Contra la Corriente, n.º 2-3, marzo-abril de 1943 (págs. 2-3). PDF del número completo

Los enemigos del internacionalismo proletario, divididos y subdivididos en nuestra emigración casi en tantos grupos como aspirantes a futuros ministros, no tienen otra esperanza de regreso a España que arribar desembarcados por la mano de las democracias triunfantes, y, como quien dice, con las carteras ministeriales y actas diputaderiles en el bolsillo. Los aun llamados impropiamente comunistas, confiando en el favor de la burguesía anglo-americana, amenazan a sus enemigos y amigos recelosos con constituirse en cuerpo de carabineros, plantarse en puertos de mar y estaciones fronterizas y no dejar pasar sino a quienes lleven en el pecho el escapulario del sagrado corazón de Stalin.

La política de todos estos escarabajos no tiene motivación propia ni la más remota conexión con las conveniencias de la población pobre española; es, simplemente, un despreciable apéndice de la política imperialista yanky. Con ella, si las masas españolas no derriban por si mismas a Franco, pueden ir a España suponiendo que Londres y Washington -mas Washington que Londres- quieran permitirles ir para representar allí los intereses financieros y políticos de ambas capitales. No hay que decir que tendriamos entonces una especie de régimen de Papagos, el restaurador de la monarquía reaccionaria griega, cuya preocupación cardinal sería librarse de los revolucionarios que Franco no ha podido matar.

¿Pero, tienen siquiera Washington y Londres la intención de desbancar a Franco y la Falange? A este respecto, el Embajador estadunidense en Madrid, Sr. Carlton J.H. Hayes, tratando de vencer la desconfianza franquista, se expresa terminantemente en un discurso que lleva por lema "Las metas bélicas norteamericanas". Según el corresponsal de la A.P. que lo relató en "Excelsior" del 16 de Enero, el Embajador "atacó duramente los rumores inspirados por el Eje de que una victoria aliada significaría el derrocamiento del actual gobierno español". Resulta de allí que "España Popular" y los órganos socialistas que forjan la misma ilusión, se inspiran, a los ojos del Embajador norteamericano, en la propaganda del Eje.

Citando después palabras textuales del Embajador, añade: "Si las instituciones políticas y sociales de este país son modificadas o cambiadas en los años futuros, será obra de los españoles mismos en España...no de los Estados Unidos o de los emigrados españoles". En otras palabras, no sólo los Estados Unidos dejarán indemne a Franco, sino que tratarán de impedir que nosotros, los emigrados, le derribemos. Para los revolucionarios, la declaración del Embajador no constituye sorpresa. Sabiamos que aunque no hubiesen sido pronunciadas publicamente, se repetían continuamente en secreto en la Embajada norteamericana de Madrid y en la española de Washington. Y no es que estemos dotados de facultades pitonísicas; simplemente, pisamos el terreno firme de las concepciones de clase y desde ese fortín observamos los movimientos de la burguesía de ambos campos. Es lo que nos ha permitido comprender que los intereses de la burguesía yanky-inglesa, lejos de impulsarla a derribar a Franco, la impulsan a atraérselo. Si ocurriera diferentemente, será contra su voluntad. En cambio, los desertores de la lucha de clases, sin otra base de análisis que su sumisión a una de las burguesías contendientes, se ven obligados a atribuirle propósitos que no tiene porque no le convienen. Pero la gritería de la clientela democrática, utilísima a Washington y Londres como antídoto revolucionario, perjudica también, aunque poco, a su trabajo de zapa diplomático. Por eso, de vez en cuando, una voz autorizada como la del embajador Hayes lanza un sofión a sus propios corifeos. Ya lo saben éstos: su atribución a las democracias de propósitos antifranquistas, está inspirada por la propaganda del Eje. Sin saberlo, Hayes ha hecho una excelente crítica de la traición al internacionalismo revolucionario. La lucha contra Franco y Falange es un problema de masas. Hay que contar con que los imperialismo de cualquier bando se entenderán con él.