Contra la Corriente, n.º 2-3, marzo-abril de 1943 (pág. 27). PDF del número completo
Cerca de dos años después del asesinato de Trotsky ha terminado al fin el proceso seguido al asesino. Su abogado defensor, señor Medellín Ostos, puso todos los obstáculos y realizó todos los esfuerzos posibles para prolongarlo. Por intereses de cuerpo, a la GPU no le conviene que uno de los suyos sea condenado fuera de la URSS. Entre los principales acicates de sus agentes, además de la vida esplendida que se les proporciona, cuenta la impunidad para sus crímenes. Sin excepción, hasta ahora todos han podido salir salvos y seguir operando "ad majorem Stalin gloriam". Hasta el propio Siqueiros, contra el que había un arsenal de pruebas, se escurrió facilmente de manos de las autoridades antes de que el proceso llegara a su fin. Con tales ejemplos de impunidad, los agentes de la GPU deben sentirse seguros y prestos a ejecutar sin vacilar cualquier crimen que se les ordene.
Los patronos de Jacson han recurrido a todas las triquiñuelas legales que puede descubrir la morralla mental de un leguleyo, para prolongar el proceso. Evidentemente, la GPU hubiera preferido dejarlo abierto por fuga y desaparición de su agente. No han faltado intentos en tal sentido. Pero al parecer, el asesino está tan temeroso de apurar la condena que se le imponga como de marcharse con la complicidad de la GPU. Esta, le marcaría un limite no muy largo de vida a partir del día en que se fugue.
La vista final no ofreció ninguna sorpresa. Cada una de las consideradas como tales por la defensa, había sido prevista. Las de orden legal estaban ya insinuadas en los interrogatorios a que Medellín Ostos sometió a ciertos testigos. La GPU, ha tratado de disminuir la impresión de abyecta cobardía que produjo el asesinato por su forma, aun independientemente de su caracter politicamente reaccionario. Nadie se asombró cuando la defensa calificó el asesinato de "homicidio en riña" pero tampoco lo creyó nadie.
En cuanto a las sorpresas políticas, ni siquiera es propio llamarlas así. Se desprendían obligadamente del cambio de la política exterior stalinista entre la época del asesinato y la de la vista. El asesino dejó entrever en su nueva versión, y declaró explícitamente a la revista "Así", que había matado a Trotsky al percatarse de que era agente de la Gestapo. En cualquier periódico de la época del asesinato, puede leerse la carta que llevaba encima en el momento de su traicionero ataque. Escrita al dictado de los dirigentes supremos de la G.P.U. en el extranjero, declaraba en ella Jacson que Trotsky había pretendido enviarle a la Unión Soviética para hacer actos de sabotaje, "con la ayuda de cierto comité parlamentario extranjero". No se puede tratar de Alemania, el Japón, ni de ninguna de las potencias en guerra contra la U.R.S.S. Se trata del comité del senado americano conocido con el nombre de "Comité Dies". Trotsky resultaba asesinado por conspirar contra la Unión Soviética, en colaboración con el Gobierno americano. Mas como entretanto la burocracia stalinista se ha convertido en cómplice de la burguesía americana, le ha sido preciso cambiar la versión del asesinato, como en su tiempo cambiaron las acusaciones de los procesos de Moscú, a compas de las alianzas Laval-Stalin o Hitler-Stalin. A los conocedores del termidor soviético no puede asombrarles. Probablemente tampoco será el último cambio. Pero ¿hasta donde tolerará el movimiento obrero estos métodos repugnantes? El stalinismo cambia sus mentiras con una desfachatez que revela un desprecio total y cínico por la opinión y la seriedad del proletariado. Hay que hacer frente a los calumniadores y desnudarlos ante la opinión obrera del mundo.