
(2) Puesto que es la hora de los bautizos, minutos de recuerdo y otras ceremonias conmovedoras, no vacilemos ni un instante en lanzar nuestras propuestas.2