Contra la Corriente, n.º 2-3, marzo-abril de 1943 (págs. 6-10). PDF del número completo
La de Hitler
En el décimo aniversario de su subida al poder, Hitler ha lanzado una proclama que no dice nada y deja entender mucho.
Tres cuartas partes de la misma, están dedicadas a recuerdos. Alemania fué vencida en la guerra pasada porque reinaba en ella la división (palabra burguesa para designar la lucha de clases). Pero llegó Hitler, realizó la unidad nacional (palabra burguesa para designar la esclavitud de las masas) y Alemania llegó a la cima de su poder militar. Hasta aquí todo es verdad, puesto que cuanto mas reducido y dominado está el proletariado mas fuerte es la burguesía, interior y exteriormente. Sin la derrota de la revolución social en Alemania y en España, no habría guerra imperialista, sino que la burguesía se batiría en retirada contra la revolución internacional. Al fallar la solución revolucionaria la burguesía se bate por la dirección de la solución reaccionaria. Pero ¿por qué Hitler ha sentido la necesidad de dedicar a este problema pretérito la parte mas considerable de su proclama? En esta añoranza tiene que haber un renacimiento del problema. Esto es, que en Alemania comienza a reproducirse la división, la lucha de clases. Hablando con mayor exactitud, comienza a hacerse visible, puesto que nunca desaparece aunque se la comprima y obligue a ocultarse bajo tierra. El poder omnimodo que hace algunos meses se otorgó a sí mismo el dictador para juzgar, destituir, mandar a prisión o condenar a muerte a quien le pluguiese, sin atenerse a ninguna ley, confirma la hipótesis. Hasta ahora todos los regímenes de la época moderna, incluso los mas reaccionarios, se habían regido según las leyes elaboradas por y para sus propios intereses. El regimen nazi no resiste sus propias leyes; necesita establecer como ley suprema la arbitrariedad y el capricho del déspota. A tal grado de regresión bárbara no se llega sin que los antagonismos sociales hayan alcanzado una tensión próxima al estallido. La proclama de Hitler, sin decirlo, lo deja entender. El fascismo parece con el agua al cuello. Una sola eclosión de las contradicciones y todo el castillo de naipes "milenario" desaparecerá como el fantasma de una pesadilla.
Para evitarlo el fuehrer hace un llamamiento supremo a la unidad nacional, y otro entre líneas a la unidad de la burguesía internacional contra la URSS. "Actualmente -dice- sólo tenemos dos alternativas, o Alemania y sus aliados ganan o la invasión asiática central que llega del Oriente arrollará al continente civilizado mas viejo del mundo. Todos los demás acontecimientos palidecen ante la grandeza de esta lucha".
¿Cuáles son los acontecimientos que palidecen? No otros que la guerra contra Inglaterra y los Estados Unidos. Ya no se trata de la "civilización alemana", del "nuevo orden", sino de salvar la civilización europea, que comprende a Inglaterra y los gobiernos exiliados en Londres. Hitler se presenta como salvador de sus enemigos. La proposición de paz en favor de la guerra anti-comunista salta a la vista. Pero Inglaterra y Estados Unidos, aunque no las tengan todas consigo, parecen bien seguras de que las garras del león han sido convenientemente limadas por Stalin. Y en ese caso, ¿por qué no continuar la guerra contra la burguesía alemana que tan peligroso rival se ha revelado? Churchill y Roosevelt esperan que el hambre y la destrucción en la URSS les pondrán en la mano su control económico y la servidumbre política del stalinismo. Cuando menos en lo segundo puede asegurarse que apuntan bien. Pero sobre el destino de la URSS hablarán el proletariado ruso y el europeo.
La de Stalin
También éste, en el aniversario de la fundación del Ejército Rojo, dirigió una proclama a las fuerzas armadas de la URSS.
Cuando Stalin habla como jefe supremo, ya se sabe, es que las cosas no marchan mal; cuando ocurre lo contrario, acostumbra callarse y hacer hablar a segundones. Dada esta peculiaridad íntima del gran "genio", nosotros mismos, que estamos tan lejos de quererle, tenemos que alegrarnos al oir su voz. Significa que ha habido una victoria seria a la que trata de vincular su persona. Si no por su peroración, nos alegramos por los progresos en la defensa de la Unión Soviética y los golpes asestados a Hitler. Unión Soviética y China, son los únicos factores progresivos en esta guerra; su victoria puede adquirir un enorme alcance revolucionario, aunque Stalin y Chan-Kay-Chek tratarán de evitarlo por todos los medios.
Aparte lo positivo de las victorias soviéticas, la proclama de Stalin podía haber sido redactada por cualquier jefe militar burgués del mundo. Tras la enumeración de las victorias, no contiene mas que consideraciones técnico-estratégicas como causas de aquellas y mentiras sobre las finalidades para que fué creado el Ejército Rojo.
"No cabe duda -escribe- que sólo la estrategia justa del mando del Ejército Rojo y la táctica elástica de nuestros jefes ejecutores pudieron conducir a un acontecimiento tan considerable como el cerco y liquidación, cerca de Stalingrado, de un enorme y selecto ejército alemán de 320,000 hombres".
Sólo la estartegia y la táctica causaron la victoria. El caracter revolucionario del Ejército Rojo, por relación al reaccionario de los ejércitos del Eje no ha tenido parte en la victoria, según Stalin. Tampoco ha intervenido la defensa de la revolución proletaria de Octubre, contra la agresión de paises imperialistas. Ha habido unicamente, para el hombre del Kremlin, dos patrias frente a frente y dos ejércitos sin caracteres políticos distintivos, sin ninguna influencia moral del uno al otro.
La mentalidad burocrática soslaya el problema fundamental, la guerra por la defensa de la revolución de Octubre, que "no es una salida hacia el estado burgués sino una salida hacia la revolución socialista mundial"(Lenin). Además de soslayarlo, lo oculta a la propia población soviética, tratando de hacerla creer que no existe mas que la patria neutra, la patria sin socialismo y la victoria sin revolución mundial. La burocracia se niega a emplear el enorme potencial destructor de la reacción fascista, contenido en la fórmula de Lenin. ¿Por qué? Para comprenderlo, recuérdese una vez mas que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La forma en que el gobierno burocrático dirige la guerra es el traslado de sus propias características políticas. Stalin no ha sentido necesidad de hablar del socialismo, del caracter revolucionario de la guerra ni de la revolución mundial, porque del primero se aleja cada vez mas, el segundo quiere ocultarlo tanto a la preocupación de los soldados rojos como de los alemanes y a la tercera se opone rotundamente. De ahí que la burocracia se esfuerce en conducir la guerra por medios puramente militares y anodinamente patrióticos. Pero la posición de la burocracia stalinista no invalida la naturaleza revolucionaria de la guerra soviética contra el Eje. El hálito revolucionario de Octubre está presente en el corazón de los soldados rojos, contribuyendo a la resistencia y a las victorias mucho mas que todas las proclamas-adormideras de Stalin.
Sin embargo, el hecho de que el gobierno empleé métodos no revolucionarios en la URSS, ni trate de minar la retaguardia y los ejércitos fascistas, procurando avivar la consciencia de clase de los soldados y los obreros para oponerlos a la burguesía, es evidente que aumenta la cohesión de los enemigos de la URSS y cualquier victoria exigirá a ésta mayores esfuerzos y sacrificios. El arma mas mortifera contra Hitler, la que nada puede estropear y nadie imitar, es la lucha por la revolución socialista alemana y mundial. El Ejército Rojo no fué creado -Stalin miente deliberadamente- "sólo para la defensa de las fronteras del país soviético", sino como vanguardia armada de "la revolución mundial, la fundación de la república mundial de los Consejos" (Lenin).
Renegando, para salvar sus intereses bastardos, la perspectiva internacional de clase, la burocracia multiplica las dificultades, hace extraordinariamente costosa la victoria y acumula mayores peligros para el porvenir. Los asaltos militares deberán ser diez veces mas fuertes alli donde no se ha tratado siquiera de debilitar previamente al enemigo -que está dividido en clases antagónicas- por el asalto político.
El discurso de Churchill
Con maneras y estilo de vieja momia reaccionaria, Churchill pronunció un discurso ante la Cámara de los Comunes, a su vuelta de Casablanca y Turquía, parecido en algunos aspectos a la proclama de Hitler.
El representante de la burguesía inglesa, aunque menos históricamente que el el representante de la alemana, se preocupa también por el "orden", el orden tal como lo definió Rosa Luxemburgo respecto de Varsovia. Refiriéndose al maloliente chanchullo de Africa, el cachazudo gobernante británico aseguró a la Cámara que "lo que importa al general Eisenhower y a nuestros soldados...es, ante todo, tener un país tranquilo". En ese arte los fascistas y sus amigos sobresalen. Es la causa porque la burguesía anglo-americana los ha tomado a su servicio en Africa. Sólo cabe preguntarse contra quienes precisa mantener "un país tranquilo". Indudablemente contra los indígenas que podían tomar en serio aquello de la lucha por la libertad. Mas como Inglaterra y Estados Unidos no quieren en manera alguna socavar el poderío del Eje dando la libertad incondicional a los paises coloniales (lo que centuplicaría la lucha de los pueblos oprimidos de Europa contra Hitler), porque ello socavaría su propio dominio financiero, tienen que recurrir a procedimientos cada vez mas semejantes a los del Eje y cuando la ocasión lo permite, a los mismisimos amigos de éste.
Para terminar su discurso, Churchill pidió "a todos los patriotas en ambos lados del Oceano Atlántico que aplasten a los buscabullas y sembradores de discordia en donde quiera que los encuentren..."
La segunda proclama de Hitler
El partido..."tendrá que extinguir a los traidores en donde quiera que estén y sea cual fuere su disfraz, cuando estos sigan orientaciones hostiles al pueblo". Parece que Churchill y Hitler se han pasado respectivamente la consigna. Las palabras de uno y otro están dirigidas al mismo objeto: aplastar a los revolucionarios y al proletariado, que tanto en Alemania e Inglaterra como en los paises dominados por ambas, se agita, protesta, remueve en busca de una salida internacional y socialista a la horrible carnicería reaccionaria.
La segunda proclama de Hitler, es mucho mas alarmante para la burguesía alemana que la de Churchill para la suya. El tono de cabo-colilla mesiánico habitual a Hitler, marcado en esta proclama con particular énfasis, descubre mas que oculta la verdad. "En los próximos meses -dijo- o quizá en el próximo año, el partido tendrá que desempeñar su segunda gran tarea histórica, a saber: hacer ver a la nación la magnitud del peligro que corre, para fortalecer la fe sagrada, la de inyectar la fuerza a los caracteres débiles y destruir implacablemente a los saboteadores". Y antes de añadir la frase citada tan parecida a la de Churchill explica cual es el género de inyecciones de fe sagrada: "el partido tendrá que acabar con el terror por medio de un terror diez veces mas grande".
Ya no es en los paises ocupados, sino en Alemania también, donde el sabotaje cunde, se protesta y el descontento murmura por doquier, aun sin tener moldes orgánicos. Son las formas primeras, rudimentarias, de las grandes acciones revolucionarias. Las palabras de Hitler revelan que la tensión social en Alemania debe ser tremenda, adespecho de la Gestapo. ¡Magnífica, formidable y prometedora confirmación del punto de vista internacionalista! La tarea histórica del partido nazi, no está en el frente soviético o en cualuier otro actual o futuro; está en la retaguardia, en las ciudades alemanas, consiste, en última instancia, en impedir la sublevación de las masas alemanas. Los chovinistas de todas las tendencias, y particularmente los semi-internacionalistas, que cual el P.O.U.M. y Victor Serge, sin atreverse a renunciar formalmente al internacionalismo, rechazan sus consecuencias prácticas, basan su posición en una imaginaria omnipotencia del terror nazi para aniquilar todo movimiento revolucionario. Hitler mismo se ve obligado a darles un mentís. El movimiento revolucionario alemán está ahí, renaciendo a pesar de las terribles dificultades impuestas por la inquisición fascista y por las zancadillas de los desertores del internacionalismo, la casi totalidad de los dirigentes obreros. Con él aparece clara la perspectiva de colaboración internacional del proletariado contra la guerra imperialista, el fascismo y la burguesía en general. Esa acción común de las masas revolucionarias, por encima de las fronteras, es la única fuerza capaz de poner fin a las guerras retrógradas y al capitalismo que engendra el fascismo, la explotación y la destrucción de unas nacionaes por otras.
No por ello, estamos seguros, cambiarán de opinión los semi-internacionalistas. En el terror "diez veces mayor" que va a desencadenar Hitler verán un motivo mas de apoyo a las democracias y de imposibilidad material del internacionalismo. Para justificarse a sí mismos, agrandarán por su cuenta diez veces mas el terror nazi y disminuirán a diez veces menos las proporciones del movimiento revolucionario. "Nuestro corazón es internacionalista, pero es materialmente imposible actuar en consonancia". Y en lugar de ayudar al proletariado alemán buscando su alianza y reforzando su actividad anticapitalista con la propia en el mismo sentido, se pondrán a hablar del último papel revolucionario de la burguesía. Pero también esta vez se equivocarán porque sus apreciaciones se basan en impresiones y estados psicológicos falsos por no ser apreciados en razón de los rasgos materiales determinantes del problema. El éxito que en la destrucción del movimiento obrero tuvo el terror hitlerista, se debía principalmente a la desorganización y dispersión consecuente a toda derrota y a la desmoralización del proletariado por la traición de sus dos grandes organizaciones, la stalinista y la reformista. Actualmente ya no se trata del terror contra un movimiento obrero en retirada, se ejercerá contra un movimiento revolucionario naciente. Estará todo lo inconexo que se quiera, pero contra una ola revolucionaria en gestación no hay terror que valga. Podrá dificultar su organización, retardar su eclosión; impedirla nunca. Sus causas determinantes crecerán en proporción geométrica, mientras que la capacidad terrorista de las camarillas dominantes irá disminuyendo por aumento de las contradicciones existentes en sus propias filas. Los apoyos incondicionales o condicionados a la burguesía de cualquier bando obstruyen el cumplimiento de este proceso. Solo la acción internacionalista, ayudándolo, acelerará la caida del fascismo.
"El proletariado debe defenderse con todo conocimiento de causa. La Internacional comunista llama al proletariado mundial a esta lucha decisiva. ¡Arma contra arma! ¡Fuerza contra fuerza! ¡Abajo la conspiración internacional del capital! ¡Viva la República internacional de los Soviets proletarios!". (Plataforma de la Internacional comunista aprobada en el primer congreso mundial.)