Contra la Corriente, n.º 1, febrero de 1943 (págs. 8-12). PDF del número completo

Los acontecimientos mundiales han traido nuevamente a primer plano el problema de España. Al conocerse el despido de Serrano Suñer, el poderoso cuñadisimo, Dowing Street y la Casa Blanca lanzaron carcajadas de júbilo creyendo tener ya el el bolsillo un aliado mas. ¿Acertaron? ¿Erraron? Ni lo uno ni lo otro. Aunque la operación en Africa ha demostrado hasta la saciedad que entre democratoides y fascistoides todo es posible, los cambios ministeriales operados por Franco tienen mucha más significación interior que exterior.

Anhelosos de enriquecer el batiborrillo político de "la buena causa" con otros dictadorzuelos más, los jerarcas aliados olvidan la mas reciente historia de España, y otra cosa que sin duda olvidan deliberadamente... que las tropas de Hitler pueden colocarse en España de dos trancos.

El despido de Serrano Suñer y la reorganización del Consejo Superior de Falange son episodios de lucha interna totalmente ajenos a consideraciones internacionales, aunque Franco trate de hacerlos ver como favorables a los aliados. Falange es un partido sin unidad política real, creado por un compromiso de urgencia ante el temor de una victoria revolucionaria. Al ser hecho por un decreto el partido único, mediante una amalgama de todas las tendencias reaccionarias sumadas a los militares, mas los militares mismos, el nucleo especificamente fascista era minoritario con relación a los restantes. La razón de su elección como centro político del régimen, obedeció tanto a sugerencias de Alemania e Italia, como a los métodos propagandísticos demagógicos propios de Falange. Se le encargó la misión de crear el mito redentor de los cuarteles y servir de cuadro policíaco de un régimen odiado y tambaleante, incluso allí donde, por contingencias prácticas, se había enseñoreado del territorio. Pero la carga heteroclitica embutida en el partido único, no alcanzó ni remotamente unidad verdadera. Desde el primer día, los militares y el clero, sintiéndose postergados, iniciaron una lucha sorda contra los principales dirigentes falangistas. Al cesar la guerra civil, aumentaron su actividad. La oposición de toda la masa pobre, cada vez mas sensible, envalentonó a los elementos de crucifijo y espada. La mayoría de la pequeña-burguesía y una parte de la grande les apoyaron. Franco ha cedido parcialmente a sus demandas sacando a primer plano hombres representativos de la clerigalla y los cuarteles, con detrimento de los especificamente falangistas. No hay que olvidar que Franco mismo no fué nunca mas que un militarote cuyos triunfos escuálidos en Marruecos le dieron veleidades cesareas. No hay una concesión a las masas en el cambio, pero si una tentativa de diminuir el descontento remozando la fachada: La directiva parece ser, convertir a Falange en un partido fundamentalmente católico, semejante al que hace pocos años sirvió de base a Dolfuss en Austria. No resultará inmediatamente mas que una pequeña diferencia en los métodos de la dictadura. De todos modos, por el odio universal contra Serrano Suñer y los altos jefes falangistas, del cual se han valido militares y curas, denota en algo, aunque oblicuamente, la presencia de la oposición obrera y campesina. Aunque no mejoraran en nada bajo el nuevo gabinete, la confianza de estas dos clases en si mismas, resultará reforzada, su espíritu se concentrará para una lucha en plano mas elevado. Ni la prensa burguesa ni la de sus asistentes stalinistas ha tomado en consideración este aspecto de la reorganización del Gabinete franquista, el único realmente interesante, siquiera en mínimo grado, para el proletariado mundial.

Los regateos entre las clases altas, no representan nada decisivo de por si para la política exterior del país. El resultado de esa sarracina entre tiburones puede ser X o Y; cualquiera de las partes que resulte triunfante puede cambalachear, sea con las democracias, sea con el Eje. Se debate entre ellos el matiz definitivo que ha de tomar la contrarrevolución. En una u otra forma, el problema es de supervivencia y depende directamente de la aquiescencia y apoyo del imperialismo triunfador. De ahí los guiños que subrepticiamente dirige Franco a Washington y Londres, sin dejar por ello de ayudar al Eje económica y propagandísticamente. Pero mientras Hitler fisgue los movimientos de Franco desde los picachos montañosos de los Pirineos, el "caudillo" no podrá despegarse gran cosa de la semi-beligerancia junto al Eje que observa desde el principio de la guerra.

Si se tratara únicamente de simpatías, las clases poseyentes españolas estarían ya guerreando por Alemania. Desde 1914-18 son profundamente germanófilas. Jordana no lo es menos que su substituido, Serrano Suñer, aunque esté menos comprometido que él. Lo es Franco y toda la casta militar, servilmente mimetista de la alemana, de la que copió todos sus usos y reglamentos. La Iglesia católica, única en España, es, sin duda, una excepción. Amenazada de aniquilamiento por el nazismo, ve con cierta simpatía un triunfo aliado, lo que no le impedirá tratar con aquél, caso contrario. Sin duda se debe a la intervención del Vaticano el mejoramiento de las relaciones entre Madrid y Washington-Londres. La mediación del Papa se hace sensible hasta en el Partido Comunista Español, que reclama la anulación del artículo 26 constitucional, por el cual se establece la separación de la Iglesia y el Estado. De cualquier manera que sea, la política exterior franquista dependerá, ante todo, de lo que pase fuera de España. A medida que la victoria alemana parezca más dudosa, aumentarán los cuchicheos prometedores en los trasfondos de las cancillerias. El cal y canto amasado con oro ofrecido por Roosevelt a su "querido amigo" Franco, so pretexto de reconstrucción artística, no es mas que una muestra pública de la mecánica de la guerra, oculta por el monopolio de la propaganda. Algún día los archivos diplomáticos abrirán su entraña para echar al aire las trampas de taures que sirven de vehículo a los llamados demócratas.

A pesar de las frecuentes maldiciones de Franco contra el comunismo, el Ejército Rojo ha contribuido principalísimamente a apaciguar la exaltación germánica del "caudillo" y sus acólitos. Si el trasiego ministerial no representa por sí solo gran cosa en cuanto a política exterior, el desgaste agotador de Hitler en la U.R.S.S., tornando en espejismo toda seguridad de victoria fascista, obliga a Franco a considerar mas seriamente un entendimiento secreto con las democracias. Si no existe ya, debe estar al caer, a juzgar por la cordialidad de Roosevelt y el buen semblante con que la prensa capitalista americana considera la política del dictadorzuelo español. El comentario elogioso del "New-York Times" al "Pacto ibérico de neutralidad", firmado en Portugal por Jordana y Oliveira Salazar, es el lenguaje que se tiene para con un amigo. La sediscente oposición fascismo-democracia burguesa, tiende a convertirse en fusión, en el caso de España, como lo es desde el principio de la guerra, con los gobiernos totalitarios de Polonia y Grecia, como lo es tambien, en sentido inverso, entre el fascismo alemán y las democráticas Finlandia y Suecia.

Hechos recientes han reafirmado las consideraciones de Franco para con las democracias. Los entendimientos de Washington con Darlan, Otto de Habsburgo y el fascista italiano Pope, advierten a los Franco y a los Darlan potenciales de Alemania e Italia, las intenciones nada antifascistas de los dirigentes del imperialismo yanki-inglés. A buen seguro que todos ellos, a comenzar por Franco, han visto el enjuage Roosevelt-Darlan con el gozo de una primera realización de promesa. Al hablar Franco en su discurso, después de la ocupación total de Francia, del dilema mundial entre fascismo y comunismo, no excluyó a Inglaterra y Estados Unidos del primero de los extremos. El salto de Darlan y su reconocimiento inmediato con toda la organización odiosa del régimen de Vichy, ¿no revela acaso que lo importante para Washington y Londres es ganar aliados, y lo secundario si son democráticos o fascistas? Asesinado Darlan, los hombres de Vichy que gobernaron en Africa francesa para beneficio de Hitler, han elegido como jefe al general Giraud, enemigo inveterado del parlamentarismo a quien el trust de la propaganda capitalista -con la complicidad consciente de stalinistas y social-demócratas- trata de crear artificialmente una falsa aureola antifascista. Decenas de miles de luchadores españoles, polacos, italianos, checos, etc., extenuados por la persecución y a menudo llagados por las balas fascistas, continúan condenados a trabajos forzados por Giraud-Nogues-Roosevelt. ¿Qué les importa a los señores de Wall-Street y de la City, si ello les promete la amistad de otros verdugos hoy al servicio de Hitler? La voltereta darlanesca y la acogida calurosa de que fué objeto, se repetirá con mayor frecuencia a medida que cambie la correlación mundial de fuerzas militares. Si al principio de la guerra hemos visto a los mas gárrulos demócratas pasar de la noche a la mañana al campo fascista o dejarse anular sin mover un dedo, el fin presenciará una fuga inversa. Los fascistas de todo el Planeta, a excepción, quizá, de algunas cabezas visibles, correrán a cobijarse en el regazo del nuevo Eje Washington-Londres.

Evidentemente, Franco no dará un paso seguro hacia los aliados hasta que su victoria no admita dudas. Pero es ya indudable que lo dará al llegar el momento, e igualmente indudable que será bien acogido y se le ayudará a esclavizar al pueblo español. Si la propaganda aliada se precipita un tanto a cantar victoria en España, es porque sus diplomáticos han recibido seguridades de cambio futuro, cuando Hitler se derrumbe. La política de Franco y las clases poseyentes españolas, como en cualquier otro país, se inspira, ultimadamente, no en razones ideológicas, sino de rendimiento económico y dominio político. Guiadas por el mismo principio, médula del sistema capitalista, Inglaterra y Estados Unidos se alían con Darlan-Giraud-Nogues, se aliarán con Franco y con cualquier segundón de Hitler o Mussolini, si con ello pueden alcanzar su verdadero objetivo de guerra: retener su imperio colonial o financiero y la dominación política sobre el mundo.

Los stalinistas y socialistas, -así como algunos anarquistas- que apuntalan con su propia mendacidad las añagazas de la propaganda burguesa, en vano tratan de justificar los enjuages filofascistas de las democracias, dándolos como movimientos tácticos sin ninguna significación grave. Los centristas, que frecuentemente se autocalifican de internacionalistas, no dejan de añadir su propio grano a esta clase de propaganda. Por el contrario, el pasteleo africano pone en descubierto la unidad fundamental del capitalismo mundial por encima de sus matices estructurales, y da, para las democracias, un indicio certísimo de la dirección que seguirán en el futuro. Ni es una excepción, ni será provisional. En el oro y las armas del imperialismo yanki-inglés, los Darlan de todas la latitudes encontrarán cuanto apoyo puedan darles contra las masas explotadas que buscan la salida socialista.

El aguachirle pseudodemocrática del stalinismo, sin otra preocupación "teórica" que la de justificar al imperialismo aliado de Stalin, no puede descubrir el movimiento evolutivo que acerca cada día mas los mangoneadores de las Naciones Unidas al totalitarismo tipo fascista. Pero quedamos -y aun aumentamos- los internacionalistas capaces de verlo y decirlo sin contemplaciones. El modelo de la evolución totalitaria, que el final de la guerra acelerará, está en Alemania. Hitler ha dado cátedra a la burguesía mundial en los aspectos decisivos para su futura conservación. Puede desaparecer él, e incluso Alemania como entidad económica y política; sus ejemplos serán seguido y perfeccionados por sus rivales triunfantes. La organización política y los métodos policíacos hitlerianos, no difieren ya sino cuantitativamente de los democráticos. Históricamente considerados, son el término de un proceso de concentración del poder político en manos del gran capital monopolista. Si su cumplimiento quedó redondeado antes en Alemania e Italia que en Estados Unidos e Inglaterra, débese a contingencias de primacía en la galopada de las burguesías nacionales hacia los mercados y las materias primas mundiales. Los paises que llegaron antes, los "imperialismos hartos", según la expresiva caracterización de Lenin, sintiéronse, naturalmente, mas desahogados. El capitalismo alemán, encajonado en sus aristas fronterizas, amenazado mortalmente por su propio proletariado, hubo de llegar, a marchas forzadas, hasta el totalitarismo político, la forma mas segura de conservación para la burguesía en su periodo de decadencia. Apurando el análisis hasta su mas enjuta expresión, puede decirse que el fascismo es una reacción automática de la burguesía directamente resultante de un déficit enorme entre su capacidad productiva y sus ventas. Todas las demás circunstancias que la impelen al fascismo, incluso la amenaza socialista, son contingentes y engendradas ahí. Se argüirá que España, Portugal, Polonia, Grecia, etc., donde la capacidad productora sobrepasa apenas las necesidades nacionales o no llega a cubrirlas, viven bajo regímenes totalitarios mas o menos idénticos al germano-italiano. Verdad que no niega, sino que matiza y extiende, la tesis asentada. Toda idea -vale decir en este caso sistema político- es engendrada en determinadas causas materiales, pero una vez nacida adquiere materialidad e independencia propia relativas, permitoéndole operar destacada de las causas inmediatamente engendradoras. Por otra parte, la burguesía, esencialmente nacional en lo político, no puede sustraerse a las consecuencias internacionales de su sistema de producción, ni mucho menos a la sacudida revolucionaria que mundialmente provoca en el proletariado. Lo que brotó de una relación estricta entre producción y consumo se convierte en un modelo mundial de dique contrarrevolucionario, en dependencia mas conexa con el estado mundial de aquellos que con su faceta nacional.

Pisoteando el cogote a millones de esclavos, Inglaterra y Estados Unidos no han tenido que recurrir en su propia casa a la supresión de las libertades burguesas, al menos en lo formal. En la práctica los trusts financieros las han reducido ya a su mínima expresión. Cuestión de tiempo y coyuntura. En el pasado, la crisis económica de 1929 a 1934 afectó muy seriamente a ambas naciones. En el futuro serán alcanzadas con mucha mayor violencia, aunque por la victoria conviertan el mundo en un corral para su uso económico exclusivo. El corral resultará estrecho para las fuerzas productoras acumuladas. Toda la serie de problemas que auparon a Hitler en Alemania, aparecerán ante la burguesía anglo-americana con fuerza multiplicada. La revolución socialista será mas inminente que nunca. El gran capitalismo vencedor, en peligro por la victoria, no tolerará ningún género de competencia y redoblará su brutalidad para con los débiles. Estados Unidos, tendrá las bridas de todo el mundo, incluso de Inglaterra. La burguesía de la Europa continental no se incorporará nunca mas al grado de independencia que tenía antes de la guerra. En éste, como en otros aspectos, los demócratas de habla inglesa seguirán la senda trazada por Hitler. Como Hitler, gobernarán Europa por medio de la ocupación militar o de gauleiters de cuño propio. ¿Qué interés pueden tener, consecuentemente, en deshacerse de los ya existentes? Sólo para guardar las formas cambiarán las personas allí donde puedan hacerlo sin peligro de remover los sedimentos revolucionarios que yacen en la consciencia de las masas, incluso de las mas inertes. El ejemplo de Darlan, muestra bien que lo fundamental es el amo a que se sirva. El remoquete político se deja para los discursos de ocasión y los titulares de la gran prensa. ¿Y qué pueden hacer los pseudodemócratas en España? Quitar a Franco, aunque no fuera mas que para restablecer la monarquía, es una manipulación que puede levantar peligrosas polvaredas. En cambio, los futuros vencedores saben que el caudillejo les será tan fiel betunero como lo ha sido de Hitler. La operación está, en realidad, decidida ya por ambas partes, salvo improbable ingreso de Franco a la guerra contra las democracias. Aun entonces, Washington y Londres no buscarían derrocar la dictadura sino substituir por otro al dictador. El proletariado español y mundial deben tenerlo por seguro: parodiando la célebre frase histórica, para los dirigentes de las Naciones Unidas, "tanto monta, monta tanto" Darlan como Franco. El único camino posible de salvación para las masas explotadas está en su propia lucha revolucionaria, independientemente de las cortapisas burguesas que quiere endilgarle el stalinismo, no sin ayuda indirecta de buena parte de los llamados antistalinistas.

"La libertad de la prensa para los capitalistas equivale a la libertad para los ricos de comprar la prensa, de fabricar y falsificar la llamada 'opinión pública'. Los defensores de la 'democracia pura' son defensores de uno de los sistemas mas viles y mas abyectos de la dominación de los ricos sobre los órganos de educación de las masas; embusteros que, con frases elegantes y engañosas, apartan al pueblo del cumplimiento de una de sus obras históricas, consistente en la liberación de la prensa de la presión del capital".

Discurso pronunciado en Marzo de 1919, ante el Primer Congreso de la III Internacional.-- LENIN