L'Arme de la critique, n.º 4, junio de 1988 (págs. 10-12). PDF del número completo · Texto original en francés

Respondemos aquí a una carta que hemos recibido de un grupo de San Sebastián, en España, que ha roto con la CCI.1 Este grupo, que firma «ex Núcleo Norte (CCI)»,2 se había dado a conocer, antes de entrar en la CCI, con el nombre de Verdad Obrera.

17 de marzo de 1988

Camaradas:

Hemos leído vuestros documentos de ruptura con la CCI y constatamos que en ningún momento entráis en divergencia profunda con esa organización. Cierto que a veces justificáis con acierto vuestra imposibilidad de militar en ella. Bien: tomamos nota, no sin cierto placer, de vuestra reacción contra el oportunismo, la manipulación y la autosatisfacción, fenómenos que no pueden ser fortuitos pero que no explicáis. Tomamos nota también de vuestras interrogaciones, pero vuestras respuestas, emitidas bajo el dominio de las ideas recibidas en la CCI, distan mucho de concordar con la actitud crítica más profunda que os proponíais observar. ¿Teméis, pues, infringir los dogmas de la CCI y del medio que se aglutina en torno a esa idea falsa según la cual la crisis económica engendra la consciencia revolucionaria? ¿Os da miedo, pues, negar esa crisis llamada de superproducción, imposible de poner en evidencia como habría que hacerlo, mediante una caída catastrófica de la producción y de los beneficios?

Pero vuestra preocupación no es esa, sino el Partido, con la fuerza de miles de militantes aptos para «conquistar a las masas». No es una correlación numérica entre los militantes y las masas lo que engendrará ese partido, como parecéis creer; tiene que ser ante todo una relación de ideas entre los núcleos militantes y las tareas históricas de las masas. Y sólo en la lucha concreta se hará la unión entre núcleos y masas: el Partido. Y ahí es donde la CCI es muy deficiente. Por eso el tono de vuestras críticas merece que se os advierta: o bien os desembarazáis de vuestras ideas heredadas, o bien vuestras volteretas sobre el curso histórico y el Partido bien pertrechado os volverán tan ridículos y nocivos como la CCI. Queréis dejar de creer, pero creéis todavía y no pedís más que creer.

Escuchaos: «Respecto al curso, pensamos que va hacia probables enfrentamientos que serán decisivos, en los que la clase obrera combatirá a la burguesía, pero en malas condiciones (Partido, fuerza, consciencia) y sin llegar a vencer». No se puede emprender una lucha si se piensa que se será vencido. ¿La clase obrera no vencerá, pero «los enfrentamientos serán decisivos»? ¿A favor de quién? Inútil responder, porque sabemos que la CCI y su crisis económica ordenan que los enfrentamientos sean decisivos. Sin embargo, como no os convencéis de la aparición de la consciencia revolucionaria, lanzáis un llamamiento desgarrador al Partido Comunista Mundial, que surgirá no se sabe de dónde, ni cómo, y apenas por qué.

Escuchaos de nuevo: «Para hacer real la dirección política efectiva de las luchas y de los enfrentamientos proletarios contra el Estado y la burguesía, es necesario el Partido Comunista Mundial». Dicho de otro modo: para construir el Partido, la dirección política, es totalmente necesario ese mismo partido. Sin comentarios. Ya veis que no basta con bajarle los humos a la CCI, con razón, dando una idea de lo que eran las antiguas organizaciones revolucionarias, porque esa idea prometía más. En efecto, para explicar la debilidad actual de los revolucionarios, ¿por qué os limitáis a no querer reconsiderar la lucha de una clase más que a partir de 1967? Una vez más, porque la CCI lo ordena: el periodo anterior, llamado «fase de reconstrucción», condena toda iniciativa revolucionaria, del mismo modo que el decreto del «curso hacia la guerra» condena e incluso borra los enfrentamientos revolucionarios ocurridos de 1923 a 1937, y precisamente allí donde vosotros militáis hoy, en España.

Atreveos a comparar, como sabéis hacerlo, y mejor aún, esos periodos «prohibidos» con «los años de la verdad». Dejaremos aquí, camaradas, lo que os concierne propiamente, para dar algunos elementos de respuesta cuyo desarrollo se encuentra en nuestras publicaciones.

Para empezar, la debilidad actual de las organizaciones revolucionarias no procede de que el proletariado haya atravesado veinte años de prosperidad capitalista tras la segunda guerra mundial, sino de que antes de esta fue vencido, no por la burguesía, sino por sus propias organizaciones, a las órdenes de la casta burocrática que se elevaba brutalmente en Rusia. En cuanto a las condiciones objetivas, existen sin interrupción desde al menos la revolución rusa, y significan que desde entonces sólo la revolución socialista puede iniciar un desarrollo superior de la humanidad. Del hecho de que la CCI confunda ese desarrollo con el crecimiento de las fuerzas productivas, el desarrollo social con el crecimiento económico, proceden sus construcciones arbitrarias, cuyas consecuencias os repugnan ahora. Todo viene de ahí, tanto sus prácticas organizativas como su oportunismo respecto de los sindicatos, cuyas primeras manifestaciones se remontan a 1979, pronto hará diez años, en Francia. Ironías del destino: cuando denunciábamos de nuevo ese oportunismo en Alarme en 1985, publicábamos también un fragmento de una octavilla del grupo Verdad Obrera, al que no sois ajenos. Esto, como anécdota; y como sabemos que sois sensibles en lo tocante al sindicalismo, añadiremos algunas palabras sobre el tema.

Las concesiones de la CCI al sindicalismo se explican, por una parte, por lo que hemos dicho antes y, por otra, porque la CCI piensa en el fondo que los sindicatos son reformistas. Así, la CCI los caracteriza como reaccionarios, no porque estén particularmente interesados en la supervivencia del trabajo asalariado, sino porque el capitalismo sería incapaz de conceder reformas. Además de revisar «por la derecha» la concepción del reformismo, es decir, la transformación gradual del capitalismo en socialismo, la CCI se ve obligada a denunciar la «traición» de los sindicatos, como lo haría cualquier organización trotskista. Ni más ni menos. De ahí sus tácticas y su mesianismo, cada vez más despreciativo a medida que avanza la supuesta «aceleración de la historia». La CCI no es malintencionada; a lo sumo, es coherente con los esquemas que se ha hecho. Vuestras críticas hacia ella estarán profundamente justificadas cuando rompáis con esos esquemas. Comparad, camaradas, comparad..., pero desembarazaos de los prejuicios con que la CCI atiborra la cabeza de sus militantes, principalmente contra nuestra organización.

Fomento Obrero Revolucionario


Nota. No hemos encontrado el texto español de esta carta, dirigida a un grupo de San Sebastián, ni el de los documentos del grupo que se citan en ella; traducimos del francés de L'Arme de la critique.

  1. Dirección de la CCI: R.I. BP 581 75027 Paris Cedex 01. ↩

  2. Dirección: Apartado 1598 20080 San Sebastián, España. ↩