Boletín, n.º 2, Barcelona, febrero de 1937 (págs. 1-4). PDF del número completo

"Este cocinero (Stalin) no nos preparará más que platos picantes". (Lenin sobre Stalin, 1921).

"Wolodia (Lenin) decía de Stalin: le falta la más elemental honradez". (Krupskaia a Trotzki, en presencia de Zinoviev y Kamenev).

"No entréis en negociaciones con Stalin, porque establecerá un compromiso falso y engañará". (Lenin a Trotzki, por intermedio de Fotieva, su secretaria en 1923).

"Stalin es demasiado brutal...." Propongo nombrar a un hombre que sea "más paciente, más leal, más cortés y atento con los camaradas, menos caprichoso" etc. (Testamento de Lenin).

"Evidentemente, vamos —escribe Sedov en el "Libro Rojo", en octubre de 1936— hacia un nuevo proceso. Sus contornos empiezan a dibujarse. La acusación calumniosa de "terrorismo" debe ser completada por la de "complot militar y espionaje". Determinados síntomas dejan entrever que es al rededor de estas acusaciones como se levantará el nuevo proceso". (Pág. 122). Estos síntomas no fueron engañosos.

De nuevo un buen número de viejos bolcheviques acaban de ser ejecutados en el patio o el sótano de una prisión de la Gepeu. ¿No quedó saciada la sed de venganza de Stalin-Calígula con los asesinatos legales del mes de octubre último? ¿O es que sólo empieza la ejecución en masa de los bolcheviques? Entre las decenas de millares de bolcheviques encarcelados, deportados, "concentrados" en campos o en aisladores políticos, ¿cuántos deberán aún entregar sus vidas en el altar de la contrarrevolución staliniana? Cuántos fusilamientos de bolcheviques de "segunda importancia" han ocurrido a través de la U.R.S.S. y de los cuales nada sabemos?

Seguramente, la tragedia comienza ahora. No es tiempo aún de reconocer quiénes serán los vencidos y quiénes los vencedores. Esto sólo puede decidirlo la lucha revolucionaria del proletariado mundial. Mientras los bolcheviques-leninistas de todo el mundo luchan por la revolución social, formando en vanguardia por la solidaridad activa de la clase obrera mundial al proletariado español, el stalinismo se engolfa con los trapisondistas del imperialismo, e inicia el exterminio físico de los viejos compañeros de Lenin, dando a la burguesía mundial el grito de alarma contra los trotzkistas.

Entre otras cosas, los procesos de Moscou quieren sugerir a las "democracias" burguesas una enconada persecución contra los bolcheviques-leninistas en lucha por la revolución proletaria en sus respectivos países. En el mes de septiembre último, el secretariado por la IV Internacional advertía públicamente a los camaradas: "Es indudable que actualmente la GEPEU trabaja en una vasta empresa de provocación para trasplantar los métodos básicos empleados por ella en la U.R.S.S., al resto del mundo" (S.I. 27-9-36). La propia investigación del fiscal Vichinski, dice: "Es importante no sólo para nuestro país, sino para todos los estados, que, con nosotros, trabajan por el mantenimiento de la paz del mundo". ¿Quién nos garantiza que un buen día la U.R.S.S. no considerará que el propio imperialismo alemán trabaje "por la paz del mundo"? ¿No acaba de reconocer la diplomacia staliniana a Alemania e Italia, el derecho de vigilar las costas españolas, "en interés de la paz?" ¿No es éste acaso el principio de una alianza mundial contra la revolución proletaria? Ninguna contestación mejor que los aplausos o el acogedor silencio con que la burguesía mundial ha presenciado los asesinatos jurídicos de Moscou.

No hay la menor duda de que si en el recinto de las fronteras rusas, Stalin con su gigantosca clientela burocrática, tienen demasiadas cosas que temer y que perder, como razones para entregarse a la más bestial de las persecuciones contra los hombres que por su historia están más ligados a las masas, que pueden servir al proletariado de aglutinante contra la burocracia y la aristocracia obrera, en el orden internacional, la burguesía, que no se conforma con palabras, tiene también su parte en el asunto. Aliarse con un país que hizo la revolución social y disfrutó la dictadura del proletariado, no puede hacerlo la burguesía sin obtener firmes garantías. Los cuerpos de Zinoviev, Kamenev, Muralov, Piatakov, etc., convencerán a la burguesía de que Stalin y la I.C. son enemigos irreductibles del bolchevismo y la revolución mundial. Cualquier país que escojamos servirá de prueba terminante. ¿Qué trabajador consciente no reconoce en los stalinianos españoles a los campeones de la burguesía? Para justificar su crimen, el stalinismo acusa a los trotzkistas de enemigos del socialismo; pero en España, esto es, en la viva realidad de una revolución en marcha, son los stalinianos quienes luchan contra la socialización, contra los comités obreros, por desarmar al proletariado y restituir a la burguesía los girones de Poder que el proletariado supo arrancarle a costa de tantas luchas. El poder de la prensa staliniana, entregada a calumniar y perseguir a los bolcheviques, es mucho, pero no podrá impedir que los trabajadores vean alzarse entre ellos y la revolución el brazo monstruoso de la burocracia rusa al servicio de la contrarrevolución.

En el andamiaje de estos procesos, que sólo vistos en conjunto, "a grosso modo", se revelan ya como un gran embuste, hay detalles que dejan entrever las influencias concretas que han intervenido en su montaje. Mientras que en el proceso del mes de agosto los acusados eran culpables de haber trabajado al servicio de los fascismos alemán, nipón y polaco, esta vez los acusados, considerados como cómplices de los otros, no son puestos en relación con Polonia. La explicación es sencilla. En tanto, el viaje del general Rydz-Smigly a París fué devuelto por el del general Gamelin a Varsovia y Francia concede a Polonia un crédito de guerra de 1.300 millones. Este crédito fué votado por el P.C. francés aunque su cofrade polaco es ilegal, miles de sus miembros estén en prisión, y el imperialismo polaco no haya abandonado del todo sus planes anti-rusos. Advirtamos además que los acusados no han sido puestos en connivencia con el fascismo italiano. Es el propio P. C. italiano quien hace suyo el primitivo programa fascista.1 Stalin no quiere enemistarse con Mussolini hasta que desaparezcan todas las posibilidades de convertirlo en su aliado.

La acusación de criminales contra los viejos bolcheviques, tiene aún un sentido más profundo. Stalin procura que las masas se digan: ¿Los compañeros de Lenin son criminales? ¿Entonces, Lenin mismo, no fué criminal? ¿Toda la revolución de octubre no fué un crimen? ¿No hay que reemplazarla por la contrarrevolución staliniana?

"La burocracia de Stalin se halla ante graves problemas interiores y exteriores que le obligarán a tomar decisiones de las que toda la población de la U.R.S.S. sentirá las consecuencias. Estas decisiones acentuarán el descontento en las fábricas y el campo. Al rededor de los que desempeñaron un papel en la revolución de octubre, pueden agruparse todos los descontentos a la menor ocasión. Hé ahí por qué es necesario suprimirlos". ("Spartacus" Bruselas, 10-10-36). Con mayor razón "Stalin quiere la cabeza de Trotzki, hacia quien tiende todo lo que queda de revolucionario en la U.R.S.S." (Sedov, obra citada, Pág. 123).

La burocracia y su jefe infalible, Stalin, son vistos cada vez más claramente por las masas obreras como enemigos del proletariado y la revolución. La ley de prohibición del aborto, el restablecimiento del uniforme y el principio de autoridad en las escuelas, la jerarquización del ejército y, lo que ya toca las bases sociales, el restablecimiento del derecho de herencia y la parcelación de la tierra sobre la base de los koljoses, a los que se reconoce la propiedad sobre la tierra, el ganado y sus productos, llevan ya las depredaciones, tropelías y malversaciones de la burocracia hasta un lindero que amenaza liquidar la socialización de la producción, principal de las conquistas de octubre. El descontento de la gran masa de trabajadores que no son funcionarios del Estado, del partido, los sindicatos, o stajanovistas con sueldos enormes, crece por momentos y está perfectamente localizado contra la burocracia. Stalin necesita cortar el descontento mediante el terror; pero al mismo tiempo trata de presentar a los trotzquistas como seres infernales, enemigos del socialismo, espías, terroristas, ladrones, aliados del fascismo, sadistas que descarrilan trenes y provocan explosiones de gas grisú por el placer de matar trabajadores. Así procura Stalin provocar un sentimiento de repugnancia de la clase trabajadora hacia su vanguardia revolucionaria, los bolcheviques-leninistas rusos.

Discriminar toda esa amalgama, inconcebible a fuerza de perfidia, no nos toca hacerlo aquí. Pero toda la construcción se desploma revisando sólo a los personajes que intervienen en el proceso. Veamos:

Radek.- Nacido en 1883. Militante marxista revolucionario, de origen polaco, desplegó gran actividad en los partidos socialdemócratas polaco y alemán. Perteneció con Rosa Luxemburgo, a la izquierda de la social-democracia alemana agrupada en torno al Arbeiterpolitik de Bremen. Expulsado de Alemania, marchó a Suiza. Durante la guerra combatió el patriotismo y la unión sagrada. Habiéndole negado la entrada en Rusia el Gobierno provisional de Kerenski a principios de 1917, se instaló en Estokolmo, donde sirvió de punto de unión entre el partido bolchevique y los internacionalistas extranjeros. Miembro del partido bolchevique desde octubre de 1917, participó en todas las luchas de la revolución rusa. Detenido en Berlín después de enero de 1919 por el gobierno Scheidemann. Ejerció gran influencia en la I. C. y en el P.C. de la U.R.S.S. Uno de los líderes de la oposición trotzkista. Excluido por el XV Congreso en 1927. Después, "reconoció" sus errores y abandonó la oposición.

Muralov.- Previos someros estudios de agronomía, se convirtió en militante profesional y participó en Moscou en la revolución de 1905. Tras dos años de prisión, fué absuelto. Soldado en una compañía de equipos de automóviles, puso sus frecuentes viajes al frente al servicio de la propaganda del partido. La revolución de octubre le halló en Moscou, donde dirigió los ocho días de combates encarnizados que terminaron por la victoria de la insurrección. Trotzki ha dicho de él que "fué un intrépido mariscal de la guerra revolucionaria". Después de la victoria sobre los blancos, fué nombrado primer comandante de la circunscripción militar de Moscou.

Piatakov.- Viejo bolchevique, miembro del C. C. y comisario adjunto del pueblo para la industria pesada. Uno de los cinco hombres favorablemente mencionados en el testamento de Lenin.

Serebriakov.- Predecesor de Stalin en el puesto de secretario general del P. C.

Sokolnikov.- Uno de los dirigentes de la guerra civil, miembro del C. C. y creador del tchervonietz, primera moneda soviética de curso estable. Embajador de la U.R.S.S. en Londres.

Vichinsqui, el fiscal, pequeño abogado provinciano de tipo filisteo. Menchevique en 1905. Hay un vacío en su biografía oficial entre 1907 y 1920. Durante la revolución de 1917, menchevique de derecha. No entró en el partido bolchevique hasta después de la victoria de la guerra civil. Siempre fiel staliniano.

Saslauski, comentador del proceso en la Pravda. En 1917 escribía en el periódico bancario "Djen" (El Día). El más encarnizado enemigo de los bolcheviques. En aquella época acusó a Lenin, Trotzki y otros, de estar al servicio del Estado Mayor alemán.

Quienes no ven en los métodos de Stalin contra los oposicionistes, otra cosa que la continuación de los de Lenin contra los adversarios del bolchevismo, como los camaradas anarquistas, se engañan gravemente. En 1922 el proceso de los socialistas revolucionarios, que fueron verdaderos terroristas actuando en los momentos más críticos de la revolución, fué público y los representantes de la II Internacional, entonces enemiga encarnizada de la U.R.S.S., como los propios acusados, fueron invitados a presenciarlo. A pesar de que las pruebas irrefutables de su culpabilidad fueron aportadas, todos salvaron la vida. Y cuando el mando del Ejército Rojo se sirvió de la pena de muerte, fué contra los desertores y emboscados. Entre ellos había varios anarquistas, pero la gran mayoría de éstos se aliaron a la revolución de octubre. La dictadura del proletariado, si se aplica en primer término contra el enemigo de clase, se utiliza también contra los elementos retrasados, inconscientes o desmoralizados, de la clase trabajadora. El terror leninista fué un terror rojo; el de Stalin es terror blanco.

Pero, si el régimen staliniano no es la dictadura del proletariado, ¿es que se ha rehecho el capitalismo en Rusia? Y si no es así, ¿qué clase de sociedad es aquélla? La única contestación firme que se puede dar por ahora, es que en la U. S. priva el dominio desmandado de la burocracia y la aristocracia obreras, alimentadas por los incalculables privilegios económicos que se traslucen a través de la escala de sueldos, de 100 a 10.000 rublos mensuales y ejerciendo un monopolio político sobre el Estado que da a éste los caracteres de una de las tiranías mejor organizadas que conoce la historia.

La supresión de la gran propiedad privada, base de la revolución y de todas las conquistas de Octubre, perdura aún. No obstante, el problema no puede quedar resuelto con esta constatación. Sobre la propiedad y el Estado, sobre todos los organismos soviéticos, está encaramada la burocracia, y esta fuerza conservadora, que en primer término impidió al proletariado ruso obtener todos los beneficios económicos y políticos del progreso industrial, entra en colisión con el desarrollo normal de la revolución. Hasta un límite que ya parece alcanzado, la burocracia y la socialización se desarrollaban paralelamente. La introducción del derecho de herencia y la propiedad de grupo en el campo, demuestra que la burocracia y la revolución son intereses totalmente opuestos; demuestra que no hay posibilidad de continuar sobre el camino de Octubre rojo, sin derrocar a la burocracia.

El daño inmenso que esta capa usurpadora ha infligido a la revolución es claramente perceptible así en Rusia como en todos los países. Se cuentan por docenas las derrotas sufridas por el proletariado mundial a causa de la burocracia.

En el caso de España, la traición alcanza proporciones exorbitantes de las que no se salvará ni la propia burocracia, si no es que antes el proletariado frustra sus propósitos. Ya está demostrado por varios meses de lucha, que la ayuda material prestada por la Unión Soviética no es suficiente para triunfar. Sin embargo, la misma ayuda cuantitativa, prestada no a la república democrática, sino a la revolución social, nos salvaría sin duda de ningún género; porque lo que está impidiendo el triunfo sobre los fascistas es la mordaza puesta a la revolución. Y esta mordaza, que se extiende por toda Europa, se amarra fuertemente en Moscou.

No es en vano que los mismos que en Rusia asesinan a los bolcheviques que dirigieron la revolución, defienden en España el parlamento y la democracia con ardor de propietarios. La burocracia sabe que si por la derecha su enemigo es el fascismo, por la izquierda lo es la revolución. Está contra uno y contra otra. Hé ahí la razón del antifascismo, que traducido al lenguaje de Marx, quiere decir: teoría y práctica de los pequeño-burgueses.

Pero la burocracia misma es incapaz de preveer y controlar los resultados de su propia política. Entre los revolucionarios es axiomático que pretender neutralizar la revolución y la contrarrevolución, equivale siempre hacerle el juego a ésta última. En la arena mundial, Rusia sigue siendo el país de la revolución, un grave obstáculo para el capitalismo; pero la burocracia, que no quiere ni puede luchar revolucionariamente, pone en gravísimo riesgo la revolución mundial y la propia existencia de la U.R.S.S. Una y otra encontrarán su salvación en la lucha independiente del proletariado contra el capitalismo y contra la burocracia, que impide aquella lucha.

Los procesos de Moscou indican hasta dónde la burocracia está dispuesta a llevar su lucha contra la revolución. Trotzki, que conoce bien la significación política de los "misterios" rusos, ha declarado estar dispuesto a entregarse a la policía soviética, a condición de que Stalin se comprometa a comparecer ante una comisión de encuesta internacional. Los trabajadores de todo el mundo, al mismo tiempo que exigir la formación de esta comisión, deben perseguir implacablemente la política de la revolución proletaria. Sólo el triunfo de ésta, podrá vencer definitivamente al fascismo, al capitalismo y a la burocracia.

PROLES.

  1. Véase nuestro 1er. número, Pág. 18. ↩