L'Arme de la critique, n.º 4, junio de 1988 (págs. 7-9). PDF del número completo · Texto original en francés
Reproducimos aquí dos octavillas distribuidas por nuestra organización con ocasión de los acontecimientos de mayo-junio de 1968 en Francia. El movimiento de protesta, encabezado por los estudiantes, se caracterizó por su fuerza numérica (la huelga de masas), su determinación (la violencia de los enfrentamientos) y su desconfianza hacia los aparatos (el rechazo de las reivindicaciones sindicales). Sin embargo, sus debilidades ante esos mismos aparatos, sindicales y stalinistas, el encierro en las empresas y las universidades y la fuerza del obrerismo en todas sus formas hicieron de él la presa del Estado y de su pilar sindical. Mejor que un largo análisis de «conmemoración», estos textos expresan la participación de nuestra tendencia en esa lucha y su crítica.
Todo es posible a la fuerza de la clase obrera en acción
El movimiento de huelgas y ocupación de fábricas consecutivo a la noche del 10 al 11 de mayo debe alcanzar el cumplimiento de los objetivos históricos del proletariado, ahora inmediatos, o bien se saldará por un compromiso con el poder capitalista al término del cual el proletariado se hallará, una vez más, esclavo del capital.
Acordaos de junio de 1936: «Hay que saber terminar una huelga» (Thorez), y, para que los obreros consintiesen en abandonar las fábricas, la concesión de las 40 horas de trabajo, que ha parado en la explotación sin freno del salario base, del trabajo a destajo, las primas, las cronometraciones, las horas extra.
La ocupación actual de las fábricas debe continuar y extenderse a todo el sistema económico, bancos comprendidos. Pero la ocupación debe tomar la forma de «restitución de los instrumentos de producción a la sociedad» (Marx).
Ahora bien, tal restitución no puede hacerse sino por intermedio de los trabajadores mismos. No se trata pues de restituir al capital las fábricas y las facultades mediante algunas concesiones, por importantes que sean, sino de conservarlas en calidad de PROPIEDAD COMUNISTA, Y DE PONERLAS EN MARCHA, al igual que todo el mecanismo social —producción, consumo, enseñanza, etc.— al servicio del hombre sin explotación.
QUIENES PROYECTAN COMPROMISO CON EL CAPITAL Y SU ESTADO TRAICIONAN A LA CLASE OBRERA.
El gobierno podría hacer hoy dos concesiones en apariencia importantes: nacionalización de las grandes industrias y cogestión de las empresas; es decir, podría ir hasta aceptar que algunos obreros supervisen la explotación del proletariado entero. Y tanto mejor si los supervisores son elegidos «democráticamente» cual los diputados parlamentarios.
¡NO A LA COGESTIÓN DE LAS EMPRESAS! Lo que se impone exigir es la GESTIÓN EXCLUSIVA POR LOS TRABAJADORES, DE TODA LA ECONOMÍA Y DEL PODER POLÍTICO.
¡NO A LAS NACIONALIZACIONES QUE EL PODER SE DISPONDRÁ A CONCEDER SOCAPA DE SOCIALISMO! Además de que eso instauraría un capitalismo de Estado, en nada contribuiría a mejorar la suerte de los obreros (véase Renault, etc.).
La clase obrera, unida mediante ideas revolucionarias y no en torno a capituladores, es sobrado fuerte para imponerse, y ello casi sin violencia. Tomando semejante posición revolucionaria los obreros y estudiantes de Francia, las instituciones represivas del Estado capitalista serían vanas y se disolverían.
Para impedir ese desarrollo socialista, los sindicatos hablan, junto con sus partidos, de impedir toda injerencia exterior a la clase obrera (aluden a la manifestación de solidaridad de los estudiantes) y de no hacer nada que no sea decidido por las asambleas sindicales.
La democracia revolucionaria comienza en la soberanía absoluta de la clase obrera, que se sitúa por encima de todos los partidos, de todos los sindicatos, cualesquiera sean, con mucho mayor motivo por encima de los partidos y sindicatos que se atreven a decir a la clase obrera: conservad las fábricas hasta la firma de nuevas modalidades de explotación (nuevos contratos colectivos).
Son esos mismos hombres quienes ponen en guardia a la clase obrera contra las injerencias exteriores. ¿De dónde vienen en realidad esas injerencias? La ley prohíbe la elección de delegados no designados por los sindicatos, privilegio enorme consentido por el Estado capitalista a sus elementos destacados en el interior de la clase obrera. He ahí por qué la resolución de la C.G.T. (l'Humanité 18 mayo) pide la extensión de las libertades sindicales, opuestas hoy a las libertades obreras.
Trabajadores, ¡DESIGNAD VOSOTROS MISMOS VUESTROS DELEGADOS, VUESTROS COMITÉS DE FÁBRICA (soviets), INDEPENDIENTEMENTE DE TODA PERTENENCIA SINDICAL O POLÍTICA!
¡ACOGED A LOS REPRESENTANTES DE OTRAS COMUNIDADES OBRERAS, ESTUDIANTILES, DE TRABAJADORES EN GENERAL!
Quienes temen la controversia en este momento son los que quieren conservar los privilegios que la ley les concede.
La C.G.T. pretende ser Ella la clase obrera igual que de Gaulle pretende ser Francia, Él. Ahora bien, es una realidad que el Estado gaullista se apoya en la C.G.T. y demás centrales sindicales, que incluso les acuerda subvenciones, haciendo de ellas organismos del sistema de explotación, por consecuencia fuerzas exteriores al proletariado, y por ende fuerzas enemigas de él.
DE LA LIBRE DISCUSIÓN EN EL SENO DE LOS ORGANISMOS ELEGIDOS POR LA CLASE OBRERA EN SU CONJUNTO DEPENDE EL PORVENIR DEL MOVIMIENTO EN CURSO.
¡ADELANTE POR UNA SOCIEDAD COMUNISTA SIN CAPITAL NI SALARIATO!
19 de mayo de 1968
En guardia contra los aparatos
Las fábricas y las facultades ocupadas por los trabajadores y los estudiantes no podrán en ningún caso ser recuperadas directamente por el Estado y el patronado.
La recuperación no podrá efectuarse sino por medio de los aparatos políticos y sindicales auxiliares del capitalismo, principalmente por medio de los más fuertes de entre ellos. Ya están negociándola.
Conspiran contra la clase obrera, contra el movimiento revolucionario que ha adquirido en Francia nuevo impulso.
Trabajadores, estudiantes: cuando se os dice que la ocupación de las fábricas no cesará sino después de la satisfacción de las reivindicaciones presentadas (por los sindicatos, no por los obreros mismos) se os PONE UN CEPO, pues esas REIVINDICACIONES SERVIRÁN PARA PONER OTRA VEZ EN MARCHA LA EXPLOTACIÓN Y LA ENSEÑANZA CAPITALISTAS.
Se pretende pues ahogar el movimiento obrero-estudiantil desde dentro.
Reaccionad vigorosamente, organizaos en comités de fábrica, de facultad, etc., elegidos en asamblea general con derecho de voz y voto para todos, sindicados o no.
UNID TODOS ESOS COMITÉS EN UNA SOLA CONVENCIÓN CENTRAL; esa será la fuente del poder surgido de la lucha contra el sistema, esa será la única legitimidad no engañosa.
De la fábrica hasta la escuela y la banca, los comités deben aprestarse a PONER EN FUNCIONES TODOS LOS CIRCUITOS ECONÓMICOS DE PRODUCCIÓN Y DE DISTRIBUCIÓN SOBRE BASES SOCIALISTAS, SIN DELEGAR SUS FUNCIONES NI SU PODER A NINGÚN OTRO ORGANISMO, y menos que a ninguno a cualquier Estado con policía y ejército permanentes.
Como la emancipación de los trabajadores, el socialismo será obra de los trabajadores mismos, NO DE UN ESTADO PROPIETARIO DE LOS INSTRUMENTOS DE PRODUCCIÓN y armado de punta a cabo.
La clase obrera, los estudiantes y la mayoría de la población, no tienen sino UNA SOLA REIVINDICACIÓN INMEDIATA:
¡ABAJO EL SISTEMA CAPITALISTA!
¡ABAJO LA EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO!
¡VIVA LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE LA SOCIEDAD COMUNISTA!
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS, SUPRIMID EJÉRCITOS, POLICÍAS, PRODUCCIÓN DE GUERRA, FRONTERAS, TRABAJO ASALARIADO!
París, 23 de mayo de 1968 — Grupo 10 Mayo-Revolución Mundial
Nota. El párrafo de presentación es traducción nuestra del francés. Las dos octavillas, firmadas por el Grupo 10 Mayo-Revolución Mundial, se dan según la versión española publicada por Alarma, nueva serie, n.º 11, junio de 1968: «Todo es posible a la fuerza de la clase obrera en acción» y «En guardia contra los aparatos», cotejada con la francesa; corregimos algunas erratas.